'Caso Errejón'

La juez del caso Errejón abronca a la fiscal que la recusa: «Debió cuestionar mi imparcialidad antes»

Íñigo Errejón
Íñigo Errejón

Pocas veces los documentos judiciales permiten entrever los sentimientos de la persona que los ha redactado, pero a veces hay excepciones. Y eso es lo que sucede en el último oficio de la juez que debía haber juzgado ya a Íñigo Errejón por presuntamente patear a un jubilado en Lavapiés en mayo del año pasado. OKDIARIO ha tenido acceso en exclusiva al auto judicial redactado por la magistrada del juzgado número 16 de Madrid, Margarita Varcarce, poco después de que de manera inesperada la fiscal del caso Errejón pusiera en duda su imparcialidad como juzgadora y detuviera así el juicio instantes antes de su inicio. El auto ya está en la Audiencia Provincial de Madrid y ha llegado con un rapapolvo al Ministerio Fiscal por haber hecho su trabajo tarde y mal.

No habían dado las 10 de la mañana cuando en la sala en la que estaba a punto de juzgarse a Íñigo Errejón la fiscal sorprendió a todos recusando a la juez con el manido argumento de que al haber instruido la casa judicial podría haber perdido la objetividad necesaria para juzgar al acusado. La sorpresa era triple, porque, para empezar, su mera presencia en la sala contravenía las instrucciones que la Fiscalía General del Estado, sus jefes, siguen con los juicios por delitos leves, en los que aconsejan la ausencia de fiscales. En segundo lugar, la fiscal de repente entraba en un asunto con el que ya estuvo jugueteando la defensa de Errejón meses atrás y del que él mismo desistió. Pero es que, para colmo, la fiscal esperó a que todo estuviera listo para plantear un asunto sobre el que tenía que haber pronunciado su parecer hace meses y no el día del juicio, con todos los trastornos que ello supuso.

Errejón
La juez que debía juzgar a Errejón afea el comportamiento de Fiscalía en su informe.

Es lógico que con este panorama la magistrada se retirara a su despacho y redactara inmediatamente el informe al que ha tenido acceso en exclusiva este periódico. Como alguien en la causa la considera potencialmente parcial la juez lo que tiene que hacer es elevar esa cuestión de manera inmediata al órgano superior, en este caso la Audiencia Provincial de Madrid, eso sí, dejando negro sobre blanco conceptos que no se pueden dar por sentados.

La fiscal recibió instrucciones

Para empezar, la juez recuerda que la persona que pidió su recusación, la fiscal, lo hizo en calidad de «representante del Ministerio Fiscal», el órgano que periódicamente repasa qué juicios se celebran en su jurisdicción para plantear una estrategia y que un «representante» la ejecute. Vamos, una mandada. ¿Y esto lo hace Fiscalía con todos los juicios? No, porque sería imposible, de ahí que en los casos leves se excuse su presencia. Pero mira por dónde, para el juicio de Errejón no sólo había una fiscal disponible, sino que acudió con instrucciones. La juez deja además muy claro que a la petición de la fiscal la acusación, los abogados del denunciante, se opusieron, pero es que los abogados de Errejón también podían haberse opuesto, que además concordaría con haber cesado meses atrás en su intención de recusar ellos a la juez. Pero no, Errejón dijo que se adhería a la petición de la fiscal.

Con este panorama, con todo el mundo preparado en la sala del juicio y la sala de prensa abarrotada de periodistas, Valcarce se condujo con la misma serenidad y sentido de la responsabilidad que le ha caracterizado hasta ahora, no solamente en este caso, sino en todos los que han pasado por su juzgado, así que decidió trasladar la consulta a la Audiencia. ¿Era esto acaso síntoma de que ella misma veía su imparcialidad comprometida como defiende Fiscalía? Ni de lejos, y así lo dejó reflejado en el documento que obra en poder de este periódico: «En aras a garantizar la tutela judicial, y que no exista ninguna sombra de duda sobre la imparcialidad objetiva del Juzgador, y para evitar una posible nulidad de la futura sentencia que pueda dictarse es por lo que se eleva la presente abstención». La juez ni siquiera refleja su parecer sobre su propia imparcialidad. Está tan segura de ella que decide que sean otros jueces los que se pronuncien por ella.

Sin embargo, la excelencia no tiene por qué ir reñida con el carácter, y a esta magistrada le sobra temperamento para dejarle un educado pero demoledor mensaje a Fiscalía y su actuación en su tribunal: «Cierto es que el Ministerio Público debió cuestionarse la imparcialidad de la juzgadora en el momento en que se conoció la causa que podría motivar abstención, y no al iniciar las sesiones del juicio».

Ahora será cuestión de días que la Audiencia emita su dictamen. Si les vale, Varcarce se volverá a buscar fecha para la celebración del juicio. Si no, lo que hará falta será fecha y nuevo juzgado. El abogado del denunciante, Carlos del Arco, manifestó su «sorpresa» lo que a ojos de cualquiera es un inexplicable desperdicio de tiempos y recursos. Por cierto, Errejón, el mismo que pidió primero un juicio a puerta cerrada y que luego entrara por el garaje de los juzgados- ambas peticiones denegadas-, dijo al llegar a Plaza de Castilla que deseaba dejar atrás ya «este desagradable asunto». Pues sólo tenía que haberse opuesto a lo que pidió la fiscal. El por qué no lo hizo sólo lo sabe él, igual que sólo él sabe si la noche del 2 de mayo pateó o no a un casi septuagenario en las calles de Lavapiés.

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