Cómo lograr una recuperación con menos dolor y más rápida frente a las hemorroides

Cómo lograr una recuperación con menos dolor y más rápida frente a las hemorroides
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Las hemorroides son una patología frecuente que, aunque en muchos casos cursa con síntomas leves, puede llegar a afectar de forma importante a la calidad de vida cuando aparecen dolor, sangrado o prolapso. Su tratamiento quirúrgico, necesario en un porcentaje no despreciable de casos, siempre estuvo asociado a un postoperatorio doloroso y prolongado.

En los últimos años, el desarrollo de técnicas quirúrgicas menos agresivas ha permitido abordar estos casos con procedimientos más precisos y con una recuperación más rápida. Una de las opciones que ha ganado protagonismo es la hemorroidoplastia con láser, conocida como LHP.

Este tratamiento se basa en el uso de energía láser aplicada directamente en el interior del tejido hemorroidal. Tal y como explica Gonzalo Martín Becerril, cirujano general y del Aparato Digestivo del Hospital Quirónsalud Clideba, la técnica consiste en “liberar una serie de pulsos de energía con una punta de láser dentro de la hemorroide, lo que va a desencadenar un proceso inicialmente inflamatorio y posteriormente cicatricial, provocando que cada nódulo hemorroidal se reduzca de tamaño y se eleve en el canal anal”.

Cómo actúa el láser sobre la hemorroide

A diferencia de la cirugía abierta tradicional, la hemorroidoplastia con láser no implica la extirpación del tejido. El procedimiento actúa desde el interior del nódulo, generando una retracción progresiva del tejido gracias al proceso de cicatrización. Este efecto permite que la hemorroide vuelva a fijarse a su posición anatómica normal, al tiempo que se produce la coagulación de los vasos sanguíneos dilatados responsables del sangrado.

Este enfoque conservador explica buena parte de sus ventajas clínicas. Al no realizar incisiones amplias ni resecciones abiertas, el daño sobre los tejidos circundantes es menor, lo que se traduce en menos inflamación, menor sangrado y una evolución postoperatoria más favorable.

Menos dolor y recuperación más rápida

Uno de los principales inconvenientes de la cirugía clásica de hemorroides es el dolor postoperatorio, que puede ser intenso y prolongarse durante semanas. Según señala el especialista, “implica dos o tres semanas de bastante incapacidad después de la intervención, con necesidad incluso de recurrir a analgésicos mayores”.

Frente a esto, la técnica con láser ofrece una alternativa menos agresiva. El doctor Martín Becerril matiza que “no se puede decir que el láser sea una técnica indolora, porque no lo es, pero sí reduce el dolor tanto en el tiempo —que no suele durar más de una semana o diez días— como en la intensidad”. Esta diferencia resulta clave para muchos pacientes, ya que permite una reincorporación más temprana a la actividad cotidiana.

En qué casos está indicada

La hemorroidoplastia con láser está especialmente indicada para el tratamiento de hemorroides internas de grado 2 y 3. Las de grado 2 son aquellas que sobresalen durante la defecación pero se reducen de forma espontánea, mientras que las de grado 3 requieren ayuda manual para volver a su posición.

En los casos más avanzados, correspondientes al grado 4 —cuando la hemorroide permanece fuera de forma permanente—, el uso del láser puede ser limitado y suele asociarse a técnicas complementarias, como la mucopexia, para lograr una fijación adecuada del tejido prolapsado.

Un procedimiento sencillo ambulatorio

Desde el punto de vista técnico, se trata de una intervención relativamente simple y de corta duración. El paciente permanece pocas horas en el hospital y, en la mayoría de los casos, puede regresar a su domicilio el mismo día. Durante el procedimiento, se introduce una fibra láser en el interior del nódulo hemorroidal y se aplican descargas controladas en distintos puntos, siempre con parámetros de energía cuidadosamente ajustados para evitar daños no deseados.

En situaciones concretas, como hemorroides de gran tamaño, puede ser necesario repetir la aplicación en más de una sesión, algo que se valora de forma individualizada.

Cuidados tras la intervención y prevención

El postoperatorio requiere una serie de cuidados básicos orientados a facilitar la cicatrización y evitar molestias. Se recomienda mantener las heces blandas mediante una adecuada ingesta de fibra y líquidos, así como el uso pautado de laxantes si es necesario. La higiene local con agua, preferiblemente fresca, también contribuye a aliviar el dolor y reducir el riesgo de sangrado.

Más allá del tratamiento quirúrgico, el especialista insiste en la importancia de la prevención. El control del estreñimiento, evitar pasar largos periodos sentado, reducir el consumo de alimentos irritantes como alcohol, café o picantes, y mantener una correcta higiene anal son medidas fundamentales para minimizar el riesgo de desarrollar hemorroides o de que reaparezcan tras el tratamiento.

“Solo cuando los síntomas son muy limitantes o no se controlan con medidas conservadoras es cuando se recomienda la cirugía”, concluye.

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