Feijóo y Urkullu: la victoria de los líderes sensatos

Feijóo y Urkullu: la victoria de los líderes sensatos

No hay duda de que tanto Alberto Núñez Feijóo como Íñigo Urkullu han sido los dos grandes triunfadores de la noche electoral del 25S. Dos hazañas de distinto calado, cada uno en su respectivo predio, pero que han dejado al borde del abismo al cuestionado Pedro Sánchez, el gran perdedor de la noche junto a Ciudadanos.

Buena parte de los análisis hechos en las semanas previas a los comicios vascos y gallegos del 25S partían de dos premisas que, a la luz de los resultados ya definitivos, se han demostrado falsas. La primera, el tradicional empeño de muchos analistas de aplicar a los electores patrones de comportamiento idénticos a los que les guían en unas elecciones generales. En cada convocatoria autonómica o municipal, y más en el caso de las llamadas ‘históricas’, esto se acaba demostrando siempre como completamente erróneo. Incluso las campañas electorales son diferentes y el tipo de liderazgo que se pide y es deseable en los candidatos es distinto.

Otra premisa errónea es que, tras la resolución de estos comicios, hubiéramos podido, por arte de magia y votos, desatascar el monumental embrollo que tenemos a nivel nacional. A la luz de los resultados de las elecciones vascas, los de Urkullu —a pesar de lo que algunos, sobre todo en el PP, suponían y deseaban— no van a necesitar para nada al PP en el Parlamento de Vitoria. Y con los resultados en la mano, es evidente que unas terceras elecciones generales son ya un fantasma cada vez más cercano y probable. Ahora es cuando al PP le interesan más que nunca… aunque ahora sea el PSOE de Pedro Sánchez quien tenga más prisa que nunca por evitarlas, y sí por intentar articular una mayoría alternativa, a costa de lo que sea.

Lo que es evidente es que el PP fue el gran triunfador de la noche y Podemos un ganador efímero destinado a ser, eso sí, líder de la oposición al haber superado en las dos comunidades al PSOE. Un sorpasso light que no parece haber satisfecho totalmente a los morados. En cuanto a Pedro Sánchez, él es el gran derrotado.

El ciclón Feijóo

En el PP, la inteligente campaña desplegada por los estrategas de Alberto Núñez Feijóo, ha dado como fruto apetecido poder revalidar la mayoría absoluta. Ha sido la victoria de un líder sensato, que ha gobernado, sobre todo con eso, con sensatez, unida a un gran pragmatismo, buenas dosis de respeto hacia el adversario y que ha sabido además compaginar con inteligencia una campaña, la de Mariano Rajoy, más volcada en la marca del PP con la suya personal, en la cual el logo del PP casi no aparecía en los carteles. Y todo esto sin que ninguna de esas dos marcas perjudicara a la otra. Todo lo contrario. Los dos gallegos han ejercido de tales y han rematado un trabajo muy fino y ‘a pie de obra’, que es exactamente lo que la gente les pedía; poca televisión y mucho baño de masas, mucho mercado… mucha calle.

Después del debate televisado, en el cual Feijóo fue atacado duramente a cuenta de la corrupción por todos sus contrincantes, el líder gallego ha sabido reducir al máximo el problema de los chorizos nacionales y ha conseguido que calara en los últimos días la idea de que el voto a Ciudadanos era un voto tirado. Hemos vuelto pues a poner en valor el voto útil. Los naranjas no supieron reaccionar y se quedaron con las manos vacías; algo que debería ponerles “de los nervios” de cara a unas terceras elecciones. como ha quedado demostrado, el gallego es poco amigo de aventuras; su trabajo, su seguridad, y la puesta en valor de la capacidad de gestión de sus líderes, en este caso Feijóo, han anulado cualquier mensaje regeneracionista alternativo.

Los gallegos siempre han sido pueblo de pocas novedades; les interesa por encima de todo la continuidad. Por otro lado, Feijóo ha conseguido —conocedor de la ruptura generacional que se vive en España— atraer también el voto de los menores de los 45 años y el voto urbano. Es verdad que, en las ciudades, los jóvenes han votado de forma masiva a En Marea, pero sin abandonar del todo a la formación azul. Sin embargo, no han conseguido alejarse de ese estereotipo —maldito para ellos— que le tacha de partido de intelectuales y urbano, poco dado a pasearse por los pueblos, las aldeas, los puertos de mar y las fábricas.

Alberto Núñez Feijóo no es un líder que arrastre masas pero sí que ha sido un gestor eficaz y honrado. A su falta de carisma responde con seriedad, algo de timidez y una fuerte consistencia en sus mensajes. Virtudes que son típicas de los grandes líderes españoles. Es un hecho que, hasta la fecha, todo aquel que ha triunfado en el PP tiene un perfil parecido.

El sorpasso es un hecho

Era curioso comprobar cómo en las sedes de En Marea se palpaba cierta decepción en los primeros minutos, caliente aún el cierre de los colegios. Con el paso de las horas, las caras fueron mejorando. Y es que, tal como estaban las cosas hace poco más de un mes —con el ‘saco de gatos’ de la bronca previa a la campaña entre los partidarios de que Podemos mantuviera su marca y los defensores de la confluencia con las Mareas, como finalmente ocurrió, unida a las recientes peleas entre Iglesias y Errejón, que desde Santiago, Vigo y La Coruña se veían desdeñosamente como ‘cosas de Madrid’— los resultados no solo no han sido tan malos sino que técnicamente, han resultado excelentes. Sobre todo habida cuenta de que los socialistas han estado a punto de ceder la segunda posición —al final han empatado en número de parlamentarios— pero pierden cuatro escaños. Pasan de 18 a 14. Los mismos que Las Mareas, solo que la marca ‘Podemita’ en Galicia les supera en número de votos. Un sorpasso que, en la práctica, se hizo realidad. Sobre todo en las grandes ciudades, como Vigo.

En el País Vasco la decepción vino por no haber superado a Bildu. Una pequeña derrota que podía haber sido mayor. Aquí sí que hizo daño la pelea entre “Pablistas” y “Errejonistas”. Una trifulca que, aunque pueda ser justificada por la necesitad de confrontación constante de la formación morada, es inamisible en periodos electorales cuando te juegas un buen número de escaños.

Urkullu: la victoria del pragmatismo

También en el caso de Íñigo Urkullu, la hazaña ha sido extraordinaria. Ganar dos escaños es un logro que pocos esperaban. Triunfa, una vez más, el liderazgo maduro de un líder serio y sereno, una gestión sin estridencias y muy pragmática, fruto de una estrategia segura. Urkullu ha sabido negarse a las facilonas tentaciones independentistas. Sabe lo que quiere y cómo conseguirlo. Pero lo primero es la economía y el trabajo. El País Vasco ha mejorado con él, y lo sabe. ¡La gente también! Estamos, una vez más, ante un líder que no es amante de las tertulias pero sí de la calle y de las distancias cortas.

Crónica de un naufragio socialista

La ininteligible posición de Pedro Sánchez en Madrid, con medio partido en su contra, la elección de un candidato que más parecía un ‘antilíder’, además de un gran desconocido, han llevado al PSOE al fracaso en Galicia, comunidad en la que se han dejado nada menos que cuatro escaños. Empatan como segunda fuerza con la marca podemita en número de parlamentarios pero pierden en votos; 12.000 sufragios menos.

En Euskadi es peor; pierden nada menos que siete escaños; casi la mitad de los que tenían, y se quedan con nueve. Habrá que ver ahora si, de cara al próximo Comité Federal del 1 de Octubre, los barones y buena parte del Comité Federal tiene el valor de expresar, con luz y taquígrafos, en toda su crudeza, sus diferencias para poder hacer una reflexión que ya no puede esperar más. Después de tantas jornadas electorales rematadas con derrotas y descalabros ya no hay tiempo para más. La ruptura puede ser traumática o no, pero es necesaria e inevitable también. El riesgo para los socialistas es la desaparición o el ser fagocitados por Podemos. El próximo sábado veremos qué ocurre y con qué ánimo se enfrenta Pedro Sánchez a las bombas que algunos de sus enemigos le tienen preparadas.

Ciudadanos, fracaso anunciado

José Manuel Villegas, número dos de Ciudadanos, volvía a echar la culpa —y ya van dos convocatorias electorales— a la Ley Electoral para justificar sus irrelevantes resultados. Cero escaños en ambos parlamentos. Decía Villegas que en el caso vasco por 500 votos, los mismos que les faltaron en Galicia para entrar en el Parlamento autonómico. A muchos les va sonando ya a excusa de mal pagador: "Si hubiéramos tenido…" o "si hubiéramos hecho…" y va tomando cuerpo la idea, cada vez más extendida del riesgo de upeidización de los naranjas.

Tal vez sea un análisis aún precipitado pero si Ciudadanos no cultiva más su programa político —aún muy indefinido— o perfecciona el discurso de algunos de sus candidatos, tendrá aún más problemas. Ya van comprobando como una cosa son las tertulias y otra la vida real. Y, sobre todo, y lo que es más importante, debe encauzar adecuadamente el hiperliderazgo de Albert Rivera para no ‘quemarle’ en exceso. Si no, corren el riesgo de acabar de convertirlo en el Suárez menos exitoso, el que “murió políticamente” con el CDS. Los naranjas corren un riesgo muy serio de quedar reducidos a la irrelevancia el próximo 18 de diciembre.

Los próximos días serán claves para comprobar qué impacto tendrán estas elecciones a la hora de desatascar el lío nacional. Mientras tanto, sí que podemos afirmar con rotundidad que en el norte triunfan, acabamos de comprobarlo, los líderes inspiradores, cercanos a la gente y muy poco televisivos.

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