Crónica de campaña

Podemos se esfuma entre argentinos y psicólogos

Podemos
Iglesias acompañado de su gurú, Pablo Gentili, llegando al debate electoral en Atresmedia. Foto: EFE

Ni siquiera la facundia del que se presenta -y a lo mejor lo es- como "jefe del gabinete" de Pablo Iglesias, está impidiendo que las encuestas de Podemos, incluso las internas, le avecinen un gran rapapolvo electoral. El tal jefe, Paolo Gentili, se hace llamar ahora Pablo, quizá para que los propios militantes del partido le perdonen su aterrizaje americano en la formación comunista. Porque Gentili, aparte de leninista, rama populista, es, como él dice proclamarse, latinoamericano, pero en Podemos le denominan más castizamente la "Cotorra argentina", apelación a esos pájaros destrozones que están acabando con la flora del Retiro madrileño. Gentili forma con la pamplonesa Ione Belarra, el dúo que se encarga de formalizar las propuestas electorales de la pareja Iglesias-Montero. En Podemos realmente ya queda poca gente más en las instancias de poder. Como asegura un dirigente de la primera época; "Del histórico 15-M no quedan ni las raspas".

El dúo en cuestión ya reconoce más en privado que en público que no sería mal resultado el 10 de noviembre perder entre quince y veinte escaños, un desastre que la verbosidad de Gentili y la pertinacia de Belarra están dispuestos a explicar en función de la traición del "muñeco diabólico" Errejón. Iglesias por ahora aparece en contadas ocasiones porque en estos días le toca amamantar de biberones a su tercer vástago. Tiene ahora mismo más presencia en Podemos el eterno defraudador Monedero, el político que descubrió precisamente a Gentili por algún lugar de Iberoamérica en una de esas tenidas rabiosamente ultraizquierdistas que han celebrado de siempre los muchachos y muchachas de Podemos. Monedero se pasea por las sedes podemitas y cada vez que habla baja un punto más la suerte electoral del partido. Su última fechoría dialéctica ha sido un miserable acometida contra el Rey de España en la televisión de los nacionalistas vascos, la ETB muerta de risa mientras Monedero largaba una procaz falacia contra Felipe VI.

Desde el Podemos-de-toda-la-vida del que se han fugado los militantes más sólidos, los distinguidos por su arquitectura intelectual, se denuncia literalmente "la absoluta falta de proyecto" que es hoy el signo letal de los neocomunistas de Iglesias. Ahí ya no existe  otra cosa que no sea un "centralismo democrático" copia de la fenecida URSS y de los bolcheviques iberoamericanos. Odian a Errejón y hacen befas sobre sus perspectivas electorales que ellos sitúan por debajo de los cinco diputados en abierta contradicción con los sondeos que prevén incluso diez escaños. A Podemos ni está, ni se le espera como protagonista de la próxima legislatura. Se está esfumando entre argentinos y psicólogos, pero sin embargo la consigna del augur Gentili es que hay tanto movimiento demoscópico desde Podemos al PSOE como al revés, o sea, que lo comido por los servido. A lo peor a Gentili, que sólo lleva en España desde enero, no le ha dado tiempo de repasar los vericuetos de la Ley d’Hont que no encierran un trasvase automático desde la izquierda a la más izquierda, o desde la derecha a la más derecha, sino que tiene más en cuenta las matemáticas, las divisiones, que la política.

Puestos a preguntar por el futuro de Iglesias, también el del dúo mencionado, si las encuestas de hoy se convierten en calamidad ciclópea dentro de un mes, justo un mes, los informantes coinciden en que ni siquiera así Iglesias abandonará el poder. Él, dicen, tiene asumido un gran papel providencialista en la seguridad de que su momento llegará, porque él está llamado a protagonizar las revoluciones del XXI no sólo en España sino en Europa entera. En este menester le ayuda sobremanera la psicóloga Belarra que trata a Iglesias más como un paciente que como un jefe. Podemos se va desflecando así y los viejos del lugar lo sentencian: "Este proyecto está acabado". Puede ser que se equivoquen porque en esta conclusión, desde luego, hay más de rencor y desprecio por el que un día fue su admirado líder, que análisis gélido de la realidad.

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