España, inexistente con Sánchez, en la actual situación

Sánchez, Pedro Sánchez, PSOE, Gobierno

La tragedia ferroviaria de Cordoba ha suspendido el encuentro previsto entre Sánchez y Feijóo para hablar del despliegue militar en Groenlandia, invocado por el inquilino de la Moncloa como motivo inicial para la cita. Que Feijóo exigió que se ampliara a la «política Exterior y de Defensa» como condición para asistir al encuentro.

Lo cierto es que hablar de «política Exterior y de Defensa» con el sanchismo, que sin duda constituye la esencia de lo que se considera como «política de Estado», es hablar de un oxímoron, es decir de una contradicción existencial. Y no hablamos en sentido figurado, por cuanto la coalición sanchista gubernamental es un virtual Frente Popular social comunista, apoyado por formaciones separatistas cuya identidad política se limita a promover su salida de España rompiendo el Estado español. De tal manera que hablar de políticas «de Estado» con este conglomerado de siglas es materialmente imposible. Basta recordar que las 15/16 siglas reunidas en Sumar tienen en la ideología comunista marxista su común denominador, y mantienen una actitud frente a OTAN que oscila entre la nula simpatía y el absoluto rechazo.

En cuanto a Defensa, es conocido que su deseo sería que pudiera cumplirse lo que en su día había expresado Sánchez como aspiración: «que desaparezca el ministerio». Y podemos recordar la actitud de estas formaciones ante el «rearme militar» promovido por Donald Trump dirigido a los países miembros de la OTAN, para que el gasto financiero de la Alianza Atlántica, así como su personal militar, no recaiga, como hasta ahora, mayoritariamente sobre EEUU.

En cuanto a los partidos separatistas ERC, Junts y Bildu sobran comentarios. Es suficiente recordar lo que afirma el artículo 8.1 de la Constitución respecto a las Fuerzas Armadas: garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y asegurar el ordenamiento constitucional. Es decir, que se trata precisamente de la institución que tiene el deber de hacer frente e impedir lo que ellos desean conseguir. Por unos medios u otros. Con un gobierno que conforma y se apoya en partidos de estas características, es evidente que no puede esperarse que tenga ninguna política «de Estado».

Lo que, si es una exigencia en toda circunstancia, se hace más necesaria e imprescindible es una situación como la actual, en la que el Orden Geopolítico Global vigente desde 1991 se considera extinguido. Encontrándose en pleno debate el Nuevo Orden que le debe sustituir, y que exige como inexcusable condición a los países que se ven afectados -por la geografía, la política ó cualquier otra circunstancia- que tengan clara su identidad política y nacional y su interés general. Es decir, «sentido de Estado», y en consecuencia, tengan una política Exterior y de Defensa a su servicio. Lo que es algo de lo que carece el sanchismo, y que convierte a España en totalmente dependiente de la voluntad y decisiones de terceros países al carecer de voz propia en un escenario internacional como el actual.

Un ejemplo claro e inmediato de lo que decimos, lo tenemos en el motivo por el cual Sánchez quería reunirse hoy con Feijoo. Que es el eventual despliegue de fuerza militar española en Groenlandia, promovido por varios países europeos, y que sus socios y aliados no apoyan. Con Sánchez, España está ausente de los países de la UE que debaten, fijan, y mantienen interlocución en su nombre, respecto de una posición común europea ante las instancias que deciden el nuevo orden geopolítico mundial. Que es sabido actualmente son EEUU y China, aliada a Rusia. Con Trump y Putin la interlocución es inexistente por parte del sanchismo, mientras si la tiene con Xi Jinping, pero España pertenece al hemisferio político occidental, no al extremo oriental chino. Con Hispanoamérica tenemos una relación histórica incuestionable, pero Sánchez está alineado con los progresistas a los que pertenecía Maduro -el Grupo de Puebla-, lo que convierte también en ineficaz cualquier posibilidad de interlocución allí.

En cuanto a Groenlandia, la macro isla glacial, foco «caliente» en la delicada situación actual, la OTAN se encuentra ante una crisis existencial. Desplegando en ella una fuerza militar simbólica, ante una eventual amenaza. Que si procediera de EEUU significaría su final. Al igual que el de la UE.

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