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Racismo y trauma social: cómo los ataques a Vinícius afectan a la salud mental de toda la sociedad

Un informe del Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia identificó más de 33.000 contenidos ofensivos en redes dirigidos a futbolistas

Vinicius junior
Vinicius Junior.
Diego Buenosvinos

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El racismo, los comentarios crueles y los encubrimientos mediáticos contra figuras públicas como Vinícius Júnior no son episodios aislados ni meras polémicas deportivas: constituyen una vulneración reiterada de derechos fundamentales que tiene consecuencias profundas en la salud mental individual y en la convivencia social. Este reportaje abordamos, con datos y contexto, por qué la repetición constante de ataques racistas y deshumanizantes representa una práctica peligrosa que no sólo daña a la persona que los sufre, sino que erosiona los valores democráticos y normaliza el odio, además de mostrar una sociedad deteriorada.

De esta forma, psicólogos y especialistas del comportamiento social, como Roser Nadal, han destacado que el estrés sostenido por experiencias de exclusión y desvalorización puede erosionar la resiliencia emocional y afectar relaciones, rendimiento y calidad de vida, un impacto que, cuando se normaliza, erosiona la cohesión social y alimenta dinámicas de miedo e inseguridad. Esta realidad sitúa el racismo no sólo como una cuestión de derechos civiles, sino también como un determinante social de la salud que requiere respuestas integrales desde la salud pública y las políticas de bienestar para prevenir el daño psicológico colectivo.

Racismo reiterado contra figuras públicas

Los ataques racistas contra deportistas de élite se han convertido en un fenómeno sistemático. En el caso de Vinícius, los incidentes documentados incluyen insultos racistas en estadios, amenazas, campañas en redes sociales y hasta la exhibición de un muñeco colgado que lo representaba, hechos que han generado investigaciones y detenciones policiales.

La reiteración es clave: no se trata de un episodio puntual, sino de una cadena constante de agresiones. El propio jugador ha denunciado múltiples episodios a lo largo de varias temporadas, con partidos detenidos por cánticos racistas y mensajes como «mono» o “puto negro” procedentes de gradas y redes sociales.

Los datos avalan que este fenómeno no es aislado: un informe del Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia identificó más de 33.000 contenidos ofensivos en redes dirigidos a futbolistas, con Vinícius concentrando cerca del 29% de los ataques racistas monitorizados.

La repetición de estos episodios alimenta una peligrosa sensación de impunidad: denuncias frecuentes pero pocas condenas o sanciones efectivas, una brecha que perpetúa el problema.

Odio convertido en microagresión

La psicología define estas conductas reiteradas como microagresiones raciales: comentarios o actos discriminatorios que, aunque a veces minimizados, generan un impacto acumulativo devastador. Estudios académicos relacionan estas microagresiones con peor salud psicológica ansiedad, depresión y agotamiento emocional, de las personas que lanzan esos ataques.

En el caso de figuras públicas, la situación es especialmente compleja: la agresión no es privada, sino masiva y amplificada por redes sociales y medios de comunicación. Cada insulto se reproduce millones de veces, generando una presión emocional constante y una sensación de desprotección institucional.

El propio Vinícius ha reconocido en diversas ocasiones que el racismo reiterado le ha hecho sentir menos motivado para jugar al fútbol, evidenciando un impacto psicológico directo en su bienestar y rendimiento profesional.

Racismo mediático y encubrimientos: el segundo daño

El problema no se limita al insulto inicial. A menudo, las reacciones públicas incluyen cuestionar a la víctima, relativizar el racismo o desviar el foco hacia su carácter o comportamiento. Este fenómeno —la revictimización— intensifica el daño psicológico.

En debates televisivos y mediáticos, algunos comentarios han sido calificados como racistas o intimidatorios, generando polémica y denuncias del propio jugador.

Este tipo de narrativas produce un efecto corrosivo, el mensaje implícito es que el afectado debe justificar su dignidad, lo que constituye una forma de encubrimiento simbólico del problema estructural.

Impacto en la salud mental: de la persona a la sociedad

Las consecuencias psicológicas no se limitan a la víctima directa. Cuando el racismo se repite sin sanción contundente, el daño se extiende al conjunto social:

  • Normaliza la humillación pública como entretenimiento.
  • Legitima el discurso de odio como opinión.
  • Genera miedo y autocensura en colectivos racializados.
  • Refuerza estereotipos y deshumanización.

La reiteración del ataque produce un fenómeno de fatiga moral: la sociedad se acostumbra al odio y deja de reaccionar, lo que incrementa el deterioro de la convivencia democrática.

El especialista en salud mental, Juan Hernández, señala que una sociedad constantemente expuesta a agresiones racistas y discriminatorias desarrolla patrones de estrés crónico que repercuten tanto en individuos como en comunidades enteras. La evidencia científica muestra que la discriminación racial, ya sea directa o indirecta, está asociada con un aumento significativo de problemas de salud mental, incluyendo ansiedad, depresión, sentimientos de exclusión, baja autoestima y un mayor riesgo de pensamientos suicidas, y que estos efectos empeoran cuanto más frecuente y prolongada es la exposición a la discriminación.

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