Nos invaden y, encima, les prestamos un castillo
La invasión de Ceuta de finales de julio ha derivado en una monumental crisis migratoria y, sobre todo, de Estado, porque lo que ha quedado en evidencia es que el Gobierno es incapaz de garantizar la integridad territorial de España. Que Pedro Sánchez y sus ministros minimizaron las advertencias de los servicios de inteligencia y de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado no es una sospecha, sino una evidencia empírica. Con el agravante de que, encima, le seguimos poniendo alfombra roja a Marruecos. Para alfombra roja, por cierto, la que le puso el Ministerio de Defensa el pasado 30 de julio, el mismo día de la invasión.
Y es que el asunto alcanza cotas surrealistas: el mismo día que, por acción u omisión de Rabat, Ceuta (o sea, España) era invadida, el Ministerio de Defensa cedía el castillo de San Carlos, en Palma, para la recepción oficial del Consulado General de Marruecos en Baleares con motivo de la celebración de la Fiesta del Trono en honor del rey Mohammed VI.
El acto estuvo encabezado por el cónsul general de Marruecos en las islas, Zakaria Balga, y reunió a representantes institucionales, diplomáticos, empresarios y miembros destacados de la comunidad marroquí. Sin ánimo alguno de caer en lo soez, esto se parece mucho al dicho popular de la puta y la cama. En suma, un despropósito más grande que un castillo. O sea, el ministerio encargado de la defensa nacional prestándole un castillo al invasor el mismo día del asalto masivo. Para nota. El asunto no tendría mayor importancia, si no fuera porque lo que demuestra es que el Gobierno estaba en Belén con los pastores. O dicho de otro modo: que no las vio venir, pese a que estaba advertido. Si esto lo cuentas por ahí fuera, los ojos se le salen de las órbitas. Y es que no cabe mayor exhibición de estulticia.