¿Somos poco cristianos por querer una inmigración regulada?

inmigración regulada

La lluvia fina del progresismo, incluida la ideología woke, ha calado profundamente tras varias décadas con su atractivo buenismo. Con los años transcurridos hemos descubierto que es mentira y ruinosa, que no predican con el ejemplo; una cosa es lo que dicen y otra lo que hacen. Hemos podido comprobar que nos han engañado, no han sabido gobernar ni legislar, hemos perdido valores fundamentales para nuestra sociedad, nos han impuesto políticas gravosas y de corte comunista.

El resultado lo tenemos muy claro: aquí en España, autoritarismo, restricciones democráticas, subida de impuestos y una profunda y extendida corrupción, corrupción que como hemos comprobado, mata. Este falso progresismo ha provocado la imprescindible respuesta ideológica y política, que pretende volver a la normalidad democrática.

Los periódicos locales recogen las recientes declaraciones de monseñor Taltavull, obispo de Mallorca, que ha lamentado que se rechace el acogimiento de migrantes llegados en patera mientras se recibe cada año a millones de turistas: «Me ha repugnado siempre que haya cristianos con esa actitud, que van en contra de los más pobres y necesitados».

El buen juicio en la Biblia se define como una sabiduría práctica y prudencia basada en el temor de Dios, permitiendo distinguir el bien del mal y tomar decisiones sensatas. Nuestro Señor, Jesús, pronunció la conocida frase «Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios» para indicar que hay que atender las responsabilidades cívicas y políticas sin olvidar las espirituales. También dijo «Los últimos serán los primeros y los primeros, los últimos», una frase que enseña que los valores del Reino de Dios invierten las jerarquías humanas.

Por otra parte, se nos dice que la objetividad es la cualidad de percibir, describir o analizar la realidad tal cual es, basándose en hechos, datos y evidencias verificables, sin la influencia de sentimientos, prejuicios, opiniones o intereses personales. Implica imparcialidad y neutralidad.

Con mi respeto y consideración monseñor, no me siento repugnante ni pecador por ser partidario de una inmigración regulada, tal como se hizo en los años 60 con el millón de españoles que emigraron a Europa. No vamos contra los pobres y necesitados, todo lo contrario. Creo que los problemas deben analizarse en su totalidad, no sólo ver la parte que más nos acomoda, también la parte que nos incomoda.

Como ventajas a la inmigración, nos dicen que por falta de nacimientos necesitamos mano de obra y también relevo generacional. Pero no mencionan nada de políticas a favor de la familia y de la natalidad. Este relevo será también cultural y puede suponer la profunda transformación de España y de Europa por el islamismo. Nos ha llegado desde otros países aliados una seria recomendación, que nos advierte de que Europa va en la dirección equivocada.

No nos cuentan que el efecto llamada de estas políticas progresistas ha dejado miles de muertos en el mar, que es un negocio criminal de los traficantes de seres humanos, que crean saturación de los servicios públicos de salud, educación y servicios sociales, a veces tienen dificultades de adaptación cultural creando tensiones no deseadas, superpoblación en determinadas áreas y presión sobre recursos, que su integración es difícil en muchos casos, que tiene un elevado coste económico, que está relacionado con la falta de seguridad, que se les da lo que se niega a millones de trabajadores españoles que madrugan y no llegan a final de mes o no pueden acceder a la vivienda. Recuerden que un mena, que debería estar con sus padres y en su país de origen, nos cuesta 7.250 euros al mes en Mallorca, en Madrid 70.000 anuales. También creo que muchos no vienen por pobreza, sino por lo que se les cuenta que se les dará.

Pobres y necesitados los tenemos a cientos de miles en España y me pregunto, ¿se les ha buscado alojamiento, tutores, profesores, alimentación, ropa, móvil y dinero para que puedan salir a pasear? Pregunten en algunos barrios de Palma o de España si temen por su seguridad, algo que niega de forma escandalosa el ministro del Interior. ¿Quiénes son los que cometen más delitos violentos por robo o agresión sexual? La mayoría de españoles está en contra de esta inmigración ilegal masiva y de menas.

Países europeos como Grecia, Italia, Reino Unido, Francia, Alemania o Suecia ya han tomado diferentes medidas para atajar el problema que genera la inmigración ilegal. En los Estados Unidos, no han dudado en tomar medidas excepcionales. Es en sus países de origen donde hay que ayudar.

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