Colesterol malo: ¿enemigo real o mito exagerado? Datos, riesgos y controversias
Grandes ensayos clínicos han demostrado que bajar el colesterol LDL reduce eventos cardiovasculares

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El colesterol es una molécula esencial para la vida: interviene en la construcción de membranas celulares, la síntesis de hormonas y la producción de vitamina D. Pero no todo colesterol es igual: las lipoproteínas de baja densidad (LDL), conocidas como colesterol malo, transportan colesterol desde el hígado a los tejidos y, cuando están elevadas, se asocian con placas de ateroma y riesgo cardiovascular. Por el contrario, las lipoproteínas de alta densidad (HDL), o colesterol bueno, ayudan a retirar colesterol de las arterias y lo llevan de vuelta al hígado.
¿Por qué preocupa el colesterol LDL? El consenso científico tradicional sostiene que niveles altos de LDL aumentan el riesgo de enfermedades cardiovasculares, como infarto de miocardio y algunos tipos de ictus. La acumulación de LDL en las paredes arteriales favorece la aterosclerosis, estrechando las arterias y dificultando el flujo sanguíneo.
Grandes ensayos clínicos han demostrado que bajar el colesterol LDL reduce eventos cardiovasculares. Por ejemplo, meta‑análisis con estatinas muestran reducciones del riesgo de eventos vasculares, infartos y mortalidad total.
¿Es el azúcar el verdadero culpable?
Hay debate sobre el rol de los carbohidratos y el azúcar en el riesgo cardiovascular. El consumo excesivo de azúcar puede contribuir a resistencia a la insulina, inflamación, diabetes y aumento de triglicéridos, todos factores que pueden agravar el perfil lipídico. Aunque la relación directa entre el azúcar y el LDL es compleja y no sustituta de factores como grasas saturadas o trans, muchos expertos señalan que una dieta alta en azúcar y carbohidratos refinados puede agravar los riesgos metabólicos globales, lo que indirectamente afecta el perfil cardiovascular.
El caso de Japón: ¿colesterol bajo, más ictus?
Hay estudios epidemiológicos en Japón que encontraron asociaciones inesperadas: niveles muy bajos de colesterol total se vincularon con mayor mortalidad por ictus y otras causas en algunas cohortes japonesas. Por ejemplo, un estudio longitudinal de más de 12.000 japoneses mostró que niveles bajos de colesterol total se asociaron con mayor mortalidad global comparado con niveles moderados.
Otros trabajos en población japonesa han encontrado que, aunque LDL elevado está claramente vinculado con enfermedad coronaria, la relación con ciertos tipos de accidente cerebrovascular es menos evidente o incluso inversa en algunos subtipos.
Esto no significa que el colesterol no sea malo, sino que su papel en distintos tipos de ictus y en poblaciones específicas puede variar, y que factores como genética, dieta tradicional y otros elementos (por ejemplo, tipos de grasa consumida) influyen en los resultados.
¿Y las estatinas?
Las estatinas son los fármacos más recetados para reducir el colesterol LDL. Muchos ensayos han demostrado que reducir LDL con estatinas disminuye el riesgo de infartos y eventos vasculares.
Además, estudios recientes sugieren que niveles más bajos de LDL pueden asociarse con menor riesgo de demencia, especialmente cuando se combinan con tratamiento con estatinas, aunque la relación causal todavía se investiga.
Sin embargo, no todos aceptan la misma interpretación de los datos. Algunas revisiones críticas señalan limitaciones metodológicas en estudios que respaldan las estatinas, argumentando que no siempre se demuestra de forma concluyente que el colesterol por sí solo cause enfermedades y cuestionan la generalización de sus beneficios.
Alimentación y estilo de vida
Expertos en nutrición recuerdan que colesterol y salud cardiovascular responden a todo un estilo de vida. Algunas recomendaciones robustas incluyen:
- Consumir fibra soluble (avena, legumbres) que ayuda a disminuir el LDL.
- Reducir grasas trans (claramente perjudiciales) y sustituir grasas saturadas por insaturadas.
- Mantener actividad física regular y controlar el peso.
Además, hay alimentos o compuestos naturales con evidencia de reducir LDL, como fitoesteroles o avena, aunque su efecto no siempre iguala al de fármacos en personas de alto riesgo.
El colesterol LDL, conocido como el colesterol malo, se considera un factor de riesgo importante para enfermedades cardiovasculares desde mediados del siglo XX, cuando estudios poblacionales en Estados Unidos y Europa mostraron que personas con niveles elevados de LDL tenían más infartos y enfermedades coronarias. No obstante, no existe un único umbral mágico, sino rangos de referencia que ayudan a evaluar el riesgo.
Cómo se clasifica el colesterol
En términos generales, el colesterol total se clasifica de la siguiente manera: menos de 200 mg/dL se considera deseable, 200–239 mg/dL se considera límite alto, y 240 mg/dL o más se considera alto. El colesterol LDL, específicamente, se categoriza así: menos de 100 mg/dL es óptimo; 100–129 mg/dL es cercano al óptimo; 130–159 mg/dL es límite alto; 160–189 mg/dL es alto, y 190 mg/dL o más se considera muy alto, asociado con un riesgo elevado de eventos cardiovasculares.
Los expertos coinciden en que cuanto más bajo esté el LDL, mejor, especialmente en personas con factores de riesgo adicionales como hipertensión, diabetes o tabaquismo. Niveles de LDL entre 130–159 mg/dL ya suponen un aumento del riesgo, mientras que cifras ≥ 190 mg/dL suelen justificar intervención médica, que puede incluir cambios en la dieta, ejercicio y, en muchos casos, tratamiento con estatinas.
Aunque el LDL ha sido el principal foco, la investigación reciente también subraya que otros factores, como la ingesta excesiva de azúcar y la inflamación, contribuyen al riesgo cardiovascular. Además, estudios históricos, como los realizados en Japón en los años 50, muestran que niveles extremadamente bajos de colesterol total también pueden asociarse con un mayor riesgo de ciertos tipos de ictus, lo que evidencia que el contexto poblacional y la dieta influyen en la relación entre colesterol y salud.