En el siglo XX era una comida de pastores para pasar la jornada: hoy pocos las consumen y hasta llegaron a estar prohibidas
Castilla-La Mancha tiene infinidad de platos ligados a los pastores y todos se caracterizan por ser muy contundentes y utilizar productos de proximidad. Pero hay un manjar con una historia inigualable: las gachas manchegas.
No sólo fueron una comida ligada al mundo pastoril y a la gente de campo, sino que en España llegaron a estar oficialmente prohibidas. Todo porque uno de sus ingredientes principal estaba considerado ilegal.
De todas formas, las gachas manchegas siguieron consumiéndose en comunidad ya que si algo caracteriza a este manjar es que sólo necesitan pan para acompañar y ganas de llenarse el estómago.
Por qué las gachas manchegas eran un manjar de los pastores
Hay muchas recetas de gachas manchegas pero lo que siempre tienen en común es que son un plato contundente y que te va a dejar el estómago lleno durante horas.
Su base es una crema densa hecha con harina de almortas, agua, aceite, sal y ajos. A partir de ahí entran los tropezones que más te gusten, especialmente chorizo, panceta, tocino, papada o incluso morcilla y picadillo de cerdo, según la versión.
Lo mejor que puedes hacer para disfrutarlas es comer el plato caliente y en el momento. Unas horas después siguen estando sabrosas, pero son más difíciles de degustar.
La idea no es que te sirvas un platito, sino que puedes comerlo directamente del perol con tus amigos o con tu familia. De hecho, mojar las gachas en pan es prácticamente imprescindible.
Por qué las gachas manchegas llegaron a estar prohibidas en España
Lo más llamativo de esta receta manchega no es que naciera entre pastores, sino que durante años su consumo estuvo prohibido en España, y la culpa fue de un ingrediente.
Las gachas manchegas se elaboraban tradicionalmente con harina de almortas, también conocida como guija, pito o tito.
Esa harina procede de una leguminosa que triunfó en nuestro país porque era barata, rendía mucho y permitía preparar una comida contundente con pocos ingredientes.
Sin embargo, la almorta quedó asociada al latirismo, una enfermedad neurotóxica vinculada a su consumo excesivo. Por ese motivo, en 1967 se prohibió su consumo humano, lo que dejó a las gachas en una posición muy delicada.
Curiosamente desde 2018 se ha vuelto a autorizar su uso, pero siempre dentro de un consumo controlado. Es decir, no hay que comerlas a diario, pero pueden incorporarse en pequeñas dosis como parte de un plato tradicional.
Por qué las gachas manchegas son el plato más contundente para los pastores
Cada comunidad autónoma tiene más de una receta ligada al campo, pero lo que hace a las gachas manchegas inigualables es su aporte calórico. Y es que la lista de ingredientes mete miedo a cualquier nutricionista.
Primero se fríen los ajos, la panceta o el chorizo para que suelten grasa y den sabor a la sartén. Después entra la harina, que debe tostarse y moverse bien para evitar grumos.
Más tarde se añade el agua y se remueve hasta que la mezcla espesa y queda lisa, con una textura parecida a una bechamel ligera.
Lo último es el pimentón para que el plato tenga color y los trozos de carne por encima. El objetivo es ligar la suavidad de la crema con los bocados de grasa y carne.