INGENIERÍA

En 1870 el mar estaba a 457 metros de este faro y en 1999 a solo 18: así lo movieron casi 900 metros tierra adentro

El faro del cabo Hatteras junto al mar antes de su traslado
El faro del cabo Hatteras junto al mar antes de su traslado
Adrián Villellas

Construyes una torre de ladrillo a casi medio kilómetro del mar y, con los años, ves cómo el agua se acerca sin pausa. Es lo que le pasó al faro del cabo Hatteras, en Carolina del Norte (Estados Unidos). En 1870 el Atlántico quedaba a 1.500 pies (unos 457 metros) y antes del traslado la orilla estaba a unos 18 metros de la base.

¿La solución? Ni muros ni sacos de arena. Los ingenieros levantaron entero el faro de ladrillo más alto del país, de unos 60 metros, y lo llevaron 2.900 pies (unos 884 metros) tierra adentro en 23 días. En 2026 vuelve a estar en obras, y lo que ha aparecido bajo sus ladrillos ha retrasado su reapertura.

Un faro que se quedó sin playa

El cabo Hatteras está en los Outer Banks, una cadena de islas barrera, franjas largas y estrechas de arena paralelas a la costa que el mar va empujando poco a poco. Llevan al menos 10.000 años desplazándose hacia el oeste.

En 1970 la torre ya estaba a 120 pies del agua (unos 36 metros), y el margen siguió encogiendo. Vamos, que una buena tormenta podía acabar con ella.

En 1988, un comité de la Academia Nacional de Ciencias estudió cómo salvarla y apostó por trasladarla. El Congreso no aprobó el dinero hasta el año fiscal 1998.

Cómo se mueve una torre de ladrillo

La obra fue para International Chimney Corporation, de Buffalo (Nueva York), con ayuda de Expert House Movers. Los ingenieros civiles de la Universidad Estatal de Carolina del Norte avalaron el plan en 1996 y revisaron las ofertas en 1998.

Primero cortaron la torre de sus cimientos con una sierra de hilo de diamante, un cable recubierto de diamante industrial. Después, unos gatos hidráulicos (cilindros que empujan gracias a un líquido a presión) colocados bajo un armazón de vigas de acero la levantaron por fases.

Luego apoyaron el conjunto sobre siete vigas de acero que hacían de raíles, con 100 rodillos. ¿Te imaginas mover una nevera sobre un carrito? Pues algo así, pero con 4.830 toneladas estadounidenses encima (unas 4.380 toneladas métricas).

Transportar piezas gigantes siempre es delicado. Y aquí una vibración mal controlada podía agrietar una torre del siglo XIX.

Jabón, sensores y paciencia

El viaje empezó el 17 de junio de 1999. Unos gatos de empuje desplazaban el armazón 5 pies cada vez (metro y medio) y luego se recolocaban para el siguiente tirón. La velocidad máxima rondaba los 30 centímetros por minuto.

¿Y cómo deslizaba bien el acero? Con jabón Ivory untado en los raíles. Suena a apaño casero, pero funcionó.

Mientras tanto, 60 sensores vigilaban el reparto del peso, la inclinación, las vibraciones y el diámetro de la torre. Como llevar a un paciente en camilla con todos los monitores encendidos.

El 9 de julio de 1999 el faro quedó sobre su nueva base, a 1.600 pies del mar (unos 488 metros). Costó 11,8 millones de dólares (unos 10,3 millones de euros) y volvió a lucir el 13 de noviembre. Ni rescatar máquinas de 75 toneladas se acerca a semejante mudanza.

Las grietas escondidas bajo los ladrillos

En septiembre de 2023, el Servicio de Parques Nacionales adjudicó a Stone & Lime una restauración de 19,2 millones de dólares (unos 16,7 millones de euros). Incluye reparar ladrillo y metal y colocar una réplica de la lente Fresnel original (anillos de cristal que concentran la luz) con tecnología LED.

Al retirar ladrillos cerca de la galería superior llegó la sorpresa. La mayoría de las ménsulas metálicas que sostienen el balcón de lo alto tenían corrosión y grietas, ocultas bajo capas de ladrillo.

En su actualización de julio de 2026, el organismo explica que ha destapado las 16 ménsulas y estudia soluciones alternativas, así que la obra seguirá al menos hasta finales de año. Por eso, en 2026 no se puede subir al faro.

«Restaurar el faro del cabo Hatteras no solo protege y conserva esta estructura emblemática, también garantizará experiencias más agradables a las generaciones futuras», resume David Hallac, superintendente del parque. Rehabilitar algo antiguo, sea un faro o una vieja torre de agua, rara vez sale según lo previsto. Este, de momento, sigue lejos de las olas.

La historia completa del traslado está publicada en la web del Servicio de Parques Nacionales.

Crédito de la imagen: National Park Service.

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