Historia

Un estudio revela que nuestros antepasados comían carne de perro

Carne de perro
Janire Manzanas
  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

En la actualidad, el consumo de carne de perro es una práctica exclusiva de algunas culturas orientales. Sin embargo, un equipo de científicos del Equipo de Investigación de Atapuerca (EIA) ha descubierto que los pobladores de la zona consumieron canes de manera ocasional desde Neolítico hasta la Edad del Bronce. Para llegar a esta conclusión, se han basado en las marcas de actividad humana encontradas en un total de 130 restos óseos de perro en El Portalón de la Cueva Mayor de Atapuerca (Burgos).

Consumo de carne de perro en el pasado

El estudio ha sido publicado en la revista ‘Archaelogical and Anthropological Sciences’, y es la primera evidencia científica que existe de que durante dos milenios los pobladores de El Portalón consumieron carne de perro. Ahora bien, los expertos creen que el consumo era ocasional ya que el número de restos hallados es escaso.

El consumo podría haberse dado en periodos de hambruna o en rituales al considerar la carne de perro un manjar. «Lo que vimos es que los restos con marcas antrópicas que procedían de los Niveles Neolíticos (de entre 7.000 y 4.500 años de antigüedad) eran escasos (23 en total), por lo que creemos que el consumo de perro en aquel momento era incipiente y la hipótesis que barajamos es que fuese un producto exótico o al que se recurría en periodos de hambruna y escasez», explica Nuria García García, una de las investigadoras del proyecto.

Nohemi Sala, investigadora del Centro Nacional de Investigación sobre Evolución Humana (CENIEH), explica que uno de los principales problemas para los paleontólogos fue distinguir los restos óseos de perro de los del lobo.

Las diferencias entre los elementos óseos de ambas especies son mínimas, y uno de los criterios que han permitido diferenciarlos es el tamaño ya que el perro doméstico es más pequeño que el lobo. En los restos óseos se han hallado fracturas intencionales, marcas de corte, alteración por fuego y mordeduras humanas.

Aunque el consumo de canes que se ha detectado ee los niveles Neolíticos de El Portalón es escaso, es una de las evidencias más antiguas que existen en la Península Ibérica. Las pruebas en los niveles del Calcolítico y la Edad de Bronce son más abundantes.

Son pruebas claras de que los pobladores de la Sierra de Atapuerca, a pesar de los cambios sociales, ambientales y culturales, practicaron la cinofagia durante un largo periodo de tiempo.

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