100 muertos en la playa mientras Sánchez escucha su ‘playlist’
Un niño sirio de apenas 3 años yace inmóvil sobre la arena húmeda de una playa turca, con la cara parcialmente hundida en la tierra y el oleaje rozando suavemente su cuerpo. Viste una camiseta roja de manga corta, pantalón azul y zapatillas deportivas. Murió ahogado junto a su madre y su hermano de 5 años cuando intentaban entrar en la Unión Europea en un sobrecargado bote inflable que naufragó. Es septiembre de 2015 y esta icónica fotografía del niño Aylan Kurdi va a ser difundida masivamente en pocas horas a través de las redes sociales y los medios de comunicación de todo el mundo, conmocionando a la opinión pública internacional, generando intensos debates sobre las políticas migratorias europeas y abriendo a los refugiados de la guerra de Siria las puertas de muchos países, sobre todo de Alemania. La extrema izquierda mundial culpó del asesinato de Aylan a los gobiernos conservadores de Europa y Canadá, y hubo manifestaciones de protesta por todo el mundo.
La imagen del niño Aylan ahogado en la playa está grabada a fuego en nuestros recuerdos. Así que me va a resultar muy sencillo hacer que te imagines los 150 metros de la playa de El Tarajal, en Ceuta, ocupados de punta a punta por los cuerpos de las más de 100 personas que murieron ahogadas la semana pasada cuando formaban parte de los 100.000 inmigrantes ilegales que invadieron Ceuta alentados por las autoridades marroquíes y con el consentimiento de las españolas que, sabiendo lo que iba a ocurrir, decidieron no hacer nada para impedirlo, haciéndose directamente responsables de esos más de 100 muertos, cuyos cadáveres desbordarían por completo la playa. Pero esa imagen no la vamos a ver por el único motivo de que en España gobierna la extrema izquierda.
Ni hay fotografías de los ahogados, ni siquiera se ha dado una cifra oficial de víctimas mortales. El Gobierno de la Ciudad Autónoma de Ceuta, presidido por Juan Jesús Vivas (PP), elevaba ayer lunes a 88 el número de personas que han aparecido muertas en las inmediaciones del espigón fronterizo del Tarajal. Por su parte, el Gobierno marroquí informó el domingo de que ya había recuperado otros 11 cadáveres en sus aguas. Pero el delegado del Gobierno de Pedro Sánchez en la ciudad autónoma, Miguel Ángel Pérez, dijo el domingo que habían sido 72 los fallecidos al lanzarse al mar para cruzar la frontera entre Marruecos y España, un número que no debe ser tomado muy en serio, teniendo en cuenta que el Gobierno cifra en 50.000 las personas que cruzaron la frontera en dirección a España, mientras que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado informaron a la agencia EFE de que el sábado se habían vuelto ya a Marruecos 69.500 inmigrantes, y el domingo hablaban ya de 73.500, muchos más de los que el Gobierno reconoce que habían entrado.
Con todo, lo único seguro es que el número total de víctimas mortales debe elevarse a más de 100 y ni sus fotografías ocupan las portadas de los medios de comunicación, ni se difunden masivamente por las redes sociales, ni hay protestas, ni manifestaciones, ni la más mínima exigencia de responsabilidades, porque gobierna la extrema izquierda. Al contrario, el equipo de opinión sincronizada pagado por el sanchismo se ha coordinado para alabar la excelente gestión que el líder de la secta saunista, de Pedro el Saunas, ha realizado ante una crisis que, de momento, lleva más de 100 víctimas mortales a sus espaldas. Tan vergonzoso como cierto. Un tupido velo de desinformación ha cubierto los cadáveres de esas 100 víctimas mortales que no le interesan a nadie, lo que permite a Pedro Sánchez darse un baño en la playa de su palacio en La Mareta mientras escucha tranquilamente los éxitos musicales de su playlist sin que nadie le moleste. Ni que decir tiene cómo estarían ardiendo hoy las calles de España si aquí no mandara un gobierno de coalición socialista, comunista, independentista y proetarra. Los más de 100 muertos de la playa de Ceuta no tienen ningún responsable, porque los culpables son de izquierdas.