GROENLANDIA

Así son los inuit, el pueblo de Groenlandia que vive entre el hielo y el interés de las grandes potencias

Un pueblo indígena atrapado entre la tradición milenaria y la pugna estratégica entre Estados Unidos y Europa por el control del Ártico

Así son los inuit, el pueblo de Groenlandia que vive entre el hielo y el interés de las grandes potencias
Pescadores inuit cerca de Ilulissat, Groenlandia. (Foto: Getty Images)
Marta Torres
  • Marta Torres
  • Corresponsal internacional. He escrito en La Razón, El Mundo, Wall Street Journal Edición Américas.

Los inuit son el pueblo indígena de Groenlandia y uno de los grupos humanos que mejor ha sabido adaptarse a las condiciones más extremas del planeta. Su historia, su cultura y su modo de vida están íntimamente ligados al hielo, al mar y al Ártico, una región remota que en la actualidad se ha convertido en un escenario central de la rivalidad geopolítica internacional.

En la isla ártica de Groenlandia, donde se llaman kalaallit, los inuit representan cerca del 90% de la población y mantienen una identidad propia marcada por la combinación de tradiciones ancestrales, autogobierno político y una creciente presión internacional sobre su territorio, situado en el centro de la disputa estratégica entre Estados Unidos y Europa.

Además de en Groenlandia, los inuit viven también en Canadá y Alaska, y se identifican con distintos nombres según su dialecto y su identidad regional. En Groenlandia se utilizan los términos Kalaallit (habitantes del oeste), Inugguit (del distrito de Thule) e Iit (del este de la isla). En Canadá, las denominaciones más habituales son Inuvialuit, Inuinnaat e Inuit. En el norte de Alaska se emplea el término Iñupiat, mientras que en el suroeste se utilizan Yupiit y Cupiit. En Chukotka, en el extremo oriental de Rusia, y en la isla de San Lorenzo (Alaska), aparecen otras denominaciones como Yupiget, Yupik y Sugpiat.

Un pueblo forjado en el Ártico

Los antepasados de los inuit llegaron a Groenlandia hace más de 1.000 años, procedentes del norte de Canadá, atravesando el Ártico en sucesivas migraciones. En un entorno marcado por temperaturas extremas, largos inviernos y una naturaleza hostil, desarrollaron una cultura basada en la supervivencia, la cooperación y un profundo conocimiento del entorno.

La escasez de vegetación y la ausencia casi total de agricultura obligaron a los inuit a depender casi por completo de la caza y la pesca, actividades que marcaron su organización social, su tecnología y su visión del mundo.

Caza, mar y hielo

La alimentación tradicional inuit se sustentaba en el caribú, las focas, las morsas y distintas especies de ballenas, además de peces y aves marinas. Cada parte del animal era aprovechada: la carne como alimento, la grasa como combustible y las pieles para fabricar ropa, refugios y embarcaciones.

Para la caza de focas utilizaban arpones, ya fuera desde el hielo o desde el kayak, una embarcación individual recubierta de pieles, diseñada para moverse con agilidad entre el hielo marino. La caza de ballenas se realizaba de forma colectiva desde el umiak, una embarcación de mayor tamaño capaz de transportar a varios cazadores.

De colonia danesa a autogobierno

Durante siglos, Groenlandia fue gobernada desde Copenhague. En 1979 obtuvo un régimen de autonomía, que se amplió en 2009, permitiendo a los inuit gestionar ámbitos clave como la educación, la sanidad y los recursos naturales.

Dinamarca conserva el control de la defensa y la política exterior, lo que sitúa a Groenlandia dentro del marco europeo, mientras que la independencia total es un objetivo compartido por la mayoría de los partidos groenlandeses, aunque con diferencias sobre el ritmo y las condiciones para alcanzarla.

La pugna de EEUU y Europa

La isla se ha convertido en una pieza estratégica clave en la rivalidad entre Estados Unidos y Europa. Washington considera Groenlandia fundamental para su seguridad nacional, especialmente por su ubicación en el Ártico, su papel en la defensa antimisiles y la presencia de la base estadounidense de Pituffik (antigua Thule).

Estados Unidos ha mostrado en los últimos años un interés creciente por reforzar su influencia directa en la isla, llegando incluso a plantear públicamente la posibilidad de anexionarse Groenlandia, una idea que provocó un choque diplomático con Dinamarca y el rechazo frontal de las autoridades groenlandesas.

Europa, por su parte, defiende que Groenlandia forma parte del Reino de Dinamarca y, por tanto, del espacio político europeo, y ha reforzado su discurso sobre la soberanía, la autodeterminación inuit y la cooperación multilateral frente a las presiones unilaterales de Washington.

Recursos estratégicos

Bajo el hielo de Groenlandia se encuentran tierras raras, níquel, cobre y otros minerales críticos, esenciales para la transición energética, la industria tecnológica y los sistemas de defensa. El deshielo acelerado está facilitando el acceso a estos recursos y abriendo nuevas rutas marítimas, lo que intensifica la competencia entre potencias.

En este contexto, los inuit se sitúan en el centro de una batalla geopolítica que no controlan, pero que afecta directamente a su futuro político, económico y cultural.

El níquel y el cobre son esenciales para la fabricación de vehículos eléctricos, baterías y sistemas de energías renovables, mientras que el zinc desempeña un papel clave en la construcción y protección de infraestructuras estratégicas. El granito, por su parte, tiene un elevado valor industrial y arquitectónico, tanto para obra pública como para grandes proyectos internacionales.

Además de los minerales, Groenlandia cuenta con enormes recursos pesqueros y un potencial todavía poco explotado en hidrocarburos, aunque estos últimos están sujetos a fuertes restricciones medioambientales. El deshielo provocado por el cambio climático está facilitando el acceso a zonas antes inaccesibles y abriendo nuevas rutas marítimas en el Ártico, lo que incrementa aún más el valor económico del territorio.

En un contexto de competencia global por las materias primas y de dependencia occidental del suministro chino, los recursos naturales de Groenlandia se han convertido en un activo estratégico de primer orden. Esta riqueza explica la creciente presión de potencias como Estados Unidos, la Unión Europea, Rusia y China, y sitúa a la isla en el centro del debate sobre soberanía, desarrollo y autodeterminación del pueblo inuit.

 

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