Septiembre, el mes doloroso

Septiembre, el mes doloroso
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Si enero es el mes de la cuesta, septiembre es el de la escalada y de los ostras. ¡Ostras, la nevera se estropea! ¡Ostras, la matrícula del cole! ¡Ostras, los plazos y el seguro del coche…! ¡Ostras, el cargo de la tarjeta de crédito que ya ha llegado…! Y, con muchas ostras exclamativas y ninguna gastronómica –que el presupuesto ya hace aguas, contagiado por las abruptas tormentas de final de verano, o sea facturas que se agolpan–, arranca la escalada de septiembre, mes duro tras las vacaciones de agosto, cuando ya toca picar piedra…

Quien no ha hecho vacaciones este año, ha sido la deuda pública española que aprovechando que nuestros políticos han vacacionado y se han despistado, ella, la deuda, a lo suyo: a ser más deuda, que es lo mismo que deber más, y a ser más pública, o sea, que nos va tocando más deuda per cápita. En concreto, se sitúa en 1.210.509 millones de euros, y desde fines de 2018 hasta 30 de junio ha aumentado en 37.400 millones de euros. ¡Bravo ahí y olé por nuestra salerosa deuda!

Dentro de esta deuda pública, sendas menciones: la de las Comunidades Autónomas alcanza la cota mítica de los 300.061 millones de euros, 7.000 más que al cierre de 2018. Y la que va al trote es la deuda de la Seguridad Social que asciende a 48.693 millones de euros, 7.500 millones más que en 2018. El quid de ese mayor endeudamiento de la Seguridad Social, a punto de rebasar el listón mitológico de los 50.000 millones, es el dinero prestado por el Tesoro para atender las pagas extraordinarias…

Y arrancando este ya de por sí duro mes de septiembre, entramos en él con el preámbulo sobre la coyuntura económica que deja agosto, y hereda septiembre, por el momento, en cinco actos. En primer lugar, la economía norteamericana se ralentiza y crece solo al 2% en el segundo trimestre de este año cuando en el primero lo hizo al 3,1%. En Estados Unidos aumenta el gasto en consumo privado, lo que representa buen indicio sobre la marcha de la economía familiar y las subidas salariales de estos meses, y los beneficios empresariales lo hacen al 4,8%.

Sin embargo, la inversión fija empresarial se reduce y las exportaciones “made in USA” caen más de lo previsto. Sin duda, el rifirrafe comercial con China influye en menores exportaciones y el ruido de tambores cercanos sobre más medidas arancelarias no es nada bueno ni para la economía china ni tampoco para la propia economía norteamericana.

Así que si por una parte los consumidores estadounidenses se muestran animados, o al menos eso es lo dice el mayor gasto, por otra parte, los negocios se hallan en situación de stand by, a verlas venir y pendientes de los tuits que va lanzando el inquilino de la Casa Blanca… China, obviamente, es parte de la explicación de ese parón económico norteamericano, susceptible de agravarse con los aranceles que Estados Unidos aplica a China desde ayer, domingo, primero de septiembre, a ropa, calzado y material escolar a modo de aperitivo de lo que será, el 15 de diciembre, penalizar las importaciones tecnológicas.

Por consiguiente, por más que se explique que los tensos ánimos comerciales entre norteamericanos y chinos se pacifican y que se trabaja en resolver las diferencias, de momento el panorama se va enturbiando un poco más. Eso, obviamente, castiga al comercio mundial, al frenarse, y resta capacidad de crecimiento a la economía, de manera que todos salimos perjudicados a consecuencia de esa reyerta comercial entre Estados Unidos y China. El comercio internacional de los países del G-20 cae por la guerra arancelaria y el Brexit, frenando las exportaciones. Mal asunto…

En segundo lugar, en España, el turismo ya aporta al PIB español tres veces más que la automoción, siendo el sector que más contribuye al empleo, con un 15% del total. Por cierto, que hay que alegrarse de que, en 2018, nuestro país fuera el segundo del ranking por turismo recibido, por detrás de Francia y por delante de Estados Unidos.

Veremos, con todo, cómo acaba la temporada… La nota amarga, sin duda, es la referida al sector de la automoción, columna vertebral de nuestra industria y que lleva un año resintiéndose de la falta de atonía en el automóvil, inquietado por las normativas en trance, y que se ve salpicado a su vez por la pérdida de nervio de la automoción europea. Si Alemania está en horas bajas, su sector automovilístico forma parte de ese decorado pesimista germano, con el agravante de que es la Zona Euro y, sobre todo, su industria manufacturera la gran perjudicada.

Menos ventas de coches, como en seguida certificamos, implican menor consumo de importancia en bienes duraderos, transmiten una impresión de que el consumo en Europa no va como tendría que ir y hacen presentir ajustes de producción al menoscabarse las cuentas de resultados de los gigantes industriales. La consecuencia, a corto plazo, es la de recorte de gastos y dentro de éstos, los de personal juegan un protagonismo descollante.

Dicho en román paladino: estamos a las puertas de ajustes en el empleo. Esta consideración es más grave aún desde la perspectiva del sur de Europa y, en concreto de España, donde nuestro Gobierno, sin querer oír ni escuchar opiniones de los expertos y ajeno a las profecías de los sabios, decidió aumentar por ley, y por las bravas, el salario mínimo interprofesional y ya nos encontramos, de un lado, ante un menor ritmo en la creación de empleo y, de otro, con una tasa de paro en el mes de julio anclada en el 14% – 13,9% para ser más precisos – que dobla prácticamente a la de la Zona Euro -7,5% en julio – y que está a considerable distancia de la que se da en la Unión Europea – 6,3% -.

Como tercer punto, destaquemos que en España seguimos con la inflación en zona baja y concretamente se frena al 0,3%. Éste es un aviso para navegantes acerca de la desaceleración económica en tanto que se correlaciona la tendencia del índice de precios al consumo (IPC) con la del crecimiento económico. Hasta ahora más o menos hemos aguantado pero las brumas que invaden el panorama mundial, la complicada situación geopolítica allende y aquende, y las mismas vulnerabilidades domésticas, en ese impasse de si habrá gobierno o tendremos elecciones, tuercen esas expectativas mínimamente optimistas que todos desearíamos.

El cuarto acto de esta función inaugural del curso 2019 – 2020, tan típica de septiembre, la protagoniza el impertinente Brexit que, en lo tocante a nosotros, deja notar sus efectos sobre España: menos turistas británicos (120.000 menos hasta junio en comparación con 2018), que se traduce en menos gasto, y menos ventas de viviendas a ciudadanos británicos. Para colmo, desciende la inversión británica en nuestro país un 19% en 2018.

Y el quinto acto, nada agradable, es el hundimiento en las matriculaciones de coches que caen más del 30% en agosto con lo cual se rememora aquel peliagudo agosto de 2008 que sufrió un desplome en la venta de automóviles del 41%. ¡Y con él llegó la crudeza de la crisis! En definitiva, otra señal de alerta sobre lo que estaría por venir…

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