Falsa agresión en Madrid

La falsa denuncia homófoba de Malasaña: “Me bajaron los pantalones y me rajaron en el culo”

Falsa agresión en Malasaña
El portal de Malasaña, escenario de la falsa agresión homófoba.

El pasado domingo 5 de septiembre, a las cinco de la tarde, cuando regresaba de un supermercado en Malasaña, ocho chicos lo abordaron en el portal de su casa al grito de “Maricón, comemierda, asqueroso”. Así arranca la denuncia que cinco horas después de los hechos se interponía en comisaría. Un joven de 20 años le relataba a un agente por qué tenía un parte de lesiones hospitalario que describía que tenía grabado en las nalgas la palabra “maricón”. Su versión de los hechos, que escuchaba estupefacto su propio novio que lo estaba acompañando, era tan falsa como escalofriante.

El chico explicó al policía que le estaba tomando declaración que mientras ocho varones encapuchados lo inmovilizaban en la planta baja de su edificio podía escuchar incluso como alguno pronunció la palabra “anticristo”. El policía miraba de vez en cuando al declarante incrédulo ante lo que estaba escuchando. En un momento dado la declaración cambió de tono ya que los golpes y los empujones dieron paso a una escena digna de “La Naranja Mecánica”. Los ocho encapuchados consiguieron inmovilizarlo en el suelo: “Me bajaron los pantalones, también la ropa interior y me rajaron en el culo”.

Hasta aquí el relato de la agresión en sí misma. Breve, sin aportar muchos detalles y sobre todo adornando de tal manera la apariencia de los asaltantes que se hacía prácticamente imposible su identificación. Sin embargo, pese a su brevedad, la denuncia empezó a tener importantes lagunas a partir del momento en el que los ocho desconocidos le tatuaban la palabra “maricón” en los glúteos. Para empezar el joven lo describió como una agresión fugaz, pero quienes han visto las marcas en el cuerpo del joven aseguran que eso no pudo ocurrir en un par de minutos. Pero hay más.

Una testigo incómoda

Según el joven la agresión cesó porque una vecina del barrio de Malasaña pasó por delante del portal, vio la escena y les llamó la atención a los agresores. ¿Y nada más? Ocho tipos acorralan a un joven de 20 años con navajas, al menos una, y una vecina les llama la atención. Las fuentes policiales consultadas por este diario explican que si un testigo ve una escena así no hay término medio: o llama inmediatamente a la policía o ignora lo que está viendo, pero no les llama la atención y menos consigue que con eso pongan pies en polvorosa, que es lo que aseguraba el joven.

Pero es que lo siguiente en su relato también es curioso. Cuando los atacantes huyeron él no llamó a la Policía. Recogió la compra que había hecho, se vistió, subió las escaleras y llamó a su novio “para que me curara las heridas”. Según la denuncia fue el novio el que se encontró con policías de manera casual a los que les relató lo ocurrido y que estos le aconsejaron acudir a un hospital y luego a denunciar. No hay constancia de que eso ocurriera así pero sí de que juntos fueron a un centro hospitalario y que tras las primeras curas sí acabaron acudiendo a la Policía.

A partir de ahí comenzaron unas pesquisas policiales azuzadas por la necesidad de la clase política de hacer bandera de lo que había sucedido. Sin embargo, la Policía entiende poco o nada de política y desmontaron la mentira de la falsa agresión homófoba en menos de 72 horas. El joven de Malasaña confesó que había mentido y que fue una tarde de sadomasoquismo junto con dos hombres la explicación de que su pareja le viera la palabra “maricón” grabada con un cuchillo en el culo.

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