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Coronavirus, ¿cuál es el síndrome de la cabaña?

Entre las situaciones y síntomas que nos trae el coronavirus, está el llamado síndrome de la cabaña. ¿En qué consiste y cómo podemos afrontarlo?

Coronavirus, síntomas
Síndrome de la cabaña y coronavirus

Como síndrome de la cabaña se conoce el miedo de salir a la calle una vez se levante la cuarentena impuesta a raíz del brote de coronavirus. Después de más de 40 días encerrados en casa, con salidas únicamente para adquirir bienes de primera necesidad, para muchos es un fenómeno natural. Hay que recordar que el Covid 19 es una patología altamente contagiosa, por lo que cualquier temor está justificado. Pero más temprano que tarde será necesario retomar los espacios cotidianos.

El desconfinamiento debe ser gradual, aunque esta es una variable que escapa a la voluntad de algunas personas. Si bien muchos pueden optar por mantener el home office, a un grupo importante de la fuerza económica le tocará obligatoriamente apersonarse en sus lugares de trabajo.

Como una estrategia para ir superando los temores, aprovechar el levantamiento de las vedas para hacer ejercicio es una buena estrategia. Caminar al aire libre por unos minutos puede ser suficiente para entender y recordar que el mundo nos está esperando.Coronavirus y superficies

Respetando las normas para evitar nuevos contagios

El síndrome de la cabaña también está sustentado por el hecho que la pandemia no está superada. Durante mucho tiempo, terminar contagiado por Coronavirus será mucho más que una lejana posibilidad.

Las medidas básicas de prevención deben mantenerse. Esto incluye el distanciamiento social al salir a la calle, lavarse las manos continuamente y evitar tocarse el rostro. Los abrazos y saludos de besos en las mejillas seguirán esperando, junto con los apretones de manos. Aún no está claro cuando se volverá a la plena normalidad.

Claustrofobia por cuarentena y el síndrome de la cabaña: ¿causa y efecto?

Aunque ‘oficialmente’ el síndrome de la cabaña no es un trastorno psicológico, los profesionales de la salud mental no niegan su existencia, lo mismo que ocurrió con la claustrofobia por cuarentena. La sociedad no estaba preparada para enfrentar situaciones que parecían pertenecer exclusivamente al ámbito del cine ‘distópico’. Lo más cercano a la realidad estaba en los libros de historia.

Los viajes en metro se ven como uno de los miedos a superar en la nueva normalidad. Considerando que en la mayoría de las urbes del planeta que cuestan con estos medios de transporte masivo, los vagones saturados (o al menos con personas de pie) forman parte de la cotidianidad.

Un reto particular es el que afrontan las líneas aéreas. Por mucho que se insista en que un avión ofrece un ambiente estéril, en donde las probabilidades de contagio son muy bajas, ¿cuántos están dispuestos a compartir oxígeno por varias horas con uno, dos y hasta tres centenares de desconocidos?

Tampoco está claro si bloquear asientos es una solución viable para la prevención de la enfermedad. Mucho menos si estas empresas podrán soportar económicamente volar con los aeroplanos a la mitad de su capacidad.

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