Mario Vargas Llosa, premio Nobel de Literatura en 2010: «La política es una forma de la maldad. El mayor error que he cometido en mi vida»
El Premio Nobel de Literatura de 2010 llegó a disputar la Presidencia de Perú en 1990, una experiencia que terminó marcando profundamente su relación con el poder y la política
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Mario Vargas Llosa dedicó buena parte de su vida a la literatura, pero también tuvo una intensa relación con la política. El escritor peruano llegó a dar el salto a la primera línea y se presentó como candidato a la Presidencia de Perú en 1990. Años después, resumió aquella experiencia con una frase especialmente contundente. «La política es una forma de la maldad. El mayor error que he cometido en mi vida». Una reflexión que adquiere otra dimensión al conocer cómo fue aquella campaña y por qué decidió entrar en política.
Del escritor al candidato
El acercamiento de Mario Vargas Llosa a la política se produjo durante los años ochenta, especialmente a raíz del intento del Gobierno de Alan García de nacionalizar la banca peruana. El escritor encabezó entonces una fuerte oposición a la medida y terminó convirtiéndose en una figura política. En 1990 dio el paso definitivo al presentarse a las elecciones presidenciales por el Frente Democrático, una coalición que defendía un programa de reformas liberales.
La campaña fue una experiencia completamente distinta a la vida del escritor. Mario Vargas Llosa llegó a reconocer que nunca había tenido una verdadera vocación política y que entrar en aquel terreno le resultó inicialmente angustioso. Tras perder frente a Alberto Fujimori, aseguró que aquella etapa había terminado y que los peruanos le habían devuelto a la literatura. Sin embargo, también admitió que la experiencia había cambiado profundamente su visión de la actividad política.
Una experiencia que le marcó
Durante aquella campaña, Mario Vargas Llosa defendió que quería hacer política siguiendo unos determinados límites morales. En una entrevista aseguró que no quería mentir para conseguir votos y que pretendía hacer de la política una actividad más limpia y decente. Para él, participar en la vida pública tenía sentido si servía para materializar reformas y determinados valores, no simplemente para alcanzar el poder.
Pero la realidad de la campaña terminó chocando con aquella visión. Años después, su experiencia quedó resumida en aquella contundente afirmación sobre la política como «una forma de la maldad». La frase no significa que renunciara a sus convicciones políticas, ya que durante décadas continuó defendiendo la democracia, la libertad individual y el liberalismo. De hecho, su evolución ideológica le llevó desde posiciones marxistas en su juventud hacia el liberalismo clásico.