Según los psicólogos expertos, las personas nacidas antes de 1961 no compran el periódico en papel por nostalgia, en realidad buscan estímulos cognitivos
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Comprar el periódico cada mañana puede parecer una costumbre de otra época. Sin embargo, según la perspectiva psicológica, en los mayores de 65 años este hábito no sólo está relacionado con la nostalgia, sino que podría convertirse en una forma de estimulación cognitiva. No se trata simplemente de sentarse a leer las noticias; el paseo hasta el quiosco requiere planificar el recorrido, recordar las calles y prestar atención al tráfico, lo que implica ejercitar la orientación espacial. A esto se suma la actividad de caminar, relacionada a una mejor salud cardiovascular y cerebral.
Ese sentimiento de pertenencia al barrio también puede favorecer la autoestima y ayudar al bienestar emocional. Por otro lado, tener una actividad concreta que realizar cada mañana ayuda a estructurar el día y puede aportar una mayor sensación de estabilidad, reduciendo la incertidumbre y la ansiedad. Incluso una tarea tan sencilla como contar el cambio al pagar el periódico implica poner en práctica la atención y las funciones ejecutivas, relacionadas con la planificación y la toma de decisiones. Lo más interesante es que todos estos estímulos aparecen antes de comenzar la lectura.
La razón por la que los mayores compran el periódico
El beneficio no se encuentra únicamente en la lectura, sino también en la experiencia de salir a comprarlo. El cerebro debe planificar el recorrido, recordar las calles y prestar atención al tráfico, un ejercicio de orientación espacial que se combina con la actividad física de caminar hasta el quiosco. Además, desplazarse por la calle obliga a conservar el equilibrio y calcular distancias en un entorno cambiante, habilidades que apenas se ejercitan de la misma manera cuando se permanece sentado en casa.Saludar al quiosquero o intercambiar unas palabras sobre las noticias del día también implica poner en práctica el lenguaje y las habilidades sociales.
Ahora bien, leer el periódico en papel no implica necesariamente tener dificultades para manejar las nuevas tecnologías. Muchas personas mayores utilizan aplicaciones, servicios de mensajería y banca digital, pero prefieren este formato para mantenerse informadas. En estos casos, la clave está en la sencillez y la familiaridad de estos medios.
En realidad, conservar estas costumbres puede responder a una combinación de comodidad, nostalgia y necesidad de mantener ciertas rutinas. Mientras se mantenga como una elección personal y compatible con otras fuentes de información, leer el periódico no significa quedarse atrás. Para muchas personas, sigue siendo una manera de informarse que aporta tranquilidad, autonomía y una sensación de continuidad en medio de una sociedad que cambia cada vez a mayor velocidad.
El poder de los sentidos
Diversas investigaciones han analizado las diferencias entre leer en papel y hacerlo a través de pantallas. Aunque ambos formatos permiten acceder a información, el periódico impreso ofrece características propias, como el tamaño de la letra, la distribución de los textos y la experiencia sensorial que acompaña a la lectura.
Uno de los aspectos más relevantes es la vista. Pasar muchas horas frente a una pantalla puede provocar fatiga visual, sequedad ocular y molestias, especialmente cuando la iluminación es inadecuada o no se realizan pausas. La lectura en papel también requiere esfuerzo visual, pero no implica mirar directamente a una pantalla luminosa.
El tacto es otro elemento distintivo. Sostener el periódico, tocar sus páginas y pasar las hojas forma parte de una experiencia física que muchas personas encuentran relajante y agradable. También interviene el oído, a través del sonido característico de las páginas al pasar, y el olfato, gracias al olor de la tinta y del papel. Estas sensaciones pueden reforzar la familiaridad y el disfrute de la lectura.
Beneficios de la lectura en papel
«Al igual que el ejercicio físico fortalece el cuerpo, la lectura estimula la actividad neuronal y favorece la liberación de neurotransmisores como la dopamina y la serotonina, directamente relacionados con el bienestar y la regulación emocional», explica Francisco Lara, jefe de servicio Psicología Clínica del Hospital Quirónsalud Córdoba.
Frente al consumo pasivo de contenidos, la lectura requiere una participación activa que estimula la reflexión, la imaginación y el pensamiento crítico. Conocer distintas historias, ideas y perspectivas no solo permite adquirir nuevos conocimientos, sino que también ayuda a mejorar la comunicación, facilita las relaciones sociales y favorece una visión más amplia y flexible de la realidad.
Uno de sus beneficios más destacados está relacionado con la empatía. Cuando una persona se sumerge en una historia, se acerca a los pensamientos y sentimientos de sus personajes y trata de comprender sus decisiones, emociones y conflictos. Esta experiencia puede trasladarse a la vida cotidiana, favoreciendo una mayor comprensión de los demás y contribuyendo a fortalecer las relaciones interpersonales.
Los efectos positivos de este hábito también pueden prolongarse con el paso de los años. Algunas investigaciones relacionan la actividad lectora habitual con el mantenimiento de las capacidades cognitivas, el ejercicio de la memoria y una mayor reserva cognitiva durante el envejecimiento.
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