Curiosidades

Los mayores bulos históricos que millones de personas siguen creyendo

Hay muchos bulos históricos que millones de personas siguen creyendo, cosas que no sucedieron o no de la forma en que se cuentan.

Curiosidades de la historia que no conocías

Grandes mentiras que todavía seguimos creyendo

Curiosas leyes antiguas que hoy serían imposibles de aplicar

Mitos históricos
Santa Inquisición.
Francisco María
  • Francisco María
  • Colaboro en diferentes medios y diarios digitales, blogs temáticos, desarrollo de páginas Web, redacción de guías y manuales didácticos, textos promocionales, campañas publicitarias y de marketing, artículos de opinión, relatos y guiones, y proyectos empresariales de todo tipo que requieran de textos con un contenido de calidad, bien documentado y revisado, así como a la curación y depuración de textos. Estoy en permanente crecimiento personal y profesional, y abierto a nuevas colaboraciones.

Nos pasamos media vida repitiendo relatos del pasado con la absoluta tranquilidad de quien recita una verdad matemática. La cultura popular, sazonada por el cine de sobremesa, las novelas históricas de quiosco y los chistes recurrentes, ha construido un relato paralelo que se asienta en nuestra memoria con la consistencia del granito. Sin embargo, cuando uno desempolva los documentos originales, contrasta las crónicas de la época y conversa con historiadores de trinchera, descubre que la realidad suele ser bastante más compleja y, sobre todo, mucho más interesante que los mitos cómodos que consumimos por inercia.

La Tierra plana o no

Tomémonos por ejemplo el eterno dilema desde la Edad Media, esa época oscurecida que la ilustrada modernidad se afanó en pinta con los colores más sombríos posibles. Por generaciones nos enseñaron la convicción de que los hombres y mujeres que habitaban antes del Renacimiento creían de forma ineludible que la Tierra era una bandeja de plata y que los individuos estaban horrorizados ante la posibilidad de desplomarse por el borde del abismo cuando se alejaban de la costa.

Pero la verdad histórica desvive a este farsante con una evidencia impresionante. Cualquier persona culta desde Grecia antigua supo exactamente que el mundo era esférico; y los intelectuales mediúmnes, desde san Isidoro de Sevilla hasta Tomás de Aquino, poseían los mismos datos geométricos sin que ninguno temiera deslizarse por el vacío cósmico. El conocido debate que Colón sostuvo en Salamanca no abarcaba el tipo del globo terrestre, de lo cual nadie había cuestionado, sino las proporciones exactas de la esfera terrestre y la operatividad técnica de alcanzar las Indias orientales haciendo navegar hacia el este con las naves de la época.Tierra

Las luchas de gladiadores

Esa misma propensión a simplificar los hechos históricos impregna nuestra visión de la antigüedad clásica y de sus momentos más trágicos. Pensemos en los coliseos romanos, en el fragor de las luchas de gladiadores y en esa imagen tan repetida de un emperador decidiendo la vida o la muerte de un combatiente herido mediante el famoso gesto del pulgar hacia abajo.

El cine de Hollywood grabó a fuego en nuestra retina colectiva que un dedo apuntando al suelo equivalía a la ejecución fulminante sobre la arena. Los textos latinos y los relieves conservados cuentan una historia completamente distinta. Aquel ademán, conocido como polpressus, simbolizaba en realidad una espada oculta o envainada, lo que significaba perdonar la vida al vencido para que pudiera seguir luchando en otra jornada.

Para ordenar la muerte sin contemplaciones, la grada exigía el pulgar hacia arriba, estirado o apuntando al pecho, imitando la estocada mortal. Hemos vivido toda la vida aplaudiendo la ejecución de los vencidos cuando en realidad estábamos pidiendo exactamente lo contrario.

La Santa Inquisición

Saltando unos cuantos siglos en el calendario, nos topamos con otro de los grandes iconos de la maldad institucional: la Inquisición española. La propaganda protestante del siglo XVI y la Ilustración posterior tejieron una leyenda negra tan eficaz que hoy día seguimos imaginando los tribunales del Santo Oficio como factorías industriales de la tortura en masa, donde miles de inocentes ardían en la hoguera cada semana por el mero hecho de pensar de manera diferente.

Los archivos modernos, estudiados sin pasiones ideológicas por investigadores de diversas nacionalidades, han puesto cifras reales a aquel periodo oscuro, revelando un panorama que choca frontalmente con el mito popular. Aunque los métodos procesales eran durísimos y el control ideológico resultó asfixiante, el porcentaje de condenas a muerte ejecutadas era estadísticamente muy inferior al de los tribunales civiles de la misma época en Inglaterra, Francia o Alemania, donde la caza de brujas segaba vidas por millares sin necesidad de tantos formalismos jurídicos.

La caída real de la Bastilla

Ni siquiera los símbolos más cercanos de la rebelión y el ingenio humano se libran de esta falsificación constante. Cuando se evoca la caída de la Bastilla, el imaginario colectivo nos sitúa ante una fortaleza abarrotada de presos políticos, tiranizados por el absolutismo monárquico hasta que el pueblo enfurecido irrumpió para liberar a las víctimas de la opresión.

La realidad administrativa de aquel 14 de julio de 1789 destila una ironía digna de una comedia negra. Al cruzar los muros derruidos, los revolucionarios descubrieron que en las celdas apenas malvivían siete reclusos: cuatro falsificadores de moneda, dos dementes y un aristócrata encerrado a petición de su propia familia por escándalos de conducta. El temible bastión del despotismo no era más que un caserón semivacío cuyo mantenimiento costaba una fortuna a la corona.Revolución francesa

A modo de conclusión

Desmantelar estas ficciones no busca arruinar el encanto de los grandes relatos, sino devolverle al pasado su textura auténtica. Las mentiras históricas suelen perdurar porque nos ofrecen certezas sencillas en un mundo demasiado complejo, colocando a los buenos y a los malos en casillas perfectamente etiquetadas.

Preferimos el relieve plano de la leyenda antes que la rugosidad incómoda de la verdad documentada. Aceptar que las cosas ocurrieron de otra manera nos obliga a mirar la historia sin filtros infantiles, comprendiendo que el ser humano lleva milenios equivocándose, exagerando y construyendo mitos exactamente igual que lo hacemos nosotros hoy.

Lo último en Historia

Últimas noticias