Avance científico

Un método del CSIC captura nanoplásticos del agua y los convierte en materiales descontaminantes

Dos soluciones en una: el CSIC crea un imán que atrapa el plástico y lo convierte en un filtro anticontaminación

El óxido de hierro atrapa el plástico PET y después absorbe metales pesados y colorantes del agua

Un solo gramo atrapa 10.000 miligramos de nanoplásticos, una capacidad nunca vista hasta ahora

Madrid ensaya una nueva tecnología para atrapar y eliminar los microplásticos del agua residual

  • Antonio Quilis
  • Periodista especializado en información medioambiental desde hace más de 20 años y ahora director de OKGREEN en OKDIARIO. Anteriormente director de El Mundo Ecológico. Colaborador en temas de medioambiente, ecología y sostenibilidad en Cadena Ser.

El sol y el desgaste actúan sobre el plástico como una lija: lo trituran hasta convertirlo en un polvo finísimo e invisible. Son los nanoplásticos, partículas diminutas que ya contaminan los suelos y las fuentes de agua de medio planeta.

Frente a ese problema, un equipo del Instituto de Ciencia de Materiales de Madrid (ICMM), del CSIC, ha diseñado unas nanoflores magnéticas capaces de capturarlos. Un solo gramo atrapa hasta 10.000 miligramos de nanoplásticos, una cifra nunca vista, según el estudio publicado en Chemical Engineering Journal.

Pero el hallazgo va más allá de la captura. Una vez atrapado el plástico, las nanoflores se adhieren a él y forman una nueva plataforma magnética capaz de extraer del agua otros contaminantes, como metales pesados y colorantes orgánicos.

Una lija llamada sol

El material de partida es el PET, o tereftalato de polietileno, uno de los plásticos más usados del mundo. Está presente en botellas, envases alimentarios y en las fibras de poliéster de buena parte de nuestra ropa.

«Cuando acaban su vida útil, gran parte de los plásticos PET termina en el entorno, donde la luz del sol y el desgaste físico actúan como una lija que los tritura», explica Álvaro Gallo-Córdova, investigador del ICMM-CSIC y uno de los autores principales.

El resultado es «una especie de polvo finísimo que contamina nuestros suelos y fuentes de agua», añade el científico. Su tamaño minúsculo —se miden en nanómetros, la millonésima parte de un milímetro— es justo lo que los hace tan difíciles de atrapar: escapan de los filtros convencionales de las depuradoras.

Imagen de microscopio donde se ve el nanoPET con nanopartículas magnéticas. (Foto: CSIC).

Flores de hierro con imán

La solución llega en forma de flor. Las partículas son de óxido de hierro, un material magnético con una gran superficie que le permite atrapar muchos contaminantes a la vez.

«Su estructura en forma de nanoflores permite que las partículas tengan varios núcleos que cooperan para mejorar sus propiedades magnéticas», detalla Gallo-Córdova. Esa cooperación es la clave de su fuerza.

El proceso es sencillo. Las nanoflores se colocan sobre el plástico y se adhieren a él en apenas unos minutos; entonces el residuo se vuelve magnético y basta un imán para retirarlo del agua.

El residuo que limpia

Ahí es donde el equipo da el salto. En lugar de desechar ese plástico ya capturado, lo reutiliza: la unión de nanoflor y nanoplástico se convierte en una plataforma que absorbe metales pesados y colorantes del agua.

No es la primera hazaña de estas partículas. En 2024, el mismo grupo demostró que eran capaces de extraer y degradar microplásticos —de entre 0,001 y 5 milímetros— procedentes de cosméticos.

Todo ello con un notable ahorro de energía. Las nanoflores se calientan con campos magnéticos, sin necesidad de hervir el agua a 90 ºC como en los métodos actuales, y además pueden reutilizarse.

Más barato y más verde

El contraste con lo que se hace hoy es grande. Las plantas de tratamiento emplean procesos a gran escala y de coste elevado, poco eficaces cuanto más pequeño es el contaminante que se quiere retirar.

El nuevo método apunta en la dirección contraria: trabaja en la escala de los nanómetros, se produce con procedimientos verdes y ya se ha escalado a gramos, reduciendo los costes a la mitad.

El resultado es una idea tan elegante como útil: convertir un residuo en la herramienta que limpia otros residuos. Un mismo material captura el plástico invisible y, de paso, deja el agua libre de metales y colorantes.