Cada piedra que tiran les retrata

Cada piedra que tiran les retrata
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Resulta sencillamente intolerable que la presentación de la candidatura de Vox a las elecciones madrileñas del 4M se haya visto alterada por la actitud violenta de un grupo de personas  que, al grito de «fuera fascistas de nuestro barrio», han lanzado adoquines contra Santiago Abascal, Rocío Monasterio y Macarena Olona. Lo vivido en Vallecas es consecuencia de esa estrategia de criminalización política perpetrada por la izquierda contra un partido con el que se puede estar o no de acuerdo, pero que ha demostrado una lealtad constitucional incuestionable. Resulta un sarcasmo que un totalitario como Pablo Iglesias y alguien como Pedro Sánchez, que ha perpetrado la mayor traición a España y los españoles arrodillándose ante golpistas y proetarras, sean capaces de dar lecciones de democracia  y estigmatizar a una formación que ha sido votada por 3,6 millones de españoles.

El retrato de esta España en la que la ultraizquierda se arroga la condición de defensora de la democracia y siembra el odio por las esquinas contra los partidos constitucionalistas es la demostración de que el socialcomunismo ha volado los puentes de la convivencia, una estrategia marcada por el sectarismo más recalcitrante y reaccionario. Si para Iglesias y Sánchez la democracia consiste en estrechar lazos con independentistas y los herederos políticos de ETA y abonar el camino de odio e inquina para que los mamporreros del régimen tiren piedras a Vox, habrá que convenir que su forma de entender la democracia rezuma totalitarismo por los cuatro costados.

La izquierda y sus terminales mediáticas pusieron  el grito en el cielo hace días porque un grupo de neonazi increpó  a Pablo Iglesias durante un acto en Coslada. Ahora, cuando un grupo de extrema izquierda exhibe sus instintos más violentos lanzando piedras contra los dirigentes de Vox, dirán que lo ocurrido responde a una provocación de Santiago Abascal por acudir a Vallecas. Lo mismo que dijeron cuando acudió al País Vasco o Cataluña. Esta es la democracia que enseña el socialcomunismo: a pedradas contra la libertad

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