Los científicos no dan crédito: robots hallan bajo el Pacífico, a más de 2.000 metros, coladas del volcán submarino Axial casi 100 veces más voluminosas que sus erupciones históricas
El campo más joven, de 4,6 kilómetros cúbicos, se formó hace unos 1.259 años y coincide con el hundimiento de la caldera del volcán, a 1.390 metros bajo el mar frente a Oregón.
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A más de 2.000 metros bajo la superficie del Pacífico, frente a la costa de Oregón (Estados Unidos), unos robots autónomos han pasado años barriendo el fondo marino con su sonar a solo 50 metros de las rocas. Lo que han dibujado esos mapas, junto con las muestras que recogieron después los submarinos teledirigidos, son tres campos de lava que no se parecen a nada visto hasta ahora en las dorsales oceánicas del planeta.
Están en el volcán submarino Axial, y cada uno ocupa entre 65 y 100 kilómetros cuadrados, alcanza hasta 130 metros de grosor y contiene entre 3,0 y 4,6 kilómetros cúbicos de roca. Según el estudio, eso equivale a «casi 100 veces el volumen de las coladas históricas de Axial».
Tres campos de lava de tamaño récord
El estudio lo firma en primer lugar Jennifer Paduan, especialista sénior de investigación del Monterey Bay Aquarium Research Institute (MBARI), en California, junto a sus colegas David Clague y David Caress, también del MBARI, Ryan Portner, de la Universidad Estatal de San José, Morgane Le Saout, de la Universidad de Bergen (Noruega), y Brian Dreyer, de la Universidad de California en Santa Cruz.
Axial es un volcán basáltico activo situado donde el punto caliente de Cobb se cruza con la dorsal de Juan de Fuca, una cordillera volcánica de 500 kilómetros entre las placas del Pacífico y de Juan de Fuca. Una dorsal es una grieta del fondo oceánico por la que sale magma y se fabrica corteza nueva. Según el MBARI, el volcán ha tenido más de 50 erupciones en los últimos 1.600 años, tres de ellas desde que se descubrió: en 1998, 2011 y 2015.
Las tres coladas gigantes están en sus zonas de rift distales, los brazos agrietados que salen de la cumbre hacia el norte y el sur, a unos 30 kilómetros de la caldera de la cumbre y a más de 2.000 metros de profundidad. Los autores escriben que son «mucho mayores que otras coladas conocidas en el sistema global de dorsales». Para hacerse una idea, las coladas de las erupciones de 1998, 2011 y 2015 suman juntas 28,8 kilómetros cuadrados y 0,273 kilómetros cúbicos, así que cada campo gigante tiene, según el estudio, de dos a tres veces más superficie y «un orden de magnitud» más volumen que las tres juntas: de 11 a 17 veces más.
Robots autónomos y submarinos teledirigidos durante 20 años
Según la nota del MBARI, el instituto lleva más de 20 años estudiando esta dorsal con dos tipos de robots. Los vehículos submarinos autónomos (AUV) navegan solos siguiendo un plan y cartografían el fondo con sonar; los vehículos operados a distancia (ROV) van unidos por cable a un barco, desde donde se pilotan para observar y tomar muestras, una diferencia que OKDIARIO ya explicó al repasar cómo funciona el mapeo oceánico.
La zona de rift sur se cartografió en 13 campañas con AUV en 2011, 2014, 2016, 2019 y 2021. El vehículo vuela a 50 metros del fondo, en pasadas separadas 150 metros, y logra mapas con un metro de resolución. Sobre el complejo más abrupto hubo que diseñar un plan especial que alternaba dos alturas fijas con una profundidad constante.
Después bajaron los ROV. Hubo tres inmersiones en 2005 con el Tiburon y cinco en 2013, 2014 y 2016 con el Doc Ricketts, que recogieron lava y sedimentos. Solo en el campo sur se sacaron 56 testigos, pequeños cilindros de sedimento, para fechar las coladas.
Estanques de lava con muros de más de 100 metros
La pieza más llamativa es un grupo de estanques de lava colgados, rodeados de diques naturales de lava solidificada. El complejo mide unos 6 por 1,5 kilómetros y tiene cuatro estanques grandes y varios más pequeños, con bordes que se elevan entre 67 y 106 metros sobre su fondo. Según los autores, es «distinto de todo lo descrito hasta ahora en cualquier lugar, tanto bajo el mar como en tierra».
El proceso arrancó con una colada lenta sobre una pendiente suave. Su superficie se enfrió y formó una costra, pero el interior siguió fundido y alimentado desde abajo. En palabras de la nota del MBARI, las coladas se «inflaron» cuando su avance se frenó mientras su interior fundido seguía creciendo en vertical, desbordándose y rompiendo.
Cuando la lava de dentro se escapaba, los techos sin apoyo se hundían y dejaban fosos profundos. Luego llegó el episodio más violento. «Los estanques seguían fundidos cuando se rompió un muro, y se vaciaron», resume la nota del MBARI.
La brecha dejó una abertura de 500 metros en el dique. Por ella salieron unos 0,2 kilómetros cúbicos de lava que formaron una nueva colada de 15 kilómetros de largo, y los bloques del muro roto acabaron hasta a 350 metros. Esos bloques y las texturas rotas de la lava, escriben los autores, dan fe de «la alta energía cinética de la roca fundida almacenada tras los diques».
Para explicar estos tamaños, el equipo apunta al suministro de magma. «Proponemos que un aporte de lava mayor y sostenido debió de marcar la diferencia», escriben. A un ritmo de 200 metros cúbicos por segundo, como el de la erupción de 2018 del Kilauea en Hawái, cada uno de estos campos habría tardado entre 10 meses y quizá un año en formarse.
Una erupción ligada al hundimiento de la caldera
La caldera es la gran depresión de la cumbre que se forma cuando el techo de la cámara de magma se queda sin apoyo y se desploma. La de Axial mide 8 por 3 kilómetros y su borde más alto está a 1.390 metros bajo el mar.
Para fechar las coladas, el equipo usó el carbono 14 de los foraminíferos, organismos marinos diminutos con caparazón que caen al fondo y se acumulan sobre la lava. El campo sur se formó hace unos 1.259 años, con un margen de 119 años (hacia el año 691 de nuestra era). El del norte tiene unos 12.870 años, y el tercero, al suroeste, todavía no se ha muestreado y es más antiguo.
La fecha del campo sur coincide con la de las últimas coladas que rebosaron por la cumbre antes de que existiera la caldera actual y con unos depósitos de ceniza de explosiones en su entorno. Los autores sitúan la formación de la caldera hace unos 1.200 años y corrigen una estimación anterior de 31.200 años que, admiten, «se basaba en una interpretación incorrecta».
Bajo el volcán habría almacenados entre 12 y 60 kilómetros cúbicos de magma, así que los 4,6 kilómetros cúbicos del campo sur supondrían entre el 8 % y el 38 % del total. «La erupción de tanto magma en un tiempo relativamente corto conducirá inevitablemente al colapso de la caldera», escriben. Con los dos campos más antiguos, el equipo calcula que estos hundimientos se repetirían cada 12.000 años y que el próximo podría quedar todavía a unos 11.000 años vista.
Un volcán vigilado que ahora está en calma
Axial es uno de los volcanes submarinos más vigilados del mundo gracias al observatorio cableado de la Ocean Observatories Initiative. Durante 2025 se habló mucho de una erupción inminente que no llegó a producirse.
Bill Chadwick, vulcanólogo de la Universidad Estatal de Oregón, publica el seguimiento junto a Scott Nooner, de la Universidad de Carolina del Norte en Wilmington, en su blog de pronósticos de Axial. En la entrada del 23 de julio de 2026 explicaba que el centro de la caldera sube ahora unos 6,5 centímetros al año de media en los últimos seis meses y solo 4,5 en los últimos tres, y que la mayoría de los días hay menos de 100 terremotos.
«Esto nos sugiere que la próxima erupción de Axial no es inminente, a pesar de que está completamente reinflado», escribió Chadwick, que añadía que esos seísmos son «muy pequeños (de magnitud 2 o menos)» y que ninguno se detecta desde tierra.
Lo que el estudio no puede precisar
Los propios autores reconocen varios límites. Como no se conoce el relieve que había debajo de las coladas, «el cálculo del volumen de estas coladas es menos seguro» que si se compararan mapas de antes y después de la erupción. Los campos norte y suroeste están peor cartografiados, y en el suroeste ni siquiera ha habido inmersiones con ROV.
Las fechas también tienen un margen amplio. Los sedimentos dan edades mínimas, la fauna del fondo los remueve y muchos testigos salieron con edades demasiado jóvenes. «Es una pena que las edades de carbono 14 no puedan resolver el comportamiento en periodos cortos», escriben los autores, por lo que no pueden decir si el campo sur fue una sola erupción o una serie rápida. El vínculo con el colapso de la caldera se apoya en fechas que se solapan y en comparaciones con volcanes como el Kilauea, no en una observación directa, y el ciclo de 12.000 años es una extrapolación a partir de solo dos campos fechados.
El estudio se ha publicado en la revista Geochemistry, Geophysics, Geosystems de la Unión Geofísica Americana (AGU).
Crédito de la imagen: MBARI.
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