A la sombra de Bildu

A la sombra de Bildu
  • Valentí Puig

Es propio de la concupiscencia mediático-política que al dar por inminente, en un sentido u otro, un cambio en el poder se produzcan giros, readaptaciones al decorado, identidades mutantes  o incluso opciones de trans-género. Algo tiene que ver con la escena cambiante que, de repente, se pueda relativizar tanto un debate de investidura en el que las formas y sustancias parlamentarias han llegado al máximo estrago. En fin: según el giro en curso, ahora las provocaciones de Bildu son lo que son, hay que considerarlas en su contexto y la anomalía corresponde de hecho a las reacciones inicuamente desproporcionadas de las bancadas de CS, Vox y PP. Para que Pedro Sánchez llegue a la Moncloa y Pablo Iglesias sea vicepresidente del Gobierno no hay reparo en minimizar una agresión de Bildu trasladándola al apetito ilícito y a un estruendo táctico del centro-derecha.

Es como si Bildu no hubiese dicho nada o, a lo sumo, lo mismo que ya se dijo en otras fases de la vida democrática española. Pero la razón política impone volver a la dimensión real de las cosas y, del mismo modo que no se puede ver como elementos equiparables la ejecución de Soleimani después de una sangrienta biografía de terror y la actuación de Donald Trump como causa de todos los males, de modo que el legado de Jomeini ya no sea uno de los daños apocalípticos nuestra época. Se recordó en el hemiciclo que el líder de Bildu participó en el atentado en el que por suerte no perdió la vida un hombre tan cabal, un hombre de libertad como Gabriel Cisneros. Eso ha sido ETA y Bildu no ha perdido perdón ni a las víctimas de todos los partidos ni a toda la ciudadanía de un país que está en las antípodas del autoritarismo.

Lo que dijo Bildu en el Congreso de los Diputados pudiera o no ser una transgresión del reglamento de la Cámara pero lo inquietante es que ni el candidato Sánchez ni la presidenta de las Cortes salieron en defensa de la jefatura del Estado. Quitar importancia a lo dicho por la portavoz de Bildu preanuncia un mandato que irá excediéndose una y otra vez, alarmantemente flexible con los márgenes de la legitimidad. A la luz de lo dicho por Bildu, tanto apresuramiento del candidato Sánchez se hace más proceloso de lo que ya era con la solicitud de abstención a ERC y el abrazo con Podemos.

Algo huele mal cuando lo que diga Bildu es considerado una expresión transitoria y la respuesta del centro-derecha se quiera interpretar como una pataleta por no haber ganado las elecciones, sin que el PSOE no diga nada, atenazado por los peores socios que pueda tener una investidura. Después de eso, todo lo que se diga desde la tribuna de San Jerónimo sabrá a poco.

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