Pedro Sánchez, «el trolas»

Pedro Sánchez, «el trolas»
  • Rosa Díez

La última pillada de carácter internacional que le han hecho a Pedro Sánchez, más conocido en los ambientes como “el trolas”, ha sido retransmitida al mundo a través de un tuit de la CNN, compartido con sus más de 47 millones de seguidores, que decía expresamente: “Spanish Prime Minister Pedro Sánchez said ranking by Johns Hopkins University showed Spain was fifth in the world in testing rates. But those international rankings appear not to exit”. O sea, que nuestro trolero presidente ha dicho que España es el quinto país que más test ha hecho del mundo según un ranking… que no existe.

La cosa no pasaría de ser un ridículo internacional para él y una vergüenza espantosa para toda España si no fuera porque este tipo miente a diestro y siniestro sobre asuntos que tienen que ver con la salud de cuarenta y siete millones de españoles. No pasaría de ser una humillación para nuestro país si este tipo no acabara de revalidar con una votación en el Congreso de los Diputados sus poderes absolutos sobre vidas y haciendas de todos los españoles. No pasaría de ser un escándalo mayúsculo si este tipo no estuviera al mando de un grupo de “expertos” -cuyas credenciales se ocultan a los ciudadanos- y que adoptan decisiones sobre la vida y la salud de todos los españoles.

Que Pedro Sánchez es un mentiroso está ampliamente acreditado en España. Sánchez llegó a la Moncloa mintiendo (convocaré elecciones inmediatamente); ganó las ultimas elecciones mintiendo (no pactaré con Podemos ni con los independentistas; cambiaré el Código Penal para perseguir el delito de referéndum); Sánchez negó el riesgo de la pandemia y mantuvo los actos multitudinarios y los aeropuertos abiertos a conexiones internacionales con países que ya habían iniciado la cuarentena (ambas cuestiones- pandemias y trafico internacional-  son  competencia exclusiva del Gobierno de la Nación sin necesidad de decretar estado de alarma); Sánchez mintió cuando dijo que apenas si se producirían contagios en España (tenía información directa de la OMS desde finales del mes de Enero); mintió cuando dijo que España era el país que había actuado primero ante la pandemia (no solo no actuó el primero, sino que no lo hizo hasta tener miles de infectados constatados a pesar de no hacer test); Sánchez mintió cuando se atribuyó el liderazgo en las medidas en España, pues la CCAA de Madrid cerró los centros de día para la tercera edad y los colegios una semana antes de que se decretara el estado de alarma; Sánchez mintió cuando dijo que nadie le advirtió respecto del riesgo de autorizar los actos multitudinarios (la CCAA de Madrid lo hizo por escrito, como obra ante el juzgado, antes del 8M); Sánchez mintió cuando mandó a la OMS datos falsos de test realizados, provocando que esta organización internacional tuviera que hacer una nota corrigiendo los datos remitidos por el Gobierno de España que había dado por ciertos; mintió cuando afirmó que España está en una situación similar a la de las cinco economías importantes del mundo, citando a EEUU, Italia, Reino Unido y Francia, pues el ratio de infectados y muertos en nuestro país por cien mil habitantes nos coloca en el primer puesto de ese macabro ranking que si que existe; Sánchez mintió cuando presumió de proteger a nuestro personal sanitario, pues España es el país del mundo con más sanitarios infectados, tanto en números absolutos como porcentuales; Sánchez mintió cuando relacionó el mantenimiento de las ayudas económicas y laborales extraordinarias con el mantenimiento del Estado de alarma, pues las medidas están reguladas en leyes ordinarias y se ponen en marcha y se mantienen o no en función de la situación económica o social del momento; Sánchez mintió cuando propuso “sinceramente” un acuerdo entre todas las fuerzas políticas, pues ha puesto al frente de la Comisión de Reconstrucción a un acreditado ignorante, como quedó demostrado en su primer entrevista en la SER tras ser elegido Lehendakari. “Pregunta. Creo que esta mañana, Sr. López, es obligado hablar de su antecesor en el cargo. ¿Usted conoce el Principio de Arquímedes?. Respuesta: Pues depende de cual de ellos”. Sánchez mintió sobre su interés por reconstruir España cuando eligió como Vicepresidente de esa Comisión al Secretario General del Partido Comunista, conocido en España por ser un admirador de Lenin, un genocida, y por seguir alabando el sistema político que sostienen los regímenes comunistas.

Necesitaríamos un periódico entero para enumerar las mentiras de Sánchez, un hombre que ha hecho de la mentira y la propaganda su guía de actuación política, una estrategia con la que, por cierto, ha tenido mucho éxito porque en España no solo no se castiga la mentira en política sino que, a la vista está, se retribuye. El drama es que sus mentiras nos han costado miles de vidas y la ruina del país, lo que tendrá también un efecto letal sobre la vida futura de los españoles. No estamos solo ante un gobierno de incompetentes, de frívolos, de sectarios; estamos ante un gobierno cuya irresponsabilidad culposa deberá ser juzgada ante los tribunales de Justicia, pero que, mientras tanto, sigue teniendo poderes absolutos para destruir todo aquello que toca, que es todo, desde las instituciones a la convivencia entre españoles. Y sigue teniendo ese poder porque nuestros representantes se lo han prorrogado en un acto incomprensible desde la ética de la responsabilidad.

Todos los españoles, (incluidos sus palmeros, su prensa subvencionada, los de su secta, los que comparten poder y toman decisiones sobre nuestra vida sin haber cotizado a la Seguridad Social fuera de la política ni un solo día de su vida) sabíamos que Sánchez es un mentiroso; pero ahora ya lo sabe todo el mundo. Si no fuera por las consecuencias que tiene para España tener al frente del país a un trolero conocido… lo de la CNN se resumiría en el viejo chiste de esa buena mujer que cuando descubrió que su marido la engañaba con la panadera, la de la tienda de ultramarinos, la profesora del colegio de su hijo… no pudo sino exclamar: “¡Qué vergüenza… con lo mal que lo hace…!”.

Pues eso, qué vergüenza y qué drama para España, para todos nosotros -incluidos sus votantes, que no se librarán de la ruina-  que todo el mundo sepa que Pedro Sánchez, el Presidente del Gobierno de España, es un mentiroso. Porque ese dato sobre la personalidad y la forma de actuar del Presidente del Gobierno de España tendrá consecuencias para nuestro país. ¿Con qué cara nos van a mirar en la Unión Europea cuando el Gobierno presente los números para pedir ayuda económica? ¿Con qué cara nos van a mirar países como Alemania, uno de cuyos periódicos más prestigiosos ha sacado a España del ranking que publica de contagiados y muertos porque “los datos que envía el Gobierno de España no son fiables”? ¿Quién se va a fiar de un mentiroso acreditado como Sánchez, de un trilero, de un tipo que oculta datos esenciales y cuando los da son todos falsos?

La cuestión es saber cómo se van a comportar el resto de nuestros representantes, los no sometidos a la secta, en relación con este impostor que lo está destruyendo todo y que ha tirado por el suelo el prestigio de España. ¿Van a seguir dándole poderes absolutos?¿Van a seguir confundiéndose en el paisaje con el felón y con toda su cuadrilla de sectarios e inútiles que solo piensan en su escalada electoral y que querrán mantenernos sometidos a un estado de excepción encubierto hasta que Redondo considere que eso es lo que le conviene a Sánchez? O, por el contrario, ¿van a ser capaces de establecer ante los españoles y ante el mundo que en España no todos los políticos son como Sánchez y su Gobierno, que no todos se comportan como la pareja tóxica, que hay personas bien formadas, decentes, honestas y sensatas tanto en materia sanitaria, de protección y seguridad y de reactivación de la economía que son capaces de plantear una alternativa? ¿Van a plantear públicamente esa alternativa? ¿O se van a limitar a hacer discursos para que figuren en el diario de sesiones?

Pedro Sánchez es un trolero, un mentiroso patológico que no miente más porque no tiene más tiempo. Ahora bien, díganme, ¿cómo calificamos a quienes, sabiéndolo –porque no hay nadie que no lo sepa o que espere que vaya a cambiar-  siguen dándole poderes absolutos para que siga mintiendo y arruinando nuestra vida y a nuestro país? Los españoles de bien seguimos esperando que alguien levante la bandera de la responsabilidad y haga lo correcto para frenar, unidos, esta deriva del gobierno tóxico que lleva camino de arrasar con todo lo mejor de la historia democrática de España. No parece demasiado pedir… O si. Ustedes mismos, oigan.

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