La moderación baja al barro

Alberto Núñez Feijóo, Andalucía, Partido Popular, Juanma Moreno

En las plantas nobles de Génova 13 deberían estar descorchando champán: nada les acerca más a Moncloa que el resultado de Juanma Moreno. Y es que ayer ocurrió el acontecimiento más importante de los últimos tres años: por fin, la moderación se va a ver obligada a bajar al barro. Y eso es imprescindible para que no volvamos a julio de 2023, cuando se vuelvan a abrir las urnas y las tertulias de los medios ¿de derechas? se infecten de tertulianos de izquierdas diciendo que mejor putas en empresas públicas que Abascal en la tercera planta de Moncloa. Que Begoña robe, el hermanísimo se enchufe y todo Ferraz se forre; pero al menos que lo hagan en nombre de la justicia social y protestando muy fuerte contra Eurovisión y los fachas.

España es así: un mundo en el que las atalayas mediáticas conservadoras están plagadas de personas que jamás votarán al PP, explicándole al PP cómo ganar las elecciones de tal forma que las pierdan. Juanma Moreno, que es un político con mayúsculas y, por cierto, un gestor extraordinario, ha tomado la decisión de basar su campaña en lo sensible que es y no en el cambio sociológico y económico que ha generado en Andalucía. Lo que le funcionó en 2022 (el orgullo de una región que ha pasado de ser rémora a referente) ha pasado a ser un epígrafe en su campaña porque en La Sexta y en TVE se emocionaron cuando se puso las botas de agua en una tormenta. ¿Quién podía adivinar que hacerle caso a las tesis electorales de la extrema izquierda mediática no iba a servir para consolidar el poder del centro-derecha? ¿Quién se podía imaginar que pelotear al Gobierno en Adamuz (hasta que fue demasiado tarde y el 112 explotó en su cara) iba a aportar un rédito electoral tendente a cero? En cualquier caso, da igual, porque este resultado es óptimo para Génova y él sigue siendo el artífice de que Andalucía haya vivido un cambio sociológico sólo equivalente al de Madrid en la época de Esperanza Aguirre. Es una pena que no haya podido rentabilizarlo aún más, porque lo cierto es que su gestión y su capacidad política lo merecían.

Pero volviendo a Feijóo, la necesidad más imperiosa que tiene es domesticar al dóberman, que por supuesto no es Vox, sino la mal llamada prensa afín. Que Juanma Moreno, que para la izquierda es el referente de todo lo que hace mal el PP nacional (como lo era Feijóo cuando presidía la Xunta) tenga que establecer una negociación bilateral con Vox es un sueño hecho realidad para Génova. Si la mal llamada moderación, que al parecer es pensar que no se puede criticar que está mal pagar los servicios sexuales del ministro con fondos públicos, tiene que pactar un gobierno con la ultraturboderechafilofascista y resulta que, por sorprendente que parezca, no pasa absolutamente nada; entonces el miedo a VOX habrá dejado de ser un argumento de autoridad para que los editoriales de la prensa afín le digan a Feijóo que tiene que basar su campaña en despreciar a Abascal y no al yerno del proxeneta jefe de la banda criminal que gobierna España.

En el año 2018 se llegó al primer acuerdo de gobernabilidad de España con Vox, y lo hizo un tal Juan Manuel Moreno Bonilla. En ese entonces, Macron filtró desde el Elíseo que rompía relaciones con Ciudadanos por haber participado del pacto, y muchos de ese partido siguieron el juego. El resultado de esa legislatura fue que el PP tuvo absoluta, Ciudadanos desapareció y Vox se consolidó como proyecto político en toda España.

En otras palabras: que Juanma Moreno ya ha jugado a esto de pactar con Vox, y no sólo no le perjudicó, sino que además le salió de manera extraordinaria. Así que el riesgo de la negociación de cara a sus votantes es cero (no confundamos en este punto, por favor, a los votantes del PP con los opinadores mediáticos de los medios que consumen los votantes del PP); y de paso blanqueará unos pactos necesarios que llevarán a Feijóo a La Moncloa con el apoyo desacomplejado de Abascal. Y no pasará nada porque el principal problema de España no es que las mujeres necesitemos autorización de nuestros maridos para abrir una cuenta corriente o que se apedree a homosexuales en plazas públicas (eso ocurre en los países aliados de Pedro Sánchez), sino que el proxenetismo personal e institucional del gobierno de España nos ha llevado a aceptar la corrupción política y moral como si fuera el ADN de esta grandísima nación que merece algo más que al marido de Begoña jugando a la geopolítica contra Trump.

Así que, en resumen, enhorabuena, Feijóo. La Moncloa hoy es cada vez más tuya.

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