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Marcelino Menéndez Pelayo, escritor y filósofo español del siglo XIX: «Todos los hombres tienen sus horas de niños, y pobre del que no las tenga»

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Último retrato de Marcelino Menéndez Pelayo. Fotografía de Kaulak. Fuente: Wikimedia Commons.
  • Sofía Narváez
  • Periodista multimedia graduada en la Universidad Francisco de Vitoria, con un Máster en Multiplataforma por la Universidad Loyola. Editora en Lisa News con experiencia en CNN y ABC.

Marcelino Menéndez Pelayo resumió su visión sobre la madurez y la infancia en una frase que sigue circulando más de un siglo después: «Todos los hombres tienen sus horas de niños, y pobre del que no las tenga». El erudito cántabro, uno de los intelectuales más influyentes de la España del siglo XIX, defendía que la capacidad de asombro no debía desaparecer con los años.

La cita aparece con frecuencia en recopilaciones de pensamiento español y en redes sociales, y condensa una idea que atraviesa buena parte de su obra, la madurez no exige renunciar a la frescura ni a la curiosidad de los primeros años de vida.

Cómo tener horas de niños en la vida adulta

Recuperar esas horas de niños no exige actuar de forma infantil, sino recuperar la actitud con la que se descubría el mundo por primera vez. Caminar por una ruta nueva, observar los detalles de la propia calle como si fuera la primera vez o hacer preguntas que se dan por sentadas activa la misma curiosidad que Menéndez Pelayo reivindicaba en su frase.

Dedicar un momento del día a observar algo sin juzgarlo como bueno, malo o aburrido ayuda a recuperar esa mirada limpia.

El juego sin propósito cumple una función similar. Dibujar sin buscar la perfección, cocinar con las manos, caminar descalzo sobre el césped o bailar sin pensar en cómo se ve uno son formas de conectar con el placer directo, sin la obsesión por la productividad que domina la vida adulta.

Reservar un bloque de tiempo a la semana donde esté prohibido revisar el correo o planificar el futuro, y dejarse llevar por cuentos, mitología o películas de animación sin buscar una lección de por medio, son maneras concretas de aplicar la idea del filósofo cántabro en el día a día.

Biografía de Marcelino Menéndez Pelayo

Marcelino Menéndez Pelayo nació en Santander el 3 de noviembre de 1856. Mostró capacidades intelectuales extraordinarias desde niño: a los tres años ya recitaba lecturas de memoria y a los doce poseía una amplia colección de clásicos de la literatura. Su carrera académica fue meteórica.

En 1878, con solo 21 años, se convirtió en el catedrático de Historia de la Literatura más joven de la historia de España en la Universidad Central de Madrid, un hito que obligó al tribunal académico a modificar los requisitos de edad mínima.

Ingresó en la Real Academia Española con 24 años y llegó a pertenecer a otras tres academias, de Historia, Ciencias Morales y Políticas, y Bellas Artes. En 1898 asumió la dirección de la Biblioteca Nacional de España y fue nominado en cinco ocasiones al Premio Nobel de Literatura. Su biblioteca personal, con cerca de 40.000 volúmenes, es hoy la Biblioteca de Menéndez Pelayo en Santander, donada a la ciudad tras su muerte.

Entre sus obras más destacadas figuran La ciencia española, escrita con apenas 20 años en defensa de los logros científicos e intelectuales del país, Historia de los heterodoxos españoles, un estudio exhaustivo de los pensadores que se apartaron de la ortodoxia católica en la península, e Historia de las ideas estéticas en España, un análisis enciclopédico del desarrollo del gusto artístico en Europa.

Su rigor filológico sentó las bases para que discípulos como Ramón Menéndez Pidal fundaran la filología hispánica moderna. Menéndez Pelayo murió en Santander el 19 de mayo de 1912, a los 55 años.

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