Animales Buitres ibéricos

Más allá de los fondos buitre: los 4 carroñeros ibéricos que limpian el campo y ahorran millones a España

España alberga el 98% del buitre negro europeo y el 94% del leonado, aves extinguidas en muchos países

Sin estas aves, el ganado muerto sería un foco de enfermedades: son el servicio de limpieza del campo

Aterriza por primera vez en España una especie en peligro de extinción y confirman que es una «rareza»

buitres en españa fondo
Las cuatro especies de buitre en España. Montaje generado por IA.
Antonio Quilis
  • Antonio Quilis
  • Periodista especializado en información medioambiental desde hace más de 20 años y ahora director de OKGREEN en OKDIARIO. Anteriormente director de El Mundo Ecológico. Colaborador en temas de medioambiente, ecología y sostenibilidad en Cadena Ser.

La palabra buitre vuelve a estar en boca de todos. La acampada en la Puerta del Sol de Madrid, que se ha extendido a otras ciudades, ha devuelto al primer plano la expresión fondos buitre para señalar a los grandes inversores de la vivienda.

La protesta, impulsada por el Sindicato de Inquilinas tras el desahucio de Maricarmen, una mujer de 87 años que vivía de alquiler en el mismo piso desde hacía siete décadas, ha vuelto a asociar el nombre de esta ave a la codicia.

Sin embargo, la comparación es injusta con el animal. El buitre no caza, no especula y no se queda con nada que no esté ya muerto. Además, España alberga el 98% de la población europea de buitre negro, el 94% de buitre leonado, el 82% de alimoche y el 66% de quebrantahuesos.

Una mala fama inmerecida

La mala reputación viene de lejos y está incluso en el diccionario. La Real Academia Española recoge como acepción de buitre a la persona «que se ceba en la desgracia de otro», un uso que también existe en portugués e italiano.

De ahí procede el nombre que el mundo financiero da a los fondos que compran deuda o activos en apuros a precio de saldo. La metáfora, sin embargo, falla en lo esencial: el buitre real no provoca la desgracia, la limpia.

Situados en lo alto de la cadena trófica, los buitres retiran del monte los cadáveres antes de que se conviertan en focos de enfermedades. Es un servicio de limpieza gratuito que funciona desde hace millones de años sin pasar factura.

Un ahorro de millones

Su labor tiene también un valor económico. Según SEO/BirdLife, la actividad de los buitres evita el tratamiento e incineración de unas 8.000 toneladas de restos animales al año sólo en España.

Para los ganaderos, esto supone menos camiones recogiendo reses muertas y menos cadáveres quemados en plantas especializadas. La organización calcula un ahorro de millones de euros y cientos de miles de toneladas de CO2 evitadas cada año.

Lo que ocurre cuando faltan se comprobó en la India. Un antiinflamatorio para el ganado, el diclofenaco, hundió sus poblaciones de buitres más de un 95%. Los cadáveres se acumularon, proliferaron los perros asilvestrados y, con ellos, los casos de rabia.

Buitre negro Aegypius monachus
Buitre negro (Aegypius monachus).

Los dos grandes

El buitre negro (Aegypius monachus) es la rapaz más grande de Europa: su envergadura puede alcanzar los 3 metros. De plumaje pardo oscuro y con la base del pico azulada, es una especie forestal que instala sus enormes nidos en encinares y pinares.

El buitre leonado (Gyps fulvus) es el más fácil de avistar. Con más de 2,5 metros de envergadura y entre 6 y 9 kilos de peso, su cuello largo y casi desnudo le permite llegar al interior de los cadáveres. Es, además, una de las aves más longevas de Europa.

Ambos son un ejemplo de recuperación. El buitre negro pasó de 365 parejas en 1986 a más de 2.500 reproductores en 2017, aunque sigue catalogado como vulnerable. El leonado saltó de 2.283 parejas en 1979 a casi 31.000 en 2018.

buitre leonado (Gyps fulvus)
Buitre leonado (Gyps fulvus).

El que se come los huesos

El quebrantahuesos (Gypaetus barbatus) supera los 2,80 metros de envergadura y tiene una dieta única: se alimenta sobre todo de huesos. Cuando son demasiado grandes, los deja caer desde gran altura sobre las rocas para partirlos.

Su aspecto también es inconfundible. Luce una banda negra a modo de antifaz que va del ojo al pico, y el tono anaranjado de su pecho no es natural: lo obtiene bañándose en barro y aguas ricas en óxidos de hierro.

Es el más amenazado de los cuatro y figura como en peligro de extinción en España. Su gran bastión son los Pirineos, con entre 1.200 y 2.000 ejemplares, y se ha reintroducido en Andalucía y los Picos de Europa.

Quebrantahuesos Gypaetus barbatus
Quebrantahuesos (Gypaetus barbatus).

El pequeño viajero

El alimoche (Neophron percnopterus) es el más pequeño y el único migrador. Su plumaje es blanco, con las plumas de vuelo negras y la cara desnuda de un amarillo intenso. Cada otoño cruza el Estrecho para pasar el invierno en el Sahel.

Su pico fino no puede rasgar el cuero de los grandes cadáveres, por lo que aprovecha restos pequeños, huevos e incluso insectos. En África se le ha visto usar piedras para romper huevos de avestruz, una de las pocas aves que emplean herramientas.

En España mantiene unas 1.500 parejas, la mayor población del Paleártico occidental, pero sigue en declive. En Canarias vive una subespecie propia, el guirre, con sólo 74 parejas reproductoras en el último censo.

Alimoche Neophron percnopterus
Alimoche (Neophron percnopterus).

Las verdaderas amenazas

Sus enemigos no son metáforas. El veneno ilegal, los tendidos eléctricos y los aerogeneradores siguen matando buitres cada año, y el alimoche es especialmente sensible a los cebos envenenados.

La falta de comida es otro problema. Tras la crisis de las vacas locas, la retirada obligatoria del ganado muerto dejó a muchas colonias sin alimento, hasta que la normativa permitió de nuevo los muladares y las zonas de alimentación.

Hoy estas aves son también un reclamo para el turismo de naturaleza, porque en buena parte de Europa han desaparecido. España es su gran refugio, y los buitres de verdad trabajan cada día para que el campo siga sano.