El Cabrales vuelve a hacer historia: 37.500 euros por un queso y una alianza que une Asturias y Madrid
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Hay productos que se comen. Otros, además, cuentan una historia. El queso de Cabrales pertenece, sin ninguna duda, a esta segunda categoría. Y el pasado domingo día 30, en Arenas de Cabrales, volvió a demostrar que es mucho más que uno de los grandes iconos gastronómicos de Asturias.
El LIV Certamen del Queso Cabrales terminó con un nuevo récord: 37.500 euros por la pieza ganadora, 500 euros más que el récord establecido el año pasado por El Llagar de Colloto. Es el queso más caro de España
Pero esta vez hubo algo que me llamó todavía más la atención que la cifra. Por primera vez, el mejor Cabrales del certamen no se queda en manos de un único establecimiento.
La puja ganadora fue realizada por La Montera Picona de Ramón, de Gijón, con Alejandra Vanegas como cara visible, pero el queso fue compartido con tres establecimientos que participaron en la puja: Carlos Tartiere, La Cuenca y Lo de Viole, los tres de Madrid.
Una alianza gastronómica entre Asturias y Madrid alrededor de un producto que representa como pocos la identidad asturiana. Y eso me parece una magnífica noticia.
37.500 euros por un queso de Tielve
La pieza ganadora fue elaborada por la Quesería Ángel Díaz Herrero, de Tielve, que consiguió por tercer año consecutivo el reconocimiento al mejor queso individual del Certamen.
Se trata de una pieza de algo más de dos kilos, elaborada con leche de vaca y con nueve meses de maduración en la cueva Los Mazos, situada a unos 1.500 metros de altitud, en el entorno de los Picos de Europa.
La subasta comenzó con un precio de salida de 5.000 euros y ocho establecimientos hosteleros participaron en la puja. Finalmente, la cifra se detuvo en los 37.500 euros. Un nuevo récord mundial para una subasta de queso Cabrales. Pero detrás de esos 37.500 euros hay algo que me interesa mucho más: Hay territorio, hay ganaderos, hay queseros, hay tradición, hay conocimiento y hay una forma de entender la gastronomía que convierte un producto en embajador de todo un territorio.

Una alianza que va más allá de una subasta
Me parece especialmente interesante la decisión de compartir el queso. La Montera Picona llevaba varios años intentando conseguir la pieza ganadora y finalmente lo logró. Pero, en lugar de guardarla exclusivamente para su establecimiento, decidió compartirla con Carlos Tartiere, La Cuenca y Lo de Viole, haciendo que el Cabrales ganador viaje entre Asturias y Madrid.
Es una manera diferente de entender una puja gastronómica. No se trata únicamente de comprar el queso más caro. Se trata de hacer que el queso tenga más recorrido. Que más personas puedan probarlo. Que más clientes conozcan quién lo ha elaborado. Que más gente se pregunte qué tiene de especial una pieza de Cabrales para alcanzar los 37.500 euros. Y ahí aparece algo que llevo muchos años defendiendo: La gastronomía también es comunicación. Un producto extraordinario necesita una historia extraordinaria que lo acompañe.

Carlos Tartiere y una casualidad que para mí no lo es tanto
Hay otro detalle de esta historia que para mí tiene un significado especial. Uno de los establecimientos que participó en esta alianza es Carlos Tartiere, una sidrería con la que llevo trabajando más de ocho años en Digital Signage, y que ya había ganado la puja del queso ganador en 3 ediciones.
Durante todo este tiempo hemos creado contenidos audiovisuales específicos para sus establecimientos: vídeos de platos, productos, promociones, jornadas y diferentes acciones de comunicación que se proyectan en sus pantallas.
Por eso ayer, cuando vi a Carlos Tartiere formando parte de esta historia, una vez más, sentí que las piezas volvían a encajar. Porque mi relación con el Queso Cabrales comenzó hace mucho más tiempo. En 2002.

Cuando empecé a contar el Cabrales en vídeo
En aquel momento fui coordinador general de la Fundación Cabrales, durante una etapa en la que trabajamos para divulgar y poner en valor el queso, su elaboración y el territorio. Uno de los proyectos que puse en marcha fue el aula didáctica interactiva, vinculada al entorno de la Cueva Cares, en Arenas de Cabrales.
Y allí nació uno de los trabajos audiovisuales que más cariño guardo de toda mi trayectoria profesional. Mi primer documental gastronómico.
En 2002 grabé y edité un documental sobre cómo se elaboraba el queso Cabrales, mostrando el proceso y acercando al visitante a la realidad de los productores y del territorio. Hoy, 24 años después, resulta curioso mirar aquellas imágenes.
Entonces no existían YouTube, Facebook, Instagram, TikTok ni el ecosistema audiovisual que tenemos actualmente. No hablábamos de reels. No hablábamos de videomarketing. Y mucho menos de digital signage como lo conocemos hoy. Pero ya utilizábamos el vídeo con una finalidad que sigue acompañándome: contar una historia para conseguir que un producto sea más valorado.
El documental permaneció durante años como herramienta de divulgación y posteriormente lo subí a mi canal de YouTube en 2017. Las imágenes, sin embargo, son de 2002.

24 años después, vuelvo a Cabrales
El domingo regresé a Arenas de Cabrales con una cámara, como tantas otras veces. Pero esta vez lo hice con una perspectiva diferente. En 2002 estaba trabajando para explicar al visitante cómo se elaboraba un queso. En 2026 sigo trabajando alrededor de la gastronomía, pero ahora desde muchos más ámbitos: comunicación, marketing gastronómico, eventos, creación audiovisual y videomarketing para restaurantes.
Han cambiado las herramientas, han cambiado las plataformas, han cambiado las formas de consumir información, pero hay algo que permanece. La necesidad de contar bien las cosas. Porque cuando hablamos de gastronomía, no hablamos únicamente de platos, hablamos de personas, de productores, de empresarios, de territorio, de cultura, de memoria y de emociones.

Cabrales: mucho más que un récord
Los 37.500 euros de ayer ocuparán titulares, y deben ocuparlos. Un nuevo récord mundial siempre merece ser contado, pero me gustaría que detrás de esa cifra no olvidásemos lo verdaderamente importante. Que un queso como el Cabrales existe porque hay personas que siguen apostando por elaborarlo, porque hay ganaderos, porque hay queserías, porque existen cuevas de maduración, porque hay un territorio único. Y porque hay hosteleros que entienden que poner un buen producto en una mesa también es una forma de defenderlo.
La alianza entre La Montera Picona, Carlos Tartiere, La Cuenca y Lo de Viole me parece, en ese sentido, mucho más que una anécdota de una subasta. Es una pequeña demostración de lo que puede conseguir la hostelería cuando se une alrededor de un producto. Asturias y Madrid. Queseros y hosteleros. Producto y comunicación.
Y quizá aquí esté la verdadera historia
Ayer hice fotografías del certamen; algunas de ellas las guardaré como recuerdo, otras probablemente formarán parte de nuevos contenidos, pero mientras las hacía pensé en aquella primera cámara con la que grabé el documental del Cabrales en 2002. Han pasado 24 años y, de alguna manera, sigo haciendo lo mismo, contando gastronomía. Sólo que ahora tengo muchas más historias que contar y muchas más herramientas para hacerlo.
El Cabrales vuelve a tener un récord, 37.500 euros, pero para mí, después de tantos años, el verdadero valor de este queso no se puede medir sólo en euros; se mide en todo lo que representa: en una montaña, en una cueva, en una quesería de Tielve, en las manos de quienes lo elaboran, en las sidrerías que lo llevan a sus mesas y en todas las personas que, de una manera u otra, seguimos intentando que el mundo conozca y valore lo que se hace en nuestros territorios.
24 años después, Cabrales sigue teniendo historias que contar y yo sigo disfrutando de poder contarlas.
