Así es la infección bacteriana en la sangre que ha agravado la anemia hemolítica del rey Harald
Harald llevaba varias semanas siendo tratado con cortisona por una anemia hemolítica

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El rey Harald de Noruega, de 89 años, permanece ingresado en el Rikshospitalet de Oslo después de que su estado de salud empeorara durante el fin de semana. El Palacio Real noruego confirmó el domingo que el monarca está recibiendo antibióticos contra una infección provocada por bacterias en la sangre y aseguró que ha respondido al tratamiento. La Casa Real no ha informado de qué bacteria se trata ni de dónde procede la infección.
El comunicado oficial introduce, sin embargo, un elemento que explica por qué la situación preocupa especialmente a los médicos: Harald llevaba varias semanas siendo tratado con cortisona por una anemia hemolítica, una enfermedad de la sangre que provoca la destrucción prematura de los glóbulos rojos. El tratamiento con corticoides puede disminuir la respuesta del sistema inmunitario y aumentar la susceptibilidad a determinadas infecciones. El hematólogo Geir Erland Tjønnfjord, profesor de la Universidad de Oslo, considera que la infección bacteriana puede ser una complicación relacionada con ese tratamiento inmunosupresor.
La edad del monarca constituye además un factor de riesgo añadido. Las autoridades sanitarias señalan que las personas mayores de 75 años y quienes reciben medicamentos inmunosupresores, incluidos los esteroides, presentan un mayor riesgo de sufrir infecciones graves y sepsis.
¿Qué enfermedad tiene Harald?
Hay dos problemas de salud confirmados públicamente: anemia hemolítica e infección bacteriana en la sangre. El Palacio no ha identificado públicamente la causa concreta de la anemia ni la bacteria responsable de la infección. Tampoco ha comunicado que el rey padezca sepsis.
La anemia hemolítica no es una enfermedad única, sino un conjunto de trastornos en los que los glóbulos rojos se destruyen antes de lo normal. Estas células son las encargadas de transportar oxígeno por el organismo. Cuando la destrucción supera la capacidad de la médula ósea para fabricar nuevos glóbulos rojos, aparece la anemia.
Sus síntomas pueden incluir cansancio, debilidad, falta de aire, palpitaciones, taquicardia, dolor de cabeza y menor tolerancia al esfuerzo. En una persona de edad avanzada, una anemia importante puede suponer una carga adicional para órganos como el corazón y los pulmones. La anemia supone una exigencia considerable para estos órganos y que puede resultar especialmente difícil de soportar en un organismo de 89 años con otros problemas de salud.
¿Cómo se trata la anemia hemolítica?
El tratamiento depende de cuál sea el mecanismo que está destruyendo los glóbulos rojos. En las formas autoinmunes, el sistema inmunitario ataca por error a los propios hematíes. En las denominadas anemias hemolíticas autoinmunes por anticuerpos calientes, el tratamiento habitual incluye prednisolona u otros corticoides, que reducen la actividad del sistema inmunitario. Si la respuesta es insuficiente, pueden utilizarse otros fármacos inmunosupresores.
En las formas provocadas por anticuerpos que actúan a bajas temperaturas, el abordaje es diferente y puede ser importante evitar la exposición al frío; algunos casos requieren tratamientos dirigidos contra determinadas células del sistema inmunitario.
En el caso de Harald, el Palacio ha confirmado que estaba recibiendo cortisona, pero no ha especificado qué subtipo de anemia hemolítica padece ni si su origen es autoinmune. Por tanto, no es posible afirmar cuál es exactamente el mecanismo de su enfermedad.
La cortisona: necesaria para tratar la anemia
La cortisona puede ser fundamental para controlar determinadas anemias hemolíticas, pero tiene un efecto conocido sobre las defensas. Los corticoides reducen la actividad del sistema inmunitario y, precisamente por ello, pueden hacer que el organismo sea más vulnerable a algunas infecciones. Las autoridades sanitarias noruegas –según medios del país– incluyen expresamente a las personas que reciben esteroides entre los grupos con mayor riesgo de sufrir sepsis.
¿Qué significa tener bacterias en la sangre?
La presencia de bacterias en la sangre se denomina bacteriemia. Puede producirse cuando una infección localizada —por ejemplo, una infección urinaria, pulmonar, cutánea o relacionada con otro foco— alcanza el torrente sanguíneo.
No toda bacteriemia equivale a sepsis. La sepsis es una situación mucho más grave: se produce cuando una infección provoca una respuesta descontrolada del organismo que termina causando alteraciones y potencial fallo de órganos. Puede afectar a los pulmones, los riñones, el corazón, el cerebro o el hígado.
El tratamiento depende de la bacteria responsable y del lugar donde comenzó la infección. Cuando existe una infección bacteriana grave, se administran antibióticos, inicialmente de forma adecuada al cuadro clínico y posteriormente ajustados según los resultados de los cultivos y las pruebas de sensibilidad. Si existe un foco concreto que necesita ser tratado —por ejemplo, una colección de pus o un dispositivo infectado— puede ser necesario actuar también sobre ese origen.