Descubren en Teruel el primer diplodocus fuera de Norteamérica
El hallazgo confirma que el icónico dinosaurio también habitó en Europa durante el Jurásico
El ejemplar encontrado medía 25 metros y vivió hace 150 millones de años
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La Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel-Dinópolis ha realizado un hallazgo de enorme relevancia en el mundo de la paleontología. Sus investigadores han encontrado fósiles de un dinosaurio saurópodo procedentes del yacimiento La Tejería en el municipio de El Castellar (Teruel).
Hasta ahora se pensaba que el diplodocus, uno de los dinosaurios más icónicos que vivió a final del periodo Jurásico Superior, sólo había habitado el continente americano. A raíz de los resultados de esta investigación, publicados recientemente en la prestigiosa revista científica Journal of Vertebrate Paleontology, los científicos confirman que demuestra la existencia de diplodocus en el continente europeo.
«Se trata de uno de los diplodócidos más completos descubiertos hasta la fecha en Europa y constituye la primera evidencia de este género fuera de Norteamérica. Este hallazgo proporciona una de las pruebas paleontológicas más sólidas de episodios de dispersión e intercambio faunístico entre ambos continentes a través del proto-Océano Atlántico durante el Jurásico Superior», asegura Sergio Sánchez Fenollosa, paleontólogo especializado en Biodiversidad Evolutiva de la Universidad de Valencia, investigador de la Fundación Dinópolis y primer autor del artículo.
32 metros de longitud y 20 toneladas
Los saurópodos como el diplodocus, popularmente conocidos como «cuellilargos», constituyen uno de los grupos más característicos de dinosaurios. En general, eran animales herbívoros, cuadrúpedos, con cola y cuello largos, y una cabeza relativamente pequeña en relación con la longitud total de su cuerpo. Dentro de este grupo, el diplodocus destaca especialmente por sus colas extremadamente largas, que llegaban a alcanzar los 32 metros de longitud y un peso que rondaba las 20 toneladas.
El ejemplar estudiado de El Castellar procede de sedimentos que datan de finales del periodo Jurásico, hace unos 150 millones de años, y está representado por 14 vértebras, muy bien conservadas pertenecientes a la región media y posterior de la cola, y por varios chevrones, unos huesos en forma de ‘v’ que se articulan con la parte inferior de las vértebras.
Sergio Sánchez Fenollosa relata que «el descubrimiento fue emocionante, al ver cómo las piezas del rompecabezas encajaban gradualmente. Desde las primeras etapas del estudio osteológico observamos grandes similitudes con varios saurópodos diplodócinos. Al examinar la anatomía más detenidamente, empezamos a identificar una combinación de rasgos característicos de las especies de diplodocus. Luego, a medida que realizábamos diferentes análisis evolutivos, seguían apuntando en la misma dirección. Con cada nuevo resultado, el panorama se aclaraba: estábamos ante un diplodocus», recuerda con emoción.
Icono de la cultura popular
El diplodocus es uno de los dinosaurios más reconocibles de la cultura popular desde su descubrimiento en Estados Unidos en 1878. Por eso, y ya desde comienzos del siglo XX, en los principales museos de historia natural del mundo se exhiben réplicas de su esqueleto, lo que les ha convertido en un símbolo de la paleontología mundial. Su presencia en exposiciones y películas sobre dinosaurios ha contribuido a convertirlo en uno de los «lagartos terribles» más conocidos por el público en general.
«Este descubrimiento nos permite comprender mejor los ecosistemas mesozoicos ibéricos y la diversidad de dinosaurios saurópodos que habitaban en la Europa jurásica», asegura el investigador Sánchez Fenollosa.
Por su parte, el director-gerente de la Fundación Dinópolis y coautor de este artículo, Alberto Cobos, destaca que «el Diplodocus de El Castellar tuvo aproximadamente 25 metros de longitud, lo que le convierte en otro de los grandes saurópodos gigantes del Jurásico de España, junto a otros dinosaurios saurópodos de Teruel con características muy diferentes a las de los diplodócidos, como el Turiasaurus y el Losillasaurus, entre otros».
«Los fósiles de todos estos dinosaurios, incluidos los del nuevo diplodocus y que hacen de Teruel un lugar de referencia para el conocimiento de esta gran diversidad, se exhiben actualmente en la sala de los dinosaurios del Museo Aragonés de Paleontología en Dinópolis en Teruel», recalca Cobos.
Además de Sergio Sánchez Fenollosa y Alberto Cobos, el tercer autor de este estudio Josué García Cobeña, paleontólogo de la Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel-Dinópolis.
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