Parece una mosca vulgar, pero se alimenta de sangre y los científicos alertan de que es cada vez más agresiva
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A simple vista pasa desapercibida: es pequeña, oscura y recuerda a una mosca cualquiera. El problema empieza cuando muerde, ya que no pica como un mosquito, sino que corta la piel y se alimenta de la sangre que brota después.
Este insecto es el barigüí, también conocido como mosca negra o jején. En los últimos años se ha expandido por varias regiones de Argentina y su presencia se ha vuelto especialmente intensa tras periodos de calor y lluvias abundantes.
Entomólogos y organismos científicos llevan tiempo observando su comportamiento y alertan de que las condiciones actuales favorecen su proliferación. Si bien no transmite enfermedades, sí genera un problema sanitario y ambiental difícil de controlar.
Qué es el barigüí y por qué aparece ahora
El barigüí es un insecto hematófago, es decir, se alimenta de sangre. A diferencia del mosquito, no introduce una trompa para succionar, sino que utiliza pequeñas piezas bucales para hacer un corte en la piel. Después toma la sangre que sale de la herida, lo que provoca una reacción más dolorosa y duradera.
Su llegada a la provincia de Buenos Aires no es nueva. Los primeros registros importantes datan de principios de los años 2000, cuando colonizó zonas de la cuenca del río Salado.
Desde entonces ha ido ganando terreno, sobre todo tras episodios de inundaciones que facilitan su dispersión desde el norte del país. Cada verano aparece con más fuerza y deja dolor, inflamación y picaduras que tardan días en desaparecer.
Una de las claves de su expansión está en su forma de reproducirse. El barigüí necesita aguas corrientes, bien oxigenadas y con cierto caudal, de modo que ríos y arroyos crecidos tras lluvias intensas se convierten en el entorno perfecto para sus larvas. Esto también lo diferencia del mosquito común, que prefiere agua estancada.
Además, es un insecto especialmente resistente. Los repelentes químicos más usados apenas funcionan, lo que complica la prevención en zonas afectadas.
Por qué preocupa esta mosca y cómo puede afectar
Aunque no transmite virus ni bacterias, el barigüí no es inofensivo. Sus mordeduras generan picazón intensa, inflamación y, en algunos casos, reacciones alérgicas importantes. Al inyectar un leve anestésico, muchas personas no notan la lesión hasta horas después, cuando la zona ya está hinchada.
El mayor riesgo aparece al rascarse. La herida abierta puede infectarse con facilidad y dejar marcas que duran semanas. En niños, personas mayores o con piel sensible, las reacciones suelen ser más severas.
El aumento de su presencia también es una señal ambiental. El barigüí siempre ha estado ahí, pero el calor extremo, las lluvias más intensas y los cambios en los cursos de agua han creado un contexto ideal para su multiplicación. Controlarlo es difícil porque no responde a las estrategias clásicas contra insectos urbanos.
La recomendación de los especialistas es proteger la piel, evitar zonas ribereñas en las horas de mayor actividad y actuar rápido ante una mordedura. Aunque este insecto no es una amenaza invisible, sí es un recordatorio de cómo el clima y el entorno están cambiando.
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