El hábito cotidiano de un emperador romano que hoy sería viral
Hay algunos emperadores de la historia de Roma que hoy serían virales e incluso influencers. Aquí te contamos uno de ellos.
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Si hoy un jefe de Estado apareciera en redes hablando sin tapujos de orina, probablemente internet explotaría. Memes, hilos, debates infinitos y frases convertidas en camisetas. Pues bien: hace casi dos mil años, un emperador romano no solo hablaba del tema, sino que lo convirtió en una política pública cotidiana. El protagonista fue Vespasiano, y su hábito diario sería hoy carne de viralidad absoluta.
Vespasiano fue un buen emperador entre los años 69 y 79 d.C., en una Roma que estaba devastada tras guerras civiles. Su respuesta no fue el lujo ni la épica, sino algo mucho más terrenal: orden, ahorro… y aprovechar absolutamente todo.
Un emperador sin glamour (y sin complejos)
A diferencia de otros emperadores más teatrales, Vespasiano tenía fama de austero, directo y poco dado a las apariencias. No se esforzaba en parecer divino ni en construir una imagen grandilocuente. Prefería caminar por Roma, escuchar a la gente y, sobre todo, reparar una economía destrozada.
Y aquí entra su hábito más famoso: revisar y defender personalmente el impuesto sobre la orina. Sí, has leído bien. En la Roma antigua, la orina era un recurso valioso. Se utilizaba en las fullonicae, talleres donde se limpiaban y blanqueaban las togas gracias al amoníaco que contiene. Para ello, se colocaban recipientes en las calles y letrinas públicas donde los ciudadanos orinaban gratuitamente… y luego alguien hacía negocio con ello.
Orina, impuestos y sentido común
El emperador instauró un impuesto sobre la recogida de orina. Los recolectores debían pagar por ese “recurso” que luego revendían a los talleres textiles. Lo interesante no es solo la medida, sino que Vespasiano hablaba de ella con total naturalidad, la defendía en público y la consideraba parte lógica de su gestión diaria.
Cuenta la tradición que su propio hijo, Tito, le reprochó lo poco elegante que resultaba financiar el Imperio con algo tan desagradable. Entonces Vespasiano le acercó una moneda a la nariz y le preguntó si olía mal. Ante la respuesta negativa, soltó la frase que pasaría a la historia: pecunia non olet (“el dinero no huele”).
Hoy esa escena sería un clip viral asegurado.
Un hábito cotidiano, no una rareza
Lo importante es que este no fue un gesto puntual. Vespasiano revisaba regularmente los ingresos, hablaba de impuestos sin pudor y tenía una relación muy directa con la administración económica. Para él, gobernar no era posar, era asegurarse de que el sistema funcionara, aunque eso implicara ensuciarse las manos, literal o metafóricamente.
En una época en la que muchos líderes prefieren no mencionar temas incómodos, Vespasiano hacía justo lo contrario: los ponía sobre la mesa y los normalizaba. Si hoy existieran redes sociales, probablemente tendría fama de “político sin filtro”.
Por qué hoy se haría viral
Este hábito cotidiano lo tendría todo para triunfar en internet:
- Lo inesperado: nadie espera que un emperador hable de orina.
- Lo cotidiano: todos orinamos; Roma lo convirtió en economía circular.
- La frase perfecta: pecunia non olet es un eslogan redondo.
- El choque cultural: lujo imperial frente a pragmatismo absoluto.
Imagina los titulares: “El emperador que salvó la economía con pis”, “Cuando gobernar significaba aprovechar hasta la orina” o “Vespasiano, el líder que monetizó lo que otros tiraban”.
Más allá del chiste: una mentalidad muy romana
Aunque hoy nos haga sonreír, este hábito refleja algo profundo de la mentalidad romana: el pragmatismo extremo. Para los romanos, lo útil estaba por encima de lo decorativo. Si algo servía, se usaba. Si generaba ingresos, se gravaba. Y si era cotidiano, no había por qué ocultarlo.
Vespasiano aplicó esa lógica a todo su gobierno. Redujo gastos innecesarios, eliminó privilegios absurdos y reorganizó la administración. Gracias a ello, dejó un Imperio mucho más estable del que había recibido.
El contraste con nuestra época
Hoy vivimos obsesionados con la imagen, el relato y el impacto visual. Muchos hábitos reales de los líderes quedan ocultos tras equipos de comunicación. Vespasiano, en cambio, no separaba lo público de lo práctico. Su rutina incluía hablar de dinero, de impuestos y de recursos sin adornos.
¿Un emperador influencer?
Si lo piensas bien, Vespasiano tenía rasgos que hoy asociaríamos a un influencer atípico: autenticidad, mensajes claros y cero postureo. No buscaba agradar, buscaba funcionar. Y esa coherencia es justo lo que suele enganchar en redes, aunque sea por sorpresa.
Probablemente no sería el más querido, pero sí uno de los más comentados. Y cada vez que alguien intentara ridiculizarlo, él respondería con la misma calma de siempre: el dinero no huele, pero salva imperios.
Una lección que sigue vigente
Puede que hoy no gravemos la orina, pero seguimos debatiendo sobre reciclaje, impuestos incómodos y economía circular. En ese sentido, Vespasiano estaba siglos adelantado a su tiempo.
Y quizá por eso, si hoy viviera entre nosotros, no necesitaría campañas ni discursos épicos. Le bastaría con una frase sencilla, repetida una y otra vez en memes, camisetas y titulares: pecunia non olet.
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