La viabilidad de la economía

La viabilidad de la economía
  • José María Rotellar García

A diario, contamos con la publicación de distintos datos, muchos, que muestran la evolución de la economía: desde registros industriales, de servicios, de creación de empresas, hasta la inversión internacional, pasando por el paro registrado y la afiliación a la Seguridad Social o la EPA, para terminar desembocando en la marcha del PIB, que mide la actividad económica en su conjunto.

A diario, con estos datos se realizan análisis de coyuntura y se plasman estimaciones de los diferentes efectos que puede tener cada decisión de política económica que se toma al respecto, en aras de contar con una imagen más fiel de la evolución de la actividad económica generada y del empleo que se deriva de la misma.

Sin embargo, todo ello se hace sobre la base de no preguntarse -o de hacerlo en muy pocas ocasiones- si la estructura económica que tenemos puede garantizar la viabilidad de nuestra economía. Es decir, si todo puede seguir tal y como está, sin cambiar nada, sin que la economía se venga abajo. Se da por hecho que se va a poder seguir exactamente igual que se ha estado durante décadas, cuando, sin embargo, las características de la sociedad y de la población han cambiado y, con ello, la propia sostenibilidad de la economía.

Esa miopía intencionada y generalizada tiene su reflejo en la negación de toda propuesta que contenga una reducción estructural del gasto. Nos guste o no, el nivel de gasto que tenemos no se puede soportar en el medio y largo plazo, porque es creciente, al haber elementos que intensifican su efecto, y su financiación no va a poder ser atendida, pues la recaudación no va a ser suficiente en épocas de crisis. Si no hay financiación, habrá déficit; y si hay déficit, habrá deuda, y la deuda está ya en unos niveles cercanos al 100% del PIB. Es decir, tenemos tanta deuda como actividad generamos, que es algo que pone en riesgo la sostenibilidad de una economía.

Dentro de ese gasto, es preocupante la deriva que puede tomar la Seguridad Social, pues cada vez va a haber más pensionistas, con pensiones más elevadas, durante más tiempo y con menos activos que las financien. Sin embargo, la reforma del sistema que garantice su viabilidad para que los pensionistas presentes y futuros no sufran menoscabo en sus derechos generados, se aplaza, y cuando se habla de ella no se hace claramente, sino para seguir pronunciando frases políticamente correctas que no reflejan bien la crudeza de la realidad.

Siempre tiene mejor venta anunciar medidas de incremento de gasto que de reducción del mismo, pero alguien debería explicarles a los ciudadanos que nuestra economía está viviendo por encima de sus posibilidades, de su estructura económica, y que si no se hace nada puede que al final, en lugar de reformas hechas a tiempo, haya recortes cuando ya el desastre sea tal que no quede más remedio.

Hay que garantizar la viabilidad de la economía y para ello es esencial que se cuente la realidad tal y como es. No significa ser catastrofista, porque no estamos en una situación irremediablemente insostenible, pero puede llegar a serlo -esperemos que no- si no se adoptan las medidas oportunas para evitarlo. Por eso, urge que la realidad se cuente como es, sin paños calientes y con un conjunto de propuestas que permita garantizar la viabilidad de la economía.

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