¿Seguirá siendo determinante Vox en Baleares en 2027?
Estrenado el 2026, las encuestas de intención de voto siguen dándole entre 204 y 219 escaños al centroderecha. El CIS, para variar, continúa con esa ensoñación líquida en virtud de la cual el PSOE ganaría las elecciones la, la, la; en contra del común de las empresas de demoscopia que nos relatan que el PP se estanca en los 140 escaños, mientras Vox roza los 70 y cerca ya de apartar al PSOE como segunda fuerza, hundido a los 107 escaños en el mejor de los casos.
Hace demasiado tiempo que no hay encuestas sobre el comportamiento del electorado balear, si bien el pasado mes de mayo en Sigma 2, la empresa privada con mayores aciertos en intención de voto, sí hicieron una valoración territorial, que en el caso de Baleares arrojaba esta lectura: sube tímidamente el PP y bajan, tímidamente también, el PSIB y Vox. Falta por saber si los abstencionistas se movilizarán, visto lo visto.
El caso de Baleares tiene la particularidad de iniciar la etapa democrática, sensiblemente inclinado hacia el centroderecha siendo el PP partido único, aunque escorándose progresivamente hacia la izquierda y comiéndole parte del terreno. Hasta desembocar en los tenebrosos pactos de progreso a partir del 2015, debido a la debilidad del PP de José Ramón Bauzá e inmediatos sucesores, hasta que llegó Marga Prohens, más bien muy poca cosa en el Parlament balear, aunque una revelación en su etapa en el Congreso de los Diputados y especialmente aupada viéndole las bañas al demonio Sánchez, un mentiroso compulsivo y peligro público indiscutible, una vez instalado en la Moncloa. Parece ser que ahora mismo Prohens continúa en situación de reeditarse como presidenta del Govern e incluso rozando la absoluta.
Todo lo contrario de Francina Armengol, ella que ha regado de permanente indignidad su detestable papel como presidenta de la Cámara Alta.
No parece haberse estancado, según las encuestas, puesto que incrementa levemente el número de escaños pasando de los 25 actuales a 27. Insisto, según las más recientes encuestas. Vox en cambio no se resiente demasiado a pesar de los líos internos del partido, lo que le llevaría a perder un escaño, aunque, personalmente, yo confío en el liderazgo a ejercer por Gabriel Le Senne, que es en sí mismo el prototipo de conservador tradicional, que cree en la herencia de la tradición judeocristiana. Y por supuesto, en absoluto un ultraderechista, que eso es un malicioso cacaracá de la extrema izquierda, en lo que hoy andan anclados todos los bolivarianos partidos gauchistas.
El renacer de la izquierda de nuevo pasa inevitablemente por el abrazo a la socialdemocracia, algo por completo imposible con un PSIB-PSOE atado al aparato que lideran Francina Armengol y Iago Negueruela. Aunque pese a ello los socialistas continúan manteniendo el tipo con mínimo desgaste si damos por bueno que solamente perderían un escaño respecto de 2023. Lo que no deja de ser una muy mala noticia, vistos sus antecedentes. Lo peor de esta mala noticia es que podrían regresar al poder en Baleares como no se pongan las pilas conjuntamente el PP y Vox. Dejen de pelearse, plis.
En el conjunto de España la tónica generalizada es el estancamiento del PP y la debacle del PSOE. Entre nosotros, en cambio, es un poquito más de PP y solo un poquito menos de PSIB-PSOE, y con Vox aguantando el tipo. La conclusión podría ser que a la polarización le gusta nuestro sol y playa. De otra manera, no se entiende la mala salud de hierro de los socialistas.
La explicación podría estar en la involución lingüística que comparten los unos (PP) y los otros (PSIB-PSOE), generando un malestar que sí recoge el discurso de Vox y de ahí su bajada mínima pese a las batallas internas.
Hay, por tanto, un segmento del electorado, hastiado de tanta imposición; lo que determina el escaso retroceso de los voxeros, que sí han captado lo que piensa la mayoría a propósito de la ingeniería social que hay detrás de tanto adoctrinamiento lingüístico, que solamente añora su propio reino de taifas.
En cualquier caso, parece ser que el PP seguirá necesitando a Vox, si quiere alzarse con la mayoría absoluta en 2027. Lo cual no es necesariamente una mala noticia. Más bien lo contrario. El PP ha perdido en su camino reciente parte de su naturaleza fundacional (defender valores), la misma que susurra a sus oídos un Vox determinado a que prevalezcan por encima de todo. Y tengo muy claro que Gabriel Le Senne sí es la persona providencial para que la melodía llegue y se entienda en los círculos de poder del PP balear.
Incluso en el caso de alcanzar el PP la mayoría absoluta en 2027, no dejaría de ser una prioridad prestar oído a ciertas consideraciones; aquéllas capaces de enamorar a un electorado abstencionista que pasa de todo porque nada le recuerda su naturaleza de ciudadanos, comprometidos con su razón de ser.
En esas estamos y la pregunta sigue siendo si Vox continuará en un papel determinante de cara a las elecciones autonómicas de 2027.