Sánchez se opone a condenar a Maduro

Pedro Sánchez
Pedro Sánchez y el dictador venezolano Nicolás Maduro.

La estrategia de Ciudadanos es actuar como si aún acumulara una cincuentena de escaños y no escasamente diez. Por eso, todos los días un plátano, es decir, si se puede, cada veinticuatro horas una iniciativa que puede llenar páginas de periódico y grandes minutos de radio y televisión.

La última tiene verdadero interés: la diputada Marta Martín ha remitido un escrito a todos los grupos parlamentarios del Congreso. Un escrito, con vocación de declaración institucional, para condenar al régimen de Nicolás Maduro por impedir que Juan Guaidó y los asambleístas venezolanos, perfectamente legítimos, accedieran al edificio de la institución, utilizando además para ello métodos coercitivos policiales. La iniciativa está desde luego cargada de intencionalidad política. Ya está apoyada expresamente por el PP, por Vox y por algún representante unipersonal del Grupo Mixto, se supone que UPN y también Coalición Canaria que, como es conocido, guarda un especial vínculo con todo lo que se refiere a aquella nación iberoamericana.

Martín envió el documento al correo del portavoz adjunto del PSOE, Rafael Simancas, pero este infortunado personaje, al que en círculos reducidos de su partido se le adjudica una fama de cenizo, lo más que hizo es contestar indicando que “pasaría el informe para un estudio detallado”, lo que viene a significar que lo transportó a algún lugar recóndito donde duermen el sueño de los injustos todas las propuestas que no agradan el prócer supremo, Pedro Sánchez. Y naturalmente, no hay contestación porque el PSOE no va a introducir un elemento de división y de crispación en sus relaciones con sus conmilitones de Gobierno, los soviéticos caribeños de Pablo Iglesias.

Podemos, engrasado tradicionalmente por el comunismo de Venezuela, no admitiría en forma alguna que el Parlamento español colocara siquiera una pequeña mácula sobre aquel despótico régimen, por lo que la idea de Ciudadanos no va a prosperar porque las “declaraciones institucionales” deben ser aprobadas por unanimidad de todos los diputados.

No saldrá adelante, pero tendrá una enorme virtualidad: que todos y cada uno de los parlamentarios tengan que “retratarse” públicamente en el menester, algo que, con toda seguridad, pondrá en evidencia a Sánchez y a sus ciento y pico corifeos. Será la primera vez en que Sánchez evidenciará el apoyo que todavía indirectamente mantiene al autócrata del Caribe. Algunos de sus socios en la moción de censura y ahora en la reciente investidura tendrán también que pronunciarse en uno u otro sentido. Es el caso de los “aprovechateguis” nacionalistas vascos que sostienen grandes relaciones con sus paisanos que aún permanecen en Venezuela.

Hay que recordar que el antiguo portavoz Iñaki Anasagasti, nacido en Caracas, se ha pronunciado en cientos de ocasiones contra aquel régimen tiránico y que el propio partido ha instado repetidamente a Maduro a abandonar el poder “de forma inmediata y pacífica”. No sería mínimamente presentable que, en este momento, y por no enojar a Sánchez, el PNV se situara al lado de los leninistas que se han nutrido tradicionalmente de los regalos de Chávez, Maduro y sus compañeros sátrapas.

En resumidas cuentas, lo que pretende Ciudadanos con esta iniciativa es lo mismo que lo que ya ensayan tanto el PP como VOX: escenificar las “contradicciones objetivas” (nunca unos términos marxistas fueron tan adecuados) entre Sánchez, su PSOE residual y sus aliados comunistas de coyuntura. Esta iniciativa no viajará sola. En muy poco tiempo, el Parlamento español tendrá que tomar posición sobre un asunto cercano y de trascendencia internacional que afecta directamente a España. Me refiero al adelanto hecho por el Frente Polisario, al que se creía ya fenecido, pero ya se verá que no lo está, de volver a tomar las armas y poner en solfa los incumplimientos, sobre todo por lo que se refiere a la consulta popular, del Reino de Marruecos.

El enfrentamiento a campo abierto ya no lo discute nadie en el ámbito universal, pero representará un conflicto para España que en este momento mantiene unas relaciones estupendas con el rey marroquí. Este problema y el antedicho son paradigmas de las constantes discrepancias que ya se están produciendo y que se van a producir todavía en mayor medida entre Sánchez y sus comunistas del Frente Popular.

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