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Parece África pero es uno de los pueblos habitados más remotos de España: solo tiene 3 habitantes censados en 2025

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Vista panorámica de Pedro Barba. Foto: Wiki05 en Wikimedia Commons.
  • Alejo Lucarás
  • Periodista y redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

Más allá de las islas prohibidas, es entendible que algunos rincones del país no sean para nada conocidos. Y es que, entre los pueblos habitados más remotos de España, algunos exigen no solo ganas, sino también un barco y un vehículo todoterreno para llegar. El caso más extremo está en Canarias, en una isla que ya de por sí descoloca a quien la visita por primera vez.

La isla en cuestión es La Graciosa, la más pequeña de las islas canarias habitadas, reconocida oficialmente como la octava isla del archipiélago desde 2018 y uno de los pocos lugares de Europa donde no existe ni un kilómetro de asfalto. La mayoría de los visitantes conocen solo su capital, Caleta de Sebo. Pero hay un segundo núcleo de población del que casi nadie habla.

Casi nadie lo conoce: ¿Cuál es uno de los pueblos habitados más remotos de España?

Nuestro gran protagonista es Pedro Barba. Este rincón de Canarias se encuentra a 6 kilómetros al noreste de Caleta de Sebo, en la punta más septentrional de La Graciosa y, por extensión, en el punto habitado más al norte de todo el archipiélago canario.

La distancia, corta sobre el papel, se hace larga en la práctica: no hay carretera que conecte los dos núcleos. El camino es una pista de arena y tierra compactada por la que circulan los escasos taxis todoterreno de la isla, los ciclistas o quienes prefieren ir a pie.

El padrón de 2025 registra tres habitantes censados en Pedro Barba, lo que lo convierte en uno de los pueblos habitados más remotos de España por número de vecinos.

La cifra contrasta con los 92 que llegó a tener en 1960, cuando sus veinte casas albergaban a familias de pescadores. Y claro, contrasta también con los más de 250.000 visitantes anuales que recibe la isla entera, la mayoría de los cuales ni sabe que este segundo núcleo existe.

De fábrica de salazón a aldea de verano: la historia detrás de Pedro Barba

El origen de Pedro Barba está en 1880, cuando un empresario levantó una fábrica de salazón de pescado en este extremo de la isla.

Los primeros pobladores llegaron desde Caleta de Famara y Haría, en Lanzarote, para trabajar en ella. El núcleo fue creciendo con lentitud. Primero fueron once casas y 62 vecinos en 1940, veinte casas y 92 en 1960.

En 1969, casi toda la población abandonó el lugar de forma abrupta para instalarse en Caleta de Sebo o en Lanzarote.

A mediados de los años 70, una empresa turística adquirió la mayor parte de las propiedades, lo que transformó la función del pueblo: de aldea pesquera a conjunto de casas vacacionales.

Hoy, las veinte casas blancas rodeadas de pequeños jardines con palmeras abren solo en verano. El resto del año, el silencio es casi total.

Pedro Barba, agraciado con el asombroso paisaje de La Graciosa

El paisaje de La Graciosa siempre desconcierta a quien llega desde la península El terreno es volcánico, de tonos ocre y negro, con dunas activas que el viento desplaza y calles de arena suelta donde debería haber asfalto.

La vegetación es escasa. La sequedad del entorno y la ausencia de infraestructuras generan una atmósfera que recuerda al litoral norteafricano bastante más que a cualquier imagen habitual de España.

La comparación no es fortuita. La isla forma parte de la mayor reserva marina de Europa (más de 700 km²) y sus aguas están influidas por el afloramiento de corrientes frías y ricas en nutrientes procedentes de la costa africana, a poco más de 100 kilómetros.

Esas corrientes explican la riqueza pesquera de la zona y, en buena medida, el color del agua. Nos topamos aquí con un turquesa intenso que en días de calma toma tonos casi caribeños. La reserva alberga más de 300 especies de macroalgas, peces, tortugas marinas, delfines y ballenas.

Cómo llegar a Pedro Barba, uno de los pueblos habitados más remotos de España

Llegar a Pedro Barba implica dos pasos. El primero es cruzar desde Orzola, en el norte de Lanzarote, a Caleta de Sebo en el ferry, un trayecto de unos 25 minutos a través del canal conocido como El Río, de apenas un kilómetro de ancho.

El segundo es recorrer los 6 kilómetros de pista sin asfaltar que separan Caleta de Sebo de Pedro Barba, en taxi todoterreno, en bicicleta de montaña o a pie.

Una vez allí, lo que hay es poco en términos materiales y mucho en términos de paisaje. Una playa de 110 metros con aguas transparentes y un pequeño muelle. Las casas blancas están cerradas la mayor parte del año, ya que muchas son viviendas vacacionales o segundas residencias.

Y atención aquí, porque no hay ningún bar, ninguna tienda, ningún servicio. Para cualquier cosa básica hay que volver a Caleta de Sebo. La rígida normativa de protección medioambiental de la zona no permite ampliaciones ni nuevas construcciones.

Pedro Barba es, por tanto, un pueblo que no puede crecer ni aunque el más millonario del país quisiera.

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