Iker Jiménez relata su noche más angustiosa en Ceuta: «Se escuchaba a niñas gritar en un cementerio»
"Hay sarna, hay fosas comunes, hay tíos dirigiendo a niñas. ¿En qué universo me he metido?"
Iker Jiménez guardaba un relato que no había contado en televisión. Lo hizo en el V aniversario de OKBALEARES, ante 2.500 personas en un Palacio de Congresos de Palma abarrotado, al final del coloquio con el director de OKDIARIO, Eduardo Inda. «Me impactó mucho», advirtió antes de empezar. Lo que siguió fue la narración de la que, según confesó, ha sido una de las experiencias más duras de su carrera: una noche en Ceuta durante la cobertura de la invasión.
Todo empezó en el hospital. Iker estaba con el doctor Enrique Roviralta, que, según el presentador, le hablaba de los 94 cuerpos de aquella jornada. «No son ahogados. Algunos, pero muchos son con traumatismos tremendos», relató Iker, que añadió que «de eso no se habla bien».
Pasada la medianoche, se le acercó una mujer con chilaba. «Me dice: ¿quieres ver a los 400 que están debajo de mi casa?», contó. Le acompañaban su cuñado, José Félix Ramajo, productor de la empresa, y un cámara.
La mujer los llevó a la zona que en Ceuta llaman los pisos verdes, entre el hospital y el cementerio. Allí bajaron a un espacio bajo el nivel del suelo. «Es todo muy laberíntico y no hay luz. Y dices: como haya una emboscada…», recordó. Iker comparó ese lugar con el campamento de la playa, donde los inmigrantes ilegales se mostraban «bastante amables» con la cámara. Aquí, en cambio, describió «estructuras con columnas» y «una ciudad subterránea debajo de unos bloques de pisos», con unas 100 o 120 personas a la vista, «y habría muchas más».
Niñas de 14 años y «un ambiente de trata»
«Empiezo a ver niñas de la edad de mi hija, 14 años, mirándome. Y luego unos tíos cortados, y ves el ambiente de prostitución, de trata de blancas, de suciedad», narró. La mujer, que hablaba en árabe y parecía tener ascendencia sobre los demás, le dijo que desde allí se oían gritos procedentes del cementerio. «Oímos gente, niñas, chicas a las que agreden en el cementerio», le contó, según el relato de Iker. Y añadió que algunas veces «a las niñas» no las encontraban: «Sabemos que se ocultan por aquí».
En un momento dado, la mujer le enseñó una pierna «carcomida por la sarna». «Me asustó con la sarna, lo reconozco», admitió Iker, que precisó que no era solo miedo al contagio: «Qué sitio más malo. He estado en sitios muy malos en mi vida, pero ese es muy malo, muy malo».
La salida tampoco fue fácil. Describió escaleras que «conducían a tapias» y no llevaban a ningún lado, «esas escaleras de Escher», con gente detrás. Y contó que un policía se negó a acompañarles con una frase que el público acogió entre murmullos: «Yo no me meto».
«Son las 94 fosas»
De vuelta en el hotel, «aterrorizado» y después de ducharse «tres veces», llamó al doctor Roviralta para contarle la sensación que le había dejado una zona concreta del cementerio, junto a una valla verde. «Doctor, vas a pensar que estoy loco», le dijo. Según Iker, el médico le explicó que en ese punto estaban «las 94 fosas», con cuerpos enterrados tres días antes «en una lápida sin nombre». «Y el hombre se rompe», recordó.
Iker aclaró que no hablaba de espiritismo: «Es la sensación de que lo que ha pasado en Ceuta es tan fuerte que ni siquiera una cámara lo puede contar». Y lo comparó con la DANA, donde llegó a la zona cero «antes que nadie» y vio «familias enteras muertas en los coches»: «Pero esto era decir: han invadido España. Hay sarna, hay fosas comunes, hay tíos dirigiendo a niñas. ¿En qué universo me he metido?».
Carmen Porter recordó que, desde plató, no percibió toda la gravedad: «No se veía tanto». Iker lo resumió así: «La tele muchas veces no refleja la verdad. Me juego la vida por esto y cuando lo veo, digo: realmente no he visto nada». Y cerró con una advertencia: «Lo de Ceuta es lo más gordo, es la invasión del territorio español, y aquí no han hecho nada».
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