Editorial

La España de Sánchez: militares pidiendo auxilio al 112 para no ser linchados por ilegales

La España de Sánchez: militares pidiendo auxilio al 112 para no ser linchados por ilegales

Cuatro militares españoles, desarmados, sin vehículo blindado y sin protocolo claro de actuación, son emboscados en Ceuta por entre treinta y cuarenta inmigrantes ilegales que les rodean, les lanzan piedras de gran tamaño, destrozan su vehículo y les persiguen a pie golpeándoles mientras huyen. Su única salida: llamar al 112. El mismo número que marca cualquier ciudadano cuando le roban el bolso en el metro. Esto no es una película de Berlanga. Es España. Es Ceuta.

La España de Pedro Sánchez tiene una imagen perfecta y es esta: los militares que España desplegó para defender su territorio necesitan que la Policía Nacional y la Guardia Civil vengan a rescatarles de una pedrea. Las Fuerzas Armadas, cuya razón de ser es precisamente que el Estado no tenga que pedir socorro, pidiendo socorro. Si alguien hubiera escrito este guion hace dos meses, le habrían dicho que exageraba. Y sin embargo, aquí estamos.

La asociación ATME lo ha dicho con claridad: los militares estaban desarmados, sin medios de protección adecuados y sin protocolos de actuación. El Ministerio de Defensa ni siquiera ha explicado qué deben hacer sus soldados cuando cuarenta personas les rodean y les atacan en suelo español. Nadie les ha dado instrucciones. Nadie ha previsto que esto pudiera ocurrir. O si lo ha previsto, nadie ha actuado. Y lo que es aún más insultante: ahora se habla de encargarles también la vigilancia de los colegios al inicio del curso. Soldados sin protocolo para defenderse de una pedrea, custodiando patios de recreo.

Hay una pregunta que los ceutíes llevan semanas haciendo y que nadie en el Gobierno se ha molestado en responder: ¿hay alguien al mando? La respuesta la dieron cuatro militares heridos en Benzú cuando marcaron el número de emergencias. Y mientras los ministros se acusan entre ellos de mentir en el Congreso, los militares aprenden a llamar al 112 para defenderse en su propio territorio. Esto no es una crisis migratoria, como nos quiere  hacer creer el Gobierno. Es un Estado que ha dejado de funcionar en una parte de su territorio. Y el presidente que debería impedirlo está como un sonámbulo vagando por La Moncloa.

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