El ‘apartheid’ del separatismo catalán

El ‘apartheid’ del separatismo catalán

Hace años que la Generalitat practica el apartheid sobre millones de catalanes. Tal y como denuncia el profesor Félix Ovejero en su último libro (Secesionismo y democracia. Página indómita), el proyecto del independentismo es convertir en extranjeros a más de la mitad de la población bajo su dominio y privarles de derechos. Este apartheid se manifiesta en la exclusión lingüística y en el señalamiento social en función de si se apoya o no la causa separatista.

Cuando muchos independentistas dicen que “las calles serán siempre nuestras”, o marcan los edificios públicos y las avenidas con sus símbolos, con las esteladas o las pancartas de ‘Llibertat presos polítics’, están diciendo que en lo que consideran su territorio hay ciudadanos de primera, los que llevan lazo amarillo en la solapa, y otros que no merecen tal condición por no apoyar el proyecto secesionista.

Ovejero, en una conversación que tuvimos hace unos días, lo resumió en pocas líneas: “Piensa en cuando la Generalitat decidió no vacunar a los policías nacionales o a los guardias civiles. Esto es puro apartheid”. Les consideran ‘no ciudadanos’, o ‘elementos hostiles’, y les discriminan. Estas manifestaciones excluyentes no solo se dan en Cataluña. Cuando Eduardo Inda denunció con valentía, durante la presentación del libro El adoctrinamiento escolar en Cataluña (Ediciones Hildy), como en Baleares, y desde hace años, la enseñanza está tomada por el separatismo, y cómo se educa en el agravio contra España, estaba avisando de cómo el problema se estaba extendiendo a buena parte del territorio nacional. Se educa en el ‘apartheid’, desde la superioridad de la comunidad pancatalanista sobre el resto de españoles, a los que se considera inferiores.

En este último libro se ven fotografías de escuelas catalanas con esteladas y lazos amarillos en sus fachadas, de patios con pintadas con mensajes separatistas. Y es que la educación se ha convertido en la principal arma del ‘apartheid’ lingüístico que se vive en esta comunidad autónoma. El español ha sido desterrado como lengua de formación y todas las sentencias judiciales que exigen aumentar su uso en los colegios son incumplidas sistemáticamente por la Generalitat. E ignoradas por los sucesivos Gobiernos de España que no velan por que se ejecuten.

Pero no solo eso. Multitud de ayuntamientos han decidido que su lengua oficial es solo una, el catalán, y no las dos que rigen en la comunidad autónoma. Al extremo que Ada Colau ha llegado a difundir carteles escritos en catalán, urdú, hindú, árabe y otros idiomas, menos en español. Para la líder de los comunes el castellano es una lengua “facha”, de la misma manera que un militar del siglo XIX, el almirante Cervera, también lo era. En el ‘apartheid’ catalán el no seguir la corriente a los separatistas conlleva la condición de “fascista”, “franquista” o, directamente, “nazi”.

Por eso los separatistas insultan impunemente desde TV3. Porque consideran que solo es ‘su televisión’ y que los que son ofendidos, los millones de catalanes no secesionistas, no poseen la condición de conciudadanos. Para buena parte del independentismo no tienen derecho a nada, solo a callar o a coger la maleta e irte. De ahí la tendencia en buena parte del independentismo a invitar al discrepante a largarse de Cataluña. O calladito, o lárgate, es lo que ofrece la CUP, ERC y Junts a los que no comulgan con la estelada.

Cuando, cegados por el clasismo y el supremacismo, un buen número de separatistas se dedican a ir a comercios o bares, para exigir de malos modos que se les atienda en catalán y luego quejarse en redes sociales, violando los derechos lingüísticos de los trabajadores a expresarse en español, idioma oficial en Cataluña, es porque se sienten impunes. Porque cuentan con el apoyo de asociaciones regadas con dinero público, como Plataforma per la Llengua, que les apoyarán en su linchamiento moral a aquellos camareros y dependientes que hablan castellano.

Algún día habrá que decirles que hasta aquí hemos llegado. Y que en España no puede haber un ‘apartheid’ como el que ERC, Junts y la CUP intentan imponer a millones de catalanes no separatistas.

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