¿Prepara Europa el choque con Estados Unidos?

Groenlandia, Estados Unidos, Europa
  • Pedro Fernández Barbadillo
  • Columnista de Internacional. En la editorial Homo Legens ha publicado 'Eternamente Franco' y 'Los césares del imperio americano'. Su último libro es 'Eso no estaba en mi libro de historia del Imperio español' (Almuzara).

El presidente Trump ha amenazado a un miembro de la OTAN como es Dinamarca para que, de alguna manera, le entregue Groenlandia con la excusa de que se ha vuelto imprescindible para la seguridad de Estados Unidos. Como reacción, los miembros europeos de la OTAN están sopesando el despliegue de unidades de tierras, aviones y barcos en la isla.

Según una exclusiva publicada por el diario The Telegraph, el primer ministro Keir Starmer prepara con otros gobernantes europeos, sobre todo alemanes y franceses, el reclutamiento de tropas para desplegarlas en Groenlandia, sea con carácter permanente o para una serie de maniobras. Esta información se conoció días antes de que el secretario de Estado Marco Rubio se reuniera con su homólogo danés.

Los crujidos dentro de la OTAN también se extienden a Canadá, el país más cercano a la isla disputada y, a la vez, con una frontera de más de 5.500 kilómetros con Estados Unidos. Canadá ha sido otro aliado leal de Washington: sus caídos en la guerra de Afganistán fueron 159. El primer ministro, el liberal Mark Carney (al que Trump puso en el gobierno con sus declaraciones a favor de incorporar el país a la Unión durante la campaña electoral de hace un año), ha declarado que apoya a Dinamarca y que lo hace en virtud del artículo 5 del tratado del Atlántico Norte. Días más tarde, el 16, Carney viajó a Pekín y fue recibido por el dictador Xi Jinping.

Starmer ha comprendido de pronto el riesgo que corren Groenlandia y las aguas que la rodean por obra de los barcos y submarinos tanto chinos como rusos, en especial la llamada brecha GIUK (las áreas entre Groenlandia, Islandia y Escocia). Y por eso está animando a los demás a unirse a esta operación. Los miembros europeos de la alianza la debatieron el jueves 8 de enero en Bruselas. Desde entonces, han empezado a llegar pequeños grupos de soldados alemanes, franceses o suecos, en un intento de demostrar que los europeos se toman en serio las invocaciones de Estados Unidos sobre su propia seguridad.

Pero en realidad no se trata de agradar al principal país de la OTAN, sino de frenar a Trump. The Telegraph añade que los Estados de la Unión Europea están elaborando planes para imponer sanciones a las empresas estadounidenses en caso de que Washington rechace la oferta de despliegue de la OTAN. A los bancos y las multinacionales tecnológicas como Meta, Google, Microsoft y X se les restringiría sus operaciones en Europa.

Otra represalia en discusión es el cierre de las numerosas bases militares, aéreas y navales de EEUU en Europa, lo que afectaría a sus operaciones en Oriente Próximo, en beneficio de Israel, y, por supuesto, en Ucrania. De aplicarse esta última medida, se trataría de la ruptura entre las dos orillas del Atlántico. Sería una manera, desde luego brusca, de que Trump asistiese al cumplimiento de su deseo de desengancharse de la OTAN, aunque por actos de otros, no suyos.

¿En qué situación quedaría entonces Europa, desprovista de la protección de EEUU, de su tecnología y su armamento, cuando Moscú amenaza con invadirla, tal como no paran de repetir todos los líderes del continente, incluso Pedro Sánchez? La reciente suspensión por Alemania y Francia del proyecto FCAS, de diseño y construcción de un caza europeo, en el que también participaba España, revela el atraso europeo en sus capacidades de Defensa y en su soberanía tecnológica.

Sin embargo, tanto Starmer como el francés Macron suscribieron en París el día de Reyes Magos un compromiso con Zelenski para enviar cientos de militares a Ucrania en el caso de que se llegue a un acuerdo de paz con Rusia, para vigilar no sólo el territorio ucraniano, sino también su cielo y su mar.

A pesar del belicismo del gobierno socialista de Keir Starmer y de su cúpula militar, la realidad sobre la potencia de las Fuerzas Armadas británicas es muy inferior respecto de lo que se comunica al pueblo. La aportación británica a la defensa de Groenlandia se ha limitado a un solo militar.

El mariscal del aire Edward Stringer, ya retirado, escribió el año pasado en un informe para el grupo de expertos Policy Exchange que la distancia entre la percepción de la fuerza militar del país y sus capacidades es enorme. «Nuestras defensas son una fachada» fueron algunas de sus palabras. El aumento del gasto público en Defensa, añadió, se lo ha tragado la estructura del Ministerio y no ha ido a la renovación de armamento o la mejora de los sueldos de los militares. El plan dado a conocer por el periódico británico no es lo que espera Trump de los europeos, ya que se trataría de un obstáculo.

Una de las consecuencias es que el lema excluyente de la nueva Doctrina Donroe, Éste es nuestro continente, se podría aplicar también a Reino Unido. Si éste se opusiera a los proyectos de la Casa Blanca, hasta el punto de boicotearlos, quizás Trump se fijase en las Malvinas, vigías británicas del estrecho de Magallanes desde que Londres se apoderó de ellas en el siglo XIX, y pidiese con sus modos conocidos a Starmer que le cediese el archipiélago o se pusiese a negociar sobre su soberanía con Argentina de verdad.

¡Qué ocasión sería esa para que un Gobierno español se presentase ante la superpotencia norteamericana como el guardián más fiable en el estrecho de Gibraltar, por delante de los marroquíes y los ingleses!

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