Feijóo: «No voy a amnistiar al sanchismo»
Esta promesa categórica y nada baladí por los años anteriores pronunciada por Núñez Feijóo apenas ha tenido recorrido, ni ha merecido un triste comentario a pie de página. ¿Por qué? Por razones varias.
La primera, porque el paisanaje quiere comprobar, en efecto, que el jefe del PP se convierte democráticamente y por encargo directo del pueblo en primer ministro. La segunda, porque los gobiernos habidos hasta la fecha bajo la enseña popular fueron todo lo contrario. Y en tercer lugar, porque ese acceso al poder dentro de unos meses (presumiblemente) vendrá indefectiblemente con el apoyo de Vox o, simplemente, no será.
Debo entender que el presidente popular ha querido decir que, cuando llegue, allá donde encuentre algo punible, penal o éticamente, hará todo lo posible para que los abusadores a lo largo de los anchos ocho años del sanchismo paguen sus fechorías. De no hacerlo, habrá comenzado su mandato con una falla clamorosa y significaría, entre otras cosas, que no ha entendido nada de lo ocurrido en su día con su paisano Mariano Rajoy, que pudo y debió hacer una exhaustiva auditoría.
Tras 50 años de ejercicio democrático en la España constitucional, el centro derecha, en sus 15 años de poder frente a los 35 de la izquierda, demostró todo lo contrario. Cierto es que ni siquiera en los siete años de Zapatero el Estado de derecho quedó más deshilachado que durante el mandato de Pedro Sánchez.
Rajoy, en efecto, recibió un país en bancarrota y su obsesión por impedir que el reino de España cayera en manos de la troika hizo que se olvidara de la «política», y en el año 2018 pagó sus errores estratégicos, permitiendo con su desidia que un taimado Sánchez, rodeado de sus cuates más insignes que ya venían corruptos de serie, accediera al poder de la nación.
Entre esos errores marianistas estuvo, sin duda, que dejó intactas todas las terminales izquierdistas que se habían atrincherado convenientemente en la Administración del Estado a la espera de la gran ocasión del retorno de sus pares al gobierno.
A partir de ahí, todos los lectores se habrán hecho ya su propia composición. Feijóo tiene la ocasión, si los españoles así lo decretan, de poner en práctica su propio libro de estilo. Impedir que le tomen el pelo y le desdibujen su proyecto…
Porque los que le han secundado contra viento y marea durante estos cinco años (especialmente tras el «shock» del 2023, cuando el camino aparecía expedito) no pueden quedar varados a su albur, y porque la inmensa mayoría de sus votantes quieren que haya un «Nuremberg» completado, porque no es posible que todo el sanchismo se haya llevado a cabo por la voluntad de un ser.
Me quedo con la frase… ¡No amnistiaré al sanchismo! Con el recuerdo de que han intentado liquidar su ambición, ya sea por activa o por perifrástica.