Apuntes de campaña (I)

Apuntes de campaña (I)

Llevamos una semana de campaña electoral que desembocará en unas elecciones cruciales para el devenir de España como nación. Por primera vez en nuestra democracia, los resultados no se analizan desde una perspectiva de “partidos” sino de “bloques”. Quizá, como en el resto de Europa, la llamada “partitocracia” ha fenecido engullida por la lejanía de los partidos, su falta de ofertas, su carencia de compromiso con la realidad y con los ciudadanos. Destaca el atractivo de las encuestas y como estas, cuando no reflejan la realidad al contener cerca de un cuarenta por ciento de indecisos, marcan la agenda de mensajes y gestos. Sobresale Ciudadanos y su desaforada política de fichajes “externos”, con ese mensaje de pescar fuera los peces que no tienen dentro. Despunta el sinfín de banderas nacionales que copan los mítines del Partido Popular, cuando hasta hace pocas fechas, casualmente hasta la fulgurante aparición e VOX en el panorama político, se recomendaba ocultarlas para no ser confundidos con peligrosos “fachas”.

Pero sobre todo prevalece la violencia de una extrema izquierda carente de mensaje, de oferta, de ilusión. La violencia de la izquierda radical con el silencio de la “otra” izquierda. Una violencia verbal y física reflejo del complejo de esa progresía qué derrotada en el debate de las ideas, vencida por el devenir de la historia, muestra su cara de odio, rencor y aversión hacia su contrario, su enemigo, a quien no solo hay que derrotar sino devastar. Para esta izquierda, quien osa contradecirla carece de inteligencia y de moral, no tiene derecho a hablar y se hace imprescindible colocar a su oponente en la diana, a veces de forma literal. Quien se oponga a sus falsos y erróneos axiomas es un “fascista” que sirve a los rastreros intereses creados de la clase dominante. Es la violencia de cambiar los papeles con él asidero del silencio cómplice, donde el “tolerante” y el “demócrata” es en definitiva el “intolerante progre”. Es el reflejo de un no saber perder que en unos casos alienta la violencia, en otros la justifica y gran parte de las veces la practica. Ganar en la calle lo que se pierde en las urnas, la “alerta antifascista” y el “no pasarán”, este último grito tremendamente equivocado, porque pasaron.

Quizá el diagnóstico sea tan sencillo como empezar a asumir que desde que se debate en el mundo de las ideas, la izquierda lleva la violencia en su ADN, pues el mundo de las ideas es incompatible con la revolución permanente, revolución que crea y agita falsas tensiones sociales para desencadenar un cambio de régimen que sojuzgue y someta a la sociedad en el fango de la pobreza, la sumisión y el desaliento. Y la mejor manera de hacerlo es con la violencia para intimidar, callar y si es posible y mediante cualquier medio, expulsar a quienes se opongan a ello mediante ideas y futuro. Mediante libertad.

Y con la aquiescencia del candidato del PSOE, que no está dispuesto a afear la conducta a quienes le auparon a la Moncloa y en pocos días pueden volver a hacerlo. Al PSOE de hoy no le importa que en España se esté generalizando un clima peligroso, coactivo y violento contra la derecha, y para ello se agazapa en el falso mensaje de superioridad moral donde solo ellos son demócratas y quien se atreva a disentir queda como mínimo evidenciado.

Frente a ello, reflexión y valor para el próximo día 28. Por nosotros, la verdadera libertad y España, por esa España viva que reclama su verdadero futuro. El futuro de Víctor Hugo, cuando afirmó que: “El futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable, para los temerosos, lo desconocido y para los valientes la oportunidad”.

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