LUTO EN ITALIA

Berlusconi, el político europeo más odiado por la izquierda española

Baltasar Garzón intentó procesarlo a finales de los 90 con un absoluto fracaso

Silvio Berlusconi: de sus polémicas y escándalos a los herederos de su fortuna

Silvio Berlusconi
Silvio Berlusconi. (Foto: AFP)

Uno de los grandes fiascos del malogrado juez español, Baltasar Garzón, fue intentar procesar hace 25 años a Silvio Berlusconi solicitando la suspensión de su inmunidad parlamentaria en Italia. Pocos recuerdan ya este episodio que sólo sirvió para vislumbrar el sectarismo y la doble vara de medir de la izquierda ideológica que arremete y somete a linchamiento político y mediático a quien gana las elecciones de forma democrática e ignora a quienes literalmente pisotean y machacan los derechos fundamentales de sus ciudadanos como ocurre en muchos países iberoamericanos. 

Berlusconi nunca fue, por tanto, un político que dejara indiferente a la gente. Bien por sus políticas, así como por su vida privada, despertó por igual amor y odio. En diciembre de 2009 resultó herido cuando un hombre, que fue inmediatamente arrestado, le arrojó una estatuilla tras un mitin en la plaza del Duomo en Milán. Ni siquiera tras aquel suceso dieron tregua sobre él. 

Algunos de titulares más controvertidos sobre Il Cavaliere fueron publicados, de hecho, en la prensa española. Una de las grandes razones para ello fue la estrecha amistad que mantuvo con el ex presidente del gobierno español y líder del PP, José María Aznar. Los años de mayor cooperación de las últimas cinco décadas entre España e Italia se produjeron precisamente en el tiempo en que ambos dirigentes manejaron las riendas de sus respectivos países. 

Berlusconi apoyó a Aznar, y viceversa, durante las negociaciones del Tratado de Niza que establecieron el reparto de poder en Bruselas. Pactaron posteriormente una posición común sobre la UE que sirvió para la creación de la figura del actual presidente del Consejo Europeo como refuerzo de equilibrio entre las instituciones europeas. Y así hasta llegar a ser los padres de la moderna derecha española e italiana como auténticas máquinas de victorias electorales. Aznar dijo de él que era «amigo y aliado». 

La única diferencia entre el español y el italiano es que el primero se retiró de la primera línea de la política y sus adversarios le dejaron en paz. No así con el segundo que llegó a decir en 2010 que Europa había «perdido personalidad» tras la marcha de la escena de dirigentes como Aznar y Tony Blair en el Reino Unido. 

Los políticos de izquierda y buena parte de la prensa internacional, hicieron con Berlusconi lo mismo que han hecho en los últimos años con Donald Trump: acusarlo de convertir a su país en un hazmerreír internacional por sus comportamientos para debilitarlo políticamente. Sin embargo, los seguidores de Berlusconi, como los seguidores de Trump, siempre creyeron que esas acusaciones fueron falsas o exageradas y siempre tuvieron un efecto boomerang.

La agenda de Berlusconi también se vio ensombrecida por los escándalos sobre su vida privada, como los supuestos pagos a mujeres que habían sido invitadas a fiestas privadas. A pesar de sentir el peso de la justicia y sus consecuencias políticas sobre sus hombros, nunca tiró la toalla. 

Silvio Berlusconi denunció que los ataques recibidos de la prensa eran fruto de la desesperación de la izquierda. En varias ocasiones denunció la campaña de odio y mentiras en su contra: «La izquierda está desesperada, de los sondeos se ve que perderá y por ello reacciona organizando una campaña de odio mentiras, atribuyendo intenciones que no tenemos», dijo hace 20 años en unas declaraciones que bien podrían repetirse en la actualidad.

Idolatrado por unos y odiado por otros, a día de hoy Italia vive su período más estable y próspero de la última década tras la llegada al poder de dos de los hijos políticos de Il Cavaliere: Giorgia Meloni y Matteo Salvini

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