¿Quién era el Elefante blanco del 23-F?: el misterio sobre el golpe de Estado que no ha sido resuelto

El 23 de febrero de 1981, España vivió uno de los episodios más dramáticos de la transición: el intento de golpe de Estado protagonizado por el teniente coronel Antonio Tejero, que irrumpió en el Congreso de los Diputados durante la investidura de Leopoldo Calvo-Sotelo como presidente del Gobierno. Entre los numerosos elementos que han rodeado ese histórico evento, uno de los más discutidos ha sido la identidad del llamado Elefante Blanco, un personaje cuya presencia y función generó décadas de especulación.
La expresión proviene de una tradición antigua del reino de Siam (actual Tailandia), donde los elefantes blancos eran animales sagrados regalados por el monarca. En el contexto del 23‑F, se utilizó simbólicamente para aludir al personaje que los golpistas esperaban ver asumir el control político tras el golpe, un individuo que debía legitimar su acción y dirigir el país bajo su supervisión.
Durante años, el nombre más asociado al Elefante Blanco fue el del general Alfonso Armada y Comyn, fallecido en 2013. Armada, de filiación militar y estrechos vínculos con la monarquía, fue considerado por historiadores como el posible candidato que los golpistas habrían querido colocar al frente de un Gobierno impuesto tras la irrupción en el Congreso. Sin embargo, él siempre negó haber buscado ese papel, y sostuvo que su presencia aquella noche obedeció a órdenes superiores y a la intención de mediar para intentar «acabar con el secuestro» del Parlamento.
La interpretación del papel de Armada ha generado debate durante décadas. Mientras algunos historiadores señalan que su perfil y sus contactos lo convertían en la figura idónea para que los golpistas legitimaran su movimiento, otros subrayan que su implicación real fue limitada y que nunca hubo intención de asumir el mando de un Gobierno paralelo.
Uno de esos expertos es Jesús Palacios, que cuenta cómo el día que se quiso perpetrar el golpe de Estado, el Rey emérito Juan Carlos I llamó al general Alfonso Armada, quien estaba junto a Tejero. Según cuenta Palacios, el emérito le dijo a Armada que consiguiera por «todos los medios» entrar en el hemiciclo para ser presidente.
El Elefante Blanco sigue siendo un misterio en la historia reciente de España porque, más allá de las especulaciones, no existen documentos concluyentes que aclaren la intención real de los golpistas respecto a Armada ni la posibilidad de que éste hubiera aceptado un papel de liderazgo. El término, por tanto, ha permanecido en el imaginario colectivo como símbolo de un actor clave y a la vez desconocido, cuya sola existencia proyecta sombras sobre uno de los momentos más delicados de la transición democrática española.
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