Apuntes incorrectos

Jorge Javier Vázquez y el nuevo PP

Jorge Javier Vázquez y el nuevo PP
  • Miguel Ángel Belloso

El sábado por la noche puse un rato ‘Sálvame de Luxe’, que es el programa estrella de Telecinco. Allí estaba el inefable presentador Jorge Javier Vázquez enredado en una de las intermitentes peleas con sus colaboradores habituales, en este caso con una ‘pata negra’ como María Patiño, que lloraba como una Magdalena. El motivo es lo de menos, porque siempre es impostado y banal. Estos conflictos se promueven para excitar a la audiencia y cosechan un gran éxito.

El caso es que, en un momento determinado, el señor Vázquez le dijo a Patiño: “mujer, no seas así, no te enojes”, si hasta Pablo Casado ha hecho un discurso clamoroso en favor de la concordia y la derecha ya parece civilizada. Y así es. De momento, la ha absuelto. El señor Vázquez se ha ocupado de debelar al PP todo lo que ha podido. El señor Vázquez fue aquel que dijo que ‘Sálvame’ era un programa “de rojos y de maricones” con ocasión de que un colaborador que le había confesado que había votado a Vox tuvo el coraje de llevarle la contraria. ¿Ustedes creen que el presentador dijo estas afirmaciones gruesas e inapropiadas a humo de pajas? ¿Ustedes piensan que Paolo Vasile, que es el formidable consejero delegado de Mediaset, se sintió contrariado por estas incursiones ofensivas hacia gran parte de los seguidores del programa? ¡Qué va!

Desde aquel día el señor Vasile ha hecho más caja, si cabe. Muchas de las grandes empresas de España, que no figuraban entre los anunciantes de este culebrón basura que yo veo de vez en cuando han empezado a estar en nómina desde entonces. El procedimiento es muy simple. Telecinco llama a los renuentes a asociarse con ‘Sálvame’, éstos confirman su reticencia, pero el que está al aparato les pregunta: “¿No será por lo de que somos un programa de rojos y de maricones?” El que está al otro lado de la línea se queda estupefacto y solo atisba a farfullar “no, no, no, ¿cómo puedes pensar esto?” Y a renglón seguido consulta con su jefe, que le dice sin inmutarse: “Pon lo que haga falta. Cualquier cosa menos pasar por homófobos”.

Así funciona este país queridos amigos, esta vieja nación en la que el Partido Popular de Pablo Casado ha renunciado a la batalla cultural para gran satisfacción de Vasile y, como consecuencia, para empoderar todavía más a Jorge Javier -y compadres-, un personaje sectario e intransigente en el sentido más genuino de la palabra.

El 14 de diciembre de 2003, todas las fuerzas de izquierda de Cataluña firmaron lo que se conoce como el ‘Pacto del Tinell’, que dio lugar al gobierno tripartito de la Generalitat dirigido por Pasqual Maragall. Un ‘cafarnaúm’ que fue premonitorio del declive político, económico y social de la autonomía entonces más robusta de España. Pero lo insólito del pacto, lo infame cabría decir, es que uno de sus puntos establecía lo siguiente: «Los partidos firmantes del presente acuerdo se comprometen a no establecer ningún acuerdo de gobernabilidad -acuerdo de legislatura y acuerdo parlamentario estable- con el PP en el Gobierno de la Generalitat. Igualmente se comprometen a impedir la presencia del PP en el Gobierno del Estado y a renunciar a establecer pactos de gobierno y pactos parlamentarios estables en las cámaras estatales».

Con esta declaración, la izquierda selló lo que desde entonces ha sido el estigma, el atavismo que ha marcado regularmente su trayectoria: el famoso cordón sanitario, su objetivo de expulsar a la derecha del poder para siempre. Porque esta es la diferencia entre la derecha y la izquierda: la primera aspira a gobernar el mayor tiempo posible, ¡faltaría más!, la segunda sólo tiene el propósito de que el adversario no gobierne jamás. No sé si el señor Casado está al tanto de estas menudencias.

El miércoles pasado, antes de que Santiago Abascal presentase la moción de censura de Vox contra el Gobierno, las mismas fuerzas políticas de 2003, junto a otras, todas ellas conjuradas para destruir el espíritu de la Transición, demoler la Constitución de 1978, liquidar la Monarquía parlamentaria y promover un cambio de régimen firmaron un “Manifiesto en favor de la democracia”.

Irónicamente, entre estos partidos aliados estaban, además de los de aquella fecha señera e infausta, toda la ralea incendiaria de las CUP, del BNG gallego, los golpistas de JxCaT, los tontos pero igualmente peligrosos de Más País o de ‘Compromis’, y junto a los etarras de Bildu allí aparecía también el PNV, el partido más desleal de la Transición, y el que explica tanto el nacimiento de ETA como su reguero de muertes y de impunidad legendaria, pues ya lo dijo, como para haber sido esculpido en mármol, el inefable Arzallus: “unos menean el árbol y otros recogemos las nueces”.

En ese manifiesto totalitario y obsceno, la coalición de traidores a la mejor historia de España reafirman “su compromiso con los derechos humanos, la democracia, la justicia social y la igualdad entre todos los ciudadanos y ciudadanas, sin importar el lugar donde hayan nacido, su género, creencias religiosas u orientación sexual.

Los discursos racistas, xenófobos, machistas que hemos escuchado en lo que va de legislatura por parte de la extrema derecha y derecha extrema son incompatibles con los valores propios de un sistema democrático y suponen un peligro para la convivencia.

Queremos expresar nuestra solidaridad a todas las personas que han sido objeto de los ataques e insultos desde estas actitudes radicales e intolerantes, incluidos miembros del Congreso de los Diputados y del propio Gobierno, así como reconocer a los luchadores y luchadoras por las libertades que combatieron el fascismo, cuya memoria también ha sido menospreciada”.

Espero que compartan conmigo que pocas veces se ha producido un ejercicio de cinismo y de terrorismo intelectual tan exuberante. Después de que el discurso de Casado reventará la posibilidad de una eventual alianza entre el PP y Vox, tanto el vicepresidente Pablo Iglesias como la portavoz socialista en el Congreso, Adriana Lastra, que es la dóberman de las Cortes, instaron al líder del PP a deshacer de manera inmediata sus acuerdos de Gobierno con Vox en Murcia, en Andalucía y en Madrid. ¿Van a ustedes a seguir gobernando con los fascistas?, preguntó Lastra.

Esto es todo lo que duró el ejercicio de bonhomía de Casado con sus enemigos, en ello se tradujo su ataque inmisericorde a Abascal. Hasta el más inepto, y creo que Casado no lo es, estará apercibido, después del transcurso de la moción de censura, de cuáles son las aviesas intenciones de la izquierda. Lo quieren todo para ellos y trabajan cada minuto por el mismo objetivo.

Como escuché el discurso de Abascal, y ya he hablado de los puntos en los que estoy en desacuerdo, también afirmo que allí no hubo incitación al odio, ni xenofobia de clase alguna, que sólo existe en las mentes pervertidas de sus detractores, precisamente porque la practican a diario. Vi una propuesta -que podría haber sido más consistente- para construir un país mejor, y desde luego una crítica acerba y completamente merecida al Gobierno más nocivo de la historia.

La leyenda dice que esta moción estaba destinada a fortalecer al Gobierno Frankenstein. Mi opinión es que este Ejecutivo vil gozaba ya de una salud granítica antes de que Abascal se hiciera presente en la tribuna del Congreso, como bien demuestra el Manifiesto indecente de ese mismo día, y como ha quedado más que evidente con los presupuestos del Estado que estos enemigos de la salud social y económica van a apoyar.

Contra lo que se diga, Vox claro que tiene programa, y en el aspecto económico muchas ideas interesantes. El señor Espinosa de los Monteros esbozó algunas que han pasado inadvertidas. Por ejemplo, cuando dijo que los poderes públicos son hoy en día parte del problema y hay que lograr que empiecen a ser parte de la solución; que, en lugar de consumir las energías creativas del país en disparates, nos dediquemos a apoyar a los generadores de actividad: trabajadores, comerciantes, autónomos, pymes, y empresarios; y que en lugar de crear cargas y trabas, nos pongamos a estimular un marco favorable para el desarrollo económico, el crecimiento y el empleo.

También dijo que España lleva años generando desequilibrio en sus cuentas, porque el sobre gasto de la Administración genera déficit, el déficit se acumula en forma de deuda, la deuda se contrae con naciones foráneas, y con ello perdemos soberanía y arriesgamos nuestra prosperidad. Y apuntó que el saneamiento de las cuentas públicas es la obligación moral de cualquier dirigente responsable.

“Hay que mejorar la baja productividad de la economía porque tenemos un serio problema al compararnos con países como Francia, Alemania o Estados Unidos, y debemos hacer lo posible para que España pase de ser un infierno fiscal a ser un generador de empleo.

Ni el socialismo, ni el comunismo ni mucho menos el independentismo ayudado por los herederos del terrorismo, que son igual de peligrosos que cuando tenían pistola, pueden ser la solución a la catástrofe en que está inmersa el país”. Quizá sean todavía unas ideas demasiado genéricas, pero desde luego son certeras.

La derecha moderada que inauguró con su discurso el señor Casado tiene enormes desafíos por delante, y el Gobierno Frankenstein no le va a dar tregua. Sigue empeñado en manosear el poder judicial para librarse de cualquier control democrático, va a aprobar una ley de educación consagrando el paso de curso con suspensos -y así perjudicando a los más desfavorecidos-, y está determinado a aprobar una ley de memoria democrática para que nuestros jóvenes aprendan las falsas bondades de la II República criminal mientras nadie se acuerda ya de Miguel Ángel Blanco o de Ortega Lara, y considera a ETA un paréntesis irrelevante en la historia de España. Veremos a ver cómo sale de este atolladero, en el que Vox se maneja mucho mejor.

Pero no será fácil. Los elogios de los enemigos como Jorge Javier Vázquez, la Sexta o los de el diario ‘El País’ son siempre efímeros, por la sencilla razón de que son enemigos insaciables. Este lunes, sin ir más lejos, el columnista Xavier Vidal-Folch, uno de los arietes legendarios contra Casado, ya le ponía los deberes, esgrimiendo su particular hisopo, y relatando las pruebas que debía superar para certificar que no está contaminado por el covid: contener la rebeldía subversiva de Isabel Díaz Ayuso sobre el toque de queda, renovar el poder judicial como le diga Sánchez, aprobar los presupuestos generales que van a profundizar la catástrofe económica de la nación, y por supuesto liquidar los gobiernos regionales en los que el PP gobierna con Vox. Todo esto es lo que ha durado la luna de miel de sus conspicuos enemigos con Pablo Casado. Ya se ve que esta derecha no aprende nunca.

Lo último en Opinión

Últimas noticias