Agricultura Olas de calor en Europa

Más días de calor extremo en España: un duro verano reduce una media de un 15 % el rendimiento de las cosechas

El JRC prevé que soja, maíz, patata y remolacha queden por debajo de la media por el calor y la sequía

La Junta calcula 4,9 millones de toneladas de cereal en Castilla y León, un 42 % menos que en 2025

campo sevilla
Campo en Sevilla durante el verano.
Antonio Quilis
  • Antonio Quilis
  • Periodista especializado en información medioambiental desde hace más de 20 años y ahora director de OKGREEN en OKDIARIO. Anteriormente director de El Mundo Ecológico. Colaborador en temas de medioambiente, ecología y sostenibilidad en Cadena Ser.

El verano de 2026 será recordado en el campo como una estación de calor extremo y sequía que ha agostado cultivos, vaciado pastos y dejado las cuentas en rojo en las explotaciones de media Europa, incluida España.

Así lo refleja el último balance del Centro Común de Investigación (JRC) de la Comisión Europea, que sitúa a buena parte de España con más de 15 días por encima de lo habitual, con temperaturas superiores a 35 °C, durante julio y agosto.

España no estuvo sola: Francia e Italia registraron un exceso similar de jornadas de calor extremo y, en menor medida, también Grecia y Croacia. El verano sumó además noches tropicales, con mínimas que no bajaron de 20 °C y apenas dieron tregua a las plantas.

Un campo ya castigado

El sector llegó a ese calor con la cosecha de cereal de invierno ya muy mermada. En junio, ASAJA estimaba una producción nacional de 15,1 millones de toneladas, frente a los más de 22 millones de 2025, en una campaña que calificaba de media-baja.

La organización agraria atribuía el recorte a dos extremos opuestos: la sequía y las altas temperaturas de la segunda quincena de mayo en el centro y el norte peninsular, cuando el grano aún se estaba llenando, y las borrascas de enero y febrero en el sur.

Esas borrascas anegaron durante semanas miles de hectáreas en Sevilla, Cádiz y Córdoba. Como resultado, Andalucía producirá cerca de 1,23 millones de toneladas de cereal, un 24 % menos que el año anterior, según las estimaciones de ASAJA.

Castilla y León, al límite

Castilla y León, primera región cerealista del país, concentra el golpe. La estimación presentada en julio por la Junta apunta a unos 4,9 millones de toneladas de cereal de invierno, un 41,8 % menos que los 8,42 millones de 2025.

La caída equivale a unos 3,52 millones de toneladas menos de grano. A ella se suma un menor esfuerzo de siembra: según ASAJA, la superficie regional bajó de 1.883.000 a 1.650.000 hectáreas, un 13 % menos, ante la falta de rentabilidad del cultivo.

El calor, además, aceleró el calendario. La recolección comenzó hasta quince días antes de lo habitual, según ASAJA de Castilla y León, y lo hizo con unas perspectivas muy preocupantes para los agricultores de la comunidad.

Días de calor anómalos en Europa.
Días de calor anómalos en Europa.

Pérdidas y ayudas

Las organizaciones agrarias de la región calculan que el cereal valdrá unos 980 millones de euros, frente a unos costes de producción de 1.300 millones, lo que arroja pérdidas de alrededor de 300 millones de euros para los cerealistas.

«Trabajando, nos arruinamos», resumió Donaciano Dujo, presidente de ASAJA en Castilla y León. El sector recuerda que el Gobierno aportó 150 millones de euros y reclama a la Junta una cantidad similar en ayudas directas al cereal.

Otras comunidades también acusan la campaña. ASAJA estimaba en junio caídas del 61,3 % en Baleares y del 49 % en la Comunidad de Madrid, donde la cosecha rondaría las 153.000 toneladas, frente a las 170.000 de La Rioja.

Balance del JRC

El análisis europeo, publicado el 28 de septiembre, confirma que el problema trascendió las fronteras españolas. Lo que comenzó como una temporada generalmente favorable cambió con rapidez durante un verano con un número inusualmente alto de días de calor extremo.

Las olas de calor aceleraron el desarrollo de las plantas, que pasaron más deprisa por fases críticas como la floración o el llenado del grano. El JRC calcula que, en las zonas más castigadas, el maíz maduró hasta tres semanas antes de lo normal en algunos puntos.

Con menos tiempo y menos agua, los cultivos formaron granos, tubérculos y mazorcas más pequeños y escasos. En las regiones más afectadas, las plantas envejecieron y se secaron antes de tiempo, con pérdidas importantes de cosecha y, en algunos casos, fracaso total del cultivo.

Rendimientos a la baja

El momento en que llegó el calor marcó la diferencia. Los cereales de invierno habían terminado casi todo su ciclo antes de lo peor y sus rendimientos se mantienen cerca de la media de los últimos cinco años en la Unión Europea (UE), un balance que contrasta con el español.

Los cultivos de verano, en cambio, estaban en plena fase crítica. Las previsiones de septiembre sitúan los rendimientos de la soja un 15 % por debajo de la media, los del maíz verde un 14 % y los del maíz grano un 8 %.

La patata queda un 7 % por debajo de la media y la remolacha azucarera, un 11 %. Ya en julio, el boletín MARS había rebajado el maíz grano a 6,93 toneladas por hectárea, desde las 7,38 de junio, según recogió Reuters.

cosechdoras

Campos abandonados

El impacto sobre la producción total será aún mayor que el de los rendimientos. En algunas de las zonas más castigadas, los cultivos quedaron tan dañados que cosechar dejó de ser rentable y los agricultores abandonaron los campos.

El JRC advierte de que las pérdidas de producción de varios cultivos de verano superarán con claridad el recorte de los rendimientos. El dato por hectárea, ya de por sí negativo, no refleja del todo la magnitud del daño en el conjunto de la cosecha.

El boletín de agosto había señalado las áreas más críticas: Francia, el sur de Alemania, el norte y el centro de Italia, Austria, Chequia, Eslovaquia, Hungría y el oeste de Rumanía, donde se esperaban rendimientos muy reducidos y fallos locales de cosecha.

Riego limitado y alertas

La escasez de agua de riego y las restricciones a su uso agravaron el estrés de los cultivos en varias de esas regiones. En Benelux, Eslovenia y Croacia el impacto fue moderado, con recortes sobre todo en el maíz, especialmente donde no había riego.

Otras zonas quedaron en alerta. El JRC vigilaba el sur de Irlanda, el norte de Alemania y Dinamarca por la falta de humedad en el suelo, y detectó déficits localizados en el sur de Polonia, el oeste de Ucrania y el oeste de Bulgaria.

En España, el mismo boletín de agosto recogió temperaturas localmente muy altas en el norte del país, aunque con efectos limitados sobre los cultivos hasta ese momento. Los cereales de invierno españoles, en cambio, ya habían sufrido condiciones adversas antes del verano.

Menos pasto y forraje

La sequía también pasó factura a la ganadería. Tras un buen comienzo de temporada, el calor y la falta de lluvia secaron los suelos y frenaron el crecimiento de la hierba en buena parte de Europa occidental y central, hasta paralizarlo en algunas regiones.

Al mismo tiempo empeoraron las perspectivas del maíz verde, otra fuente clave de alimento para el ganado. Los ganaderos se encontraron con menos pasto para el pastoreo, menos hierba para el invierno y menos forraje de maíz.

Esta combinación redujo de forma notable la disponibilidad de alimento animal en las zonas más afectadas, hasta el punto de que algunos productores se vieron obligados a reducir el tamaño de sus rebaños, según el JRC.

Girasoles

Preparar el campo

El JRC interpreta este verano como un anticipo de los retos que afrontará el campo europeo a medida que el clima se calienta. El calor extremo y los déficits de lluvia coincidieron en el tiempo y presionaron a agricultores y cadenas de suministro.

Más allá del calor y la sequía, la agricultura europea seguirá expuesta a heladas tardías, lluvias intensas e inundaciones. Bruselas apunta a la Estrategia de Resiliencia Hídrica, la Estrategia Ganadera y el Plan de Acción sobre Proteínas como respuestas a estos desafíos.

El JRC apuesta también por mejorar la vigilancia de los cultivos. Un nuevo método con imágenes del satélite Sentinel-2 permite seguir cada cultivo por separado, con primeros resultados centrados en el maíz. El próximo boletín MARS se publicará el 26 de octubre.