Roca Rey vuelve a triunfar en Sevilla: corta dos orejas con menos clamor pero con más méritos

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Andrés Roca Rey exhibe la oreja de su segundo toro, este viernes en Sevilla (Foto: EFE).

El matador de toros peruano Andrés Roca Rey volvió a triunfar este viernes en la Maestranza de Sevilla, sin el clamor de la populista salida por la Puerta del Príncipe de hace justo una semana, pero ahora con mayores méritos para cortar dos orejas de peso de una mansa y exigente corrida de Victoriano del Río.

La divisa madrileña soltó al ruedo sevillano, con los dos hierros de la casa, los que hasta el momento han sido los seis toros de mayor y más serio trapío de lo que va del abono abrileño, con un volumen y un cuajo que les proporcionaban, además, un enorme poder.

Pero el hecho es que ninguno se gastó ni un ápice de ese vigor, ni de salida, siempre abantos y huidos, ni en los capotes, ni en el peto del caballo de picar, en el que no se emplearon o del que salían sueltos tras soltar un fuerte arreón, para luego complicar mucho el segundo tercio a las cuadrillas, apretando hacia los adentros.

De hecho, a la misma puerta de chiqueros tuvo que ir Roca Rey a buscar al tercero cuando tocaron a matar, para allí mismo, sin perder tiempo en cambiarlo de terrenos, aguantarle con firmeza las primeras arrancadas en una excelente serie con la derecha, de temple y valor, para mostrarle quien era el auténtico dueño de la situación.

De ahí en adelante, el peruano fue, tanda a tanda, llevándose al de Victoriano del Río al tercio contrario del que quería, sujetándolo en la panza de la muleta, a pesar de la áspera respuesta de un animal al que se impuso pero que comenzó pronto a salirse desengañado de la pelea.

En ese afán, Roca alargó la faena algo más de lo aconsejable, buscando adornarla sin conseguirlo, pero hasta entonces sus méritos, por firmeza y verdad, habían sido suficientes como para que paseara la primera oreja.

La segunda fue la del sexto, que huyó de todo hasta banderillas, pero al que el torero de Lima fijó con seis impávidos estatuarios de prólogo, antes de, con una sincera entrega en los cites, darle sitio por delante y hacerle seguir la tela más de lo que quería, aunque le sacara los pitones por encima del estaquillador.

Ese derroche de valor natural, quizás por la escasa vibración del desclasado animal, se acogió con frialdad en el tendido, por mucho que Roca se mantuviera, sin un respiro, un largo rato pisando los ardientes terrenos del toro, y robándole pases espaciados pero limpios y mandones.

Y en un plus de decisión, buscó el alarde de los circulares, dejándose, entre uno y otro, acariciar los bordados de la taleguilla por las astifinas puntas del de Victoriano, hasta que, por fin, la plaza estalló en una enorme ovación ante la evidencia. Sin populismo y sin efectismos, Roca se llevó hoy dos orejas de mucho valor de la Maestranza.

Con lotes similares, también desplegaron firmeza y aguante los otros dos miembros de la terna, aunque para ellos no hubiera tanto reconocimiento ni la misma recompensa, bajo unos tendidos que apenas si les aplaudieron.

Aun así, Sebastián Castella estuvo muy templado con un primero que siempre se desentendió, y le tragó lo suyo, y con la misma suavidad de muñecas, a un cuarto con temperamento pero reservón, que acabó dando unos amenazantes parones que no inmutaron al francés.

El primero de Juan Ortega no fue tan exigente, sino que iba vaciándose cansinamente tras los vuelos de una muleta que tampoco le pedía grandes esfuerzos, mientras que el quinto, un toraco de espectacular pelo sardo, apenas le aguantó un torerísimo inicio por bajo antes de ponerse a defenderse y, definitivamente, a huir hasta de su sombra para aconcharse en tablas, donde lo tuvo que matar.

Ficha del festejo

Dos toros de Victoriano del Río (1º y 2º) y cuatro de Toros de Cortés, la mayoría cinqueños, con gran trapío por volumen y cuajo, y, aunque sin excesivo aparato, con seriedad en las cabezas. En conjunto, corrida con poder, pero con el denominador común de la mansedumbre y la falta de fijeza en los primeros tercios, y reservona y compleja en el último.

Sebastián Castella, de blanco y plata: estocada trasera y descabello (ovación); pinchazo y estocada trasera contraria (silencio).

Juan Ortega, de tierra y azabache: dos pinchazos y estocada (silencio); media estocada tendida desprendida y estocada baja delantera (silencio tras aviso).

Roca Rey, de negro y oro: estocada caída (oreja); estocada y descabello (oreja).

Duodécimo festejo de abono de la feria de Abril, con cartel de «no hay billetes» (10.500 espectadores), en tarde de bochorno.

 

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