Crisis del coronavirus

Oxford revela que Alemania e Italia hicieron el triple de test que España en el peor momento del virus

Portugal ha sido la antítesis del desastre de Sánchez, con su política de pruebas a sintomáticos, asintomáticos y trabajadores esenciales

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El test rápido de coronavirus devuelto a Bioeasy por el Gobierno de Sánchez. (Foto: Bioeasy)

La información recabada por Our World In Data, la base de datos que cuenta con el respaldo de investigadores de la Oxford University, ha dejado en evidencia la falta de previsión del Gobierno de Pedro Sánchez en la compra de test de detección del coronavirus.

Es verdad que España llegó a mostrar unos datos de elaboración de test equiparables a los de otros grandes países. Pero esa verdad a medias lanzada por Sánchez incluía una gran mentira: que ese nivel se alcanzó tras pasar el momento más grave del avance del virus. Traducido: los test eran especialmente imprescindibles para aislar los focos de contagio durante el avance de las infecciones.

España empezó a elevar la realización de tests cuando ya estaba totalmente extendida la enfermedad. El resto de grandes países, por el contrario, hicieron muchos más tests que España en la fase inicial. El resultado es descriptible: España es el país con mayor tasa de mortalidad del mundo.

El nuestro ha sido uno de los países que mayores restricciones ha aplicado a toda la población y lo ha hecho sin contar con una política generalizada ni anticipada de realización de tests de detección del coronavirus.

Ha aplicado un confinamiento general con fuerte impacto en la economía, una medida no generalizada en el resto de naciones. Y lo ha tenido que hacer, precisamente, por la falta de localización de los focos de contagio a causa de no haber realizado tests a tiempo.

Datos de Our World In Data

Los datos de Our World In Data confirman esta tesis. Las cifras de tests realizados por cada mil habitantes indican cómo España comenzó muy tarde a elevar el número de pruebas si lo comparamos con otros países. Si tomamos los datos hechos públicos por el Ministerio de Sanidad, lo cierto es que el techo máximo español en realización de tests por mil habitantes se alcanzó en cerca de 0,65. Y, sin embargo, el techo de otros países superó de forma totalmente habitual el de España: Italia llegó a 1,03; Reino Unido a 0,96; Estados Unidos a 1,16; Bélgica a 1,56; o Portugal a 1,31.

Pero lo más llamativo no es el propio techo máximo, sino el momento en el que se alcanzó. La base de datos Our World in Data (OWD) refleja cómo, en el peor momento de la enfermedad, a finales de abril, España mostraba un dato de 0,21 según el Ministerio de Sanidad (día 10 ó 17 de abril) y ese 0,23 según OWD (23 de abril).

Y en esos momentos, Bélgica oscilaba entre los 0,38 y los 0,78; Italia entre 0,68 y 0,91; Francia 0,26 y 0,29; Estados Unidos 0,48 y 0,55; Portugal 0,97 y 1,31; y Alemania 0,66 y 0,59. Es decir, que no era nada extraño ver cómo el resto de países similares a España triplicaban los datos nacionales.

Los casos de Corea del Sur y Portugal

Corea del Sur, por ejemplo, no llegó a elevar a ese volumen los test, pero comenzó muy pronto a hacer pruebas a sintomáticos y asintomáticos, con lo que pronto logró el control de la epidemia. Países como España, Francia e Italia, tuvieron una respuesta lenta. Pero en especial España. Y ha acabado en cabeza del test de tasa de mortalidad mundial. Y no por casualidad.

Portugal ha sido la antítesis del desastre de Sánchez. Con su política de test, a sintomáticos y asintomáticos y a trabajadores esenciales, con un volumen de test muy elevado incrementándose de forma constante durante todo la epidemia, ha conseguido un menor número de muertos y un menor número de infectados comparado con su vecino peninsular.

España, además, junto con Francia e Italia, decidieron hacer tests sólo a los sintomáticos. Y el resultado, de nuevo, no ha sido nada beneficioso. Porque el descontrol de infinidad de focos de contagio ha golpeado a la población con dureza.

Hay que recordar, además, que mientras la OMS solicitaba test masivos a todos los países, España desaprovechó sin miramientos infinidad de posibilidades para incrementar el número de tests: la red de centros SOMMa (25 centros de investigación y 23 unidades universitarias) se ofrecieron al Gobierno para poner a disposición su capacidad de hacer, precisamente eso: test masivos de coronavirus.

El ofrecimiento coincidió con el que hizo en su momento la CRUE (rectores de las universidades españolas, con sus 76 campus). Entre todos los centros mencionados suman más de 350 laboratorios con máquinas de análisis PCR. Y todas esas instituciones juntas eran capaces de incrementar el número de test, nuestro gran punto débil en el control de la escalada y letalidad del coronavirus.

Todos ellos eran capaces de ampliar, además, los test más fiables: los PCR. El ofrecimiento fue plasmado, entre otros, por la red de Centros Severo Ochoa y las Unidades María de Maeztu, el 17 marzo de 2020. Y han permanecido en su inmensa mayoría inactivos hasta las fechas actuales.

Ese arsenal habría permitido, con bastante probabilidad, llegar a duplicar la capacidad de realizar test en aquellas fechas: los momentos iniciales de la escalada de la mortalidad.

Pero el ofrecimiento no fue atendido de inmediato por el Gobierno ni mucho menos. Y sólo en los últimos días se ha tenido en cuenta, y muy parcialmente, ese ofrecimiento de colaboración.

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