INGENIERÍA

Es oficial: un puerto inglés hunde rocas de granito noruego de hasta 30 toneladas para salvar un rompeolas de más de 150 años de olas de 9,2 metros

Rocas de granito noruego apiladas en una barcaza en el puerto de Teesside
Rocas de granito noruego apiladas en una barcaza en el puerto de Teesside
Adrián Villellas

En octubre de 2023, durante la tormenta Babet, losas de hormigón de hasta 50 toneladas salieron despedidas en el rompeolas de South Gare, en la desembocadura del río Tees, en el noreste de Inglaterra. PD Ports, la empresa que gestiona el puerto de Teesport, contó después que aquellos bloques habían sido «zarandeados como guijarros».

Casi tres años más tarde, la compañía ha empezado a rodear la base de esa misma estructura con rocas de granito traídas de Noruega. En la primera fase se colocarán unas 15.000 toneladas, en piezas de 2,5 metros de diámetro y hasta 30 toneladas cada una, y el verano de 2027 llegarán otras 40.000.

Las obras ya están en marcha, según la nota de prensa de PD Ports del 16 de septiembre de 2026, que las describe como «uno de los mayores programas de ingeniería emprendidos nunca» en el emblemático rompeolas de Teesside.

Un dique victoriano frente al mar del Norte

South Gare se levantó para proteger la entrada del Tees del mal estado del mar. Según la nota que PD Ports publicó en diciembre de 2023, la construcción empezó en 1863 y terminó en 1888, y el faro de su extremo, un edificio protegido y uno de los pocos que siguen en servicio en el Reino Unido, funciona desde 1884.

Buena parte del dique se hizo con escoria de los altos hornos, el residuo de la industria del hierro que entonces dominaba Teesside. Hoy da paso seguro a miles de barcos que cada año entran y salen del río.

PD Ports es la autoridad portuaria legal del Tees, lo que la obliga a mantener segura la navegación. Tras Babet, la empresa comprometió 1,5 millones de libras para las primeras reparaciones, que incluyeron inyectar 200 metros cúbicos de hormigón en los huecos que habían dejado las losas rotas.

«Las condiciones en South Gare durante la tormenta Babet solo pueden describirse como extraordinarias», dijo entonces Frans Calje, que era el consejero delegado de PD Ports. «La escala de las fuerzas que golpearon la estructura aquel día es difícil de imaginar: enormes bloques de hormigón fueron zarandeados como guijarros», añadió.

Jerry Hopkinson, entonces presidente ejecutivo de la compañía, lo resumió de esta manera: «La estructura ha recibido una paliza, las olas la han machacado, pero sigue en pie y sigue protegiendo el río».

Granito noruego bajo la línea del agua

La constructora McLaughlin & Harvey, junto con la empresa de obras marítimas Herbosch-Kiere, coloca las rocas una a una desde una barcaza de instalación especializada. La mayoría quedarán por debajo de la línea del agua, «donde absorberán y disiparán la energía de las olas antes de que lleguen a la propia estructura», según la nota de PD Ports.

Paul Foreman, consejero delegado de PD Ports, lo dejó claro en esa nota: «Son las mayores obras realizadas en el rompeolas desde que se construyó originalmente hace más de 150 años». Y añadió que el objetivo «no es solo proteger la estructura hoy, sino asegurar que siga cumpliendo su papel vital mucho tiempo en el futuro».

Foreman recordó además que South Gare protege «el acceso seguro a Teesport y al río para los miles de barcos y los millones de toneladas de carga que sostienen empresas, empleos e inversión» en toda la región.

Una pendiente de rocas que le quita fuerza a la ola

Un muro vertical recibe de golpe toda la energía de una ola. Un talud de escollera, que es una pendiente de rocas sueltas, obliga en cambio al agua a subir, romper y colarse entre los huecos, de modo que llega al dique con mucha menos fuerza.

Mark Pearson, director de ingeniería de proyectos de PD Ports, lo explica así: «Las rocas se están instalando en una configuración cuidadosamente diseñada que reduce la fuerza de las olas antes de que lleguen a la estructura». Y continúa: «Al quitarle energía al agua, podemos reducir de forma significativa la presión sobre el propio rompeolas y mejorar su resistencia frente a futuras tormentas».

Para dimensionar piezas como estas, los ingenieros suelen partir (PD Ports no ha detallado sus cálculos) de la fórmula de Hudson, desarrollada en la estación experimental del Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Estados Unidos y recogida en su manual de protección costera de 1984. En ella, el peso necesario de cada roca crece con el cubo de la altura de ola. Hecha la cuenta, si la ola duplica su altura y todo lo demás no cambia, la roca tiene que pesar ocho veces más (2 al cubo).

La fórmula también tiene en cuenta el peso de la piedra frente al del agua del mar, porque una roca más densa conserva más peso efectivo cuando está sumergida, lo que ayuda a entender por qué PD Ports destaca que su granito es «de alta densidad». La página de cálculo de la fórmula que aloja la universidad noruega NTNU advierte de que solo sirve para un diseño preliminar y de que el rompeolas «debe probarse en un modelo físico antes de construirse».

Este tipo de diques se emplea en puertos de todo el mundo, y algunos países compiten incluso por levantar el rompeolas más largo del mundo.

Una ola de 9,2 metros en una maqueta

Antes de mover una sola piedra, PD Ports dedicó 18 meses a investigaciones, inspecciones, diseño y modelización. Ya en julio de 2025 la empresa explicaba que sus ingenieros habían hecho inspecciones con buzos y estudios batimétricos, que miden la profundidad y la forma del fondo, para conocer a fondo cómo está construido el dique y cómo le afectan las olas.

El diseño final se probó en HR Wallingford, un centro de ingeniería hidráulica de Oxfordshire, donde una maqueta del rompeolas a escala 1:50 se sometió a las condiciones de una tormenta de las que se esperan una vez cada 200 años. La prueba reprodujo el impacto de una ola de 9,2 metros, «equivalente a tres autobuses de dos pisos apilados uno encima de otro», según la nota.

Los siete tanques de oleaje de HR Wallingford miden entre 25 por 32 metros y 75 por 32 metros, y el centro asegura que su tamaño permite ensayar grandes obras portuarias «sin riesgo de efectos de escala significativos». Las maquetas son una herramienta habitual en esta ingeniería, como en los ensayos con muros con forma de ola contra huracanes que se han hecho en un túnel de viento de Florida.

Una tormenta de periodo de retorno de 200 años tiene un 0,5 % de probabilidad de producirse en un año cualquiera. Si se hace la cuenta para los 150 años que PD Ports quiere que dure el dique, y suponiendo que el clima no cambie, la probabilidad de que llegue al menos una vez ronda el 53 %.

Lo que todavía no se sabe

PD Ports no ha publicado los resultados de los ensayos en HR Wallingford, de modo que se desconoce cuánto margen deja el nuevo diseño frente a esa ola de 9,2 metros. Tampoco ha dado el coste, más allá de calificarlo como un proyecto de varios millones de libras.

La meta de que South Gare aguante otros 150 años es una ambición de diseño y no una garantía, y dependerá de cómo evolucionen los temporales en el mar del Norte. «Las tormentas y el estado del mar que estamos viendo ahora van mucho más allá de lo que la estructura fue construida para soportar», reconocía Calje en julio de 2025.

Las costas cambian y obligan a adaptar infraestructuras centenarias en muchos lugares, como demostró el faro del cabo Hatteras, que hubo que trasladar tierra adentro por la erosión. Mientras duren las obras de South Gare, el rompeolas tendrá vallas de seguridad adicionales.

Crédito de la imagen: PD Ports.

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